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Michael Biehn

Diez polvos de cine

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Vamos hoy con una de esas listas que tanto nos gustan hacer a todos de vez en cuando, y lo hacemos con una muy adecuada para combatir estos días tan fríos: Diez polvos cinematográficos a recordar, y dado que la censura se encargó durante mucho tiempo de que los actores no enseñasen carne —nota mental: hacer un post sobre diez polvos sugeridos en el cine clásico—, la cosa queda reducida a películas relativamente reciente. Como siempre ni son todas las que están, ni están todas las que son, es mi top particular, y evidentemente hay razones muy personales en la elección, que por primera vez será del agrado de todos. Sin ningún orden en concreto.

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‘Instinto básico’

La magistral película de Paul Verhoeven está llena de escenas sexuales, u algún que otro plano muy explícito que ayudó a fomentar la fama mundial del film. Pero la gracia de la película está que que Verhoven no realiza un simple muestrario de sexo, éste tiene una poderosa presencia en la trama y alcanza dimensión dramática. Un policíaco que rememora a Hitchocock y que dentro de su juego, comienza con la máxima de Cecil B. DeMille: una película debe comenzar con un terremoto y de ahí hacia arriba. Mi polvo preferido es el del inicio, de sangrienta culminación. Si eso no es atrapar al espectador, con el gran Jerry Goldsmith de fondo, no sé lo que es.

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Críticas a la carta | 'La roca' de Michael Bay

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¡Este hombre conoce nuestros mayores secretos de la última mitad de siglo! El aterrizaje alienígena en Roswell, la verdad sobre el asesinato de JFK. Mason está enfadado, es letal, es un asesino entrenado… y es la única esperanza que tenemos.

(James Womack, director del FBI)

Tarde o temprano tenía que aparecer alguna película de Michael Bay en esta sección. Y me ha tocado a mí. Pero me lo he tomado en serio, así que en lugar de hablar a partir de los recuerdos (más o menos frescos), y aprovechar este artículo simplemente para poner a parir al estadounidense, he buscado y vuelto a ver la película que habéis pedido en los comentarios de la última “crítica a la carta”, una que por cierto dura dos horas y cuarto; muy graciosos, chicos. En fin, vamos al lío. Bay, que ahora mismo está terminando la tercera entrega de ‘Transformers’ (se estrena en verano), es uno de los realizadores más taquilleros y populares de la industria norteamericana, y poco parece importar que esté también considerado como uno de los peores cineastas que existen en la actualidad. Al público, en general, le entusiasma su manera de entender este arte/negocio, quiere ver lo que Bay ofrece. Que es muy simple, pero da igual, funciona.

Michael Benjamin Bay, nacido en Los Angeles, California (un 17 de febrero de 1965, por si hay algún viajero del tiempo leyendo esto), debutó como director de largometrajes en 1995 con ‘Dos policías rebeldes’ (‘Bad Boys’), su primer éxito comercial. Solo un año después se estrenó su segunda película, al parecer, la favorita de su filmografía, ‘La roca’ (‘The Rock’), producida nuevamente por Jerry Bruckheimer y Don Simpson (a quien está dedicada la película pues falleció meses antes del estreno), y también funcionó estupendamente en taquilla. La producción, que costó en torno a 75 millones de dólares (recaudó más de 300 en todo el mundo), contaba con un reparto de lo más atractivo; Sean Connery y Nicolas Cage (en el año que ganó el Oscar por ‘Leaving Las Vegas’) como héroes y Ed Harris como principal villano. Alrededor de las tres estrellas, una buena lista de secundarios de probada competencia como John Spencer, William Forsythe, David Morse o Michael Biehn, entre otros. Hago hincapié en esto porque de no ser ellos, por los actores, ver ‘La roca’ resultaría una experiencia insufrible.

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'Abyss', el clasicismo de James Cameron

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En el excelente especial dedicado a James Cameron que mi compañero Adrián Massanet realizó en Blogdecine, éste con el buen hacer que le caracteriza, sentenció que ‘Abyss’ (‘The Abyss’, 1989) era uno de los fallidos e impersonales films de Cameron. No me deshago yo en elogios hacia la persona del director de ‘Terminator’ (‘The Terminator’, 1984) como lo hace mi compi, que piensa es uno de los mejores directores de la historia —cada vez que se lo oigo decir me parto de la risa—, señalando siempre el hecho de que se trata de uno de los mejores directores de Sci-Fi y aventuras, y con una gran capacidad para hacer creíbles los mundos que nos retrata. Da igual que sea un futuro apocalíptico en el que el futuro de la humanidad depende de unos pocos, o un grupo de marines enfrentándose al mayor terror de sus vidas en un planeta lejano, o la odisea de un barco mítico bañada con un buen número de Oscars. Cameron siempre ha logrado que nos creyésemos —al menos un servidor— lo que nos estaba contando.

Sus películas siempre han estado surtidas de lo último en avances tecnológicos. De hecho, este señor ha cambiado tres veces el curso del cine en cuanto a efectos visuales se refiere, y no por casualidad cinco de sus películas han ganado el Oscar en dicha categoría. La primera de esas veces fue en la presente ‘Abyss’, uno de sus proyectos más personales, en la que empezó a juguetear con los CGI —la famosa secuencia del tentáculo marino— para terminar de perfeccionarlo en su siguiente película, ‘Terminator 2: El día del juicio final’ (‘Terminator 2: Judgment Day’, 1991). Pero esto no convierte a Cameron en un director moderno; si algo le caracteriza es poseer una capacidad narrativa que le acerca a los clásicos. ‘Abyss’ es la prueba más evidente de ello.

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James Cameron (VII): Abismos impersonales

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Cuentan que ‘The Abyss’ es un ansiado proyecto de Cameron, que él gestó durante su adolescencia, y que una vez tuvo los medios y la libertad (propiciada la segunda por los abrumadores éxitos estéticos, y económicos, de sus dos primeras películas) no dudó en llevar a la pantalla hasta sus últimas consecuencias. Bastaría con ‘The Terminator’ y ‘Aliens’ para auparle hasta un lugar de honor dentro del género, uno de los más complejos de domeñar, de la sci-fi, pero este director tiene el defecto (o la virtud) de querer superarse aunque eso implique jugarse el todo por el todo. El resultado, que en ningún momento (salvo en ese final que analizaremos en su momento) resulta mediocre, no posee ni la personalidad, ni la concisión, ni la fuerza expresiva de sus dos primeras (y magistrales) películas.

Ahora bien, estamos hablando de un proyecto que, al menos en su concepción, en lo que significa de artefacto escenográfico y complejidad técnica, es absolutamente único. El mayor mérito de este ‘The Abyss’ radica en su carácter de aventura incomparable por el medio en que está realizada, y por las hazañas cinemáticas que incluye, más que por un conocimiento de las propias limitaciones, tanto de la historia como de la visión de la misma, o por un ensamblaje óptimo de todas las piezas. Un primer visionado, o incluso un segundo, de la película, entusiasma y puede llegar a maravillar. Pero sabiendo de lo que es capaz este hombre, tras varios visionados y casi veinte años después de su estreno, sus carencias y torpezas son mucho más evidentes.

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James Cameron (VI): La madre de todos los monstruos

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Aquí se ha venido a sufrir. Es la sensación que le asalta al espectador de ‘Aliens’ cuando, a los pocos minutos del comienzo, somos testigos de una terrible pesadilla (una de muchas, probablemente) que sufre la aguerrida Ripley, después del calvario que vivió a bordo de la Nostromo. Es tremendamente interesante que la primera secuencia en la que ella habla sea una pesadilla, aunque nosotros no lo sabemos hasta poco después. Nos traslada violentamente al momento más aterrador de la primera película, y nos pone a todos los pelos de punta. Mejor comienzo imposible. Cogiendo el toro por los cuernos, Cameron se propuso hacer mucho más que una secuela. Para él la única superviviente de la primera aventura merecía ser la razón de una secuela, y convertirse en un icono del género. Su éxito contra el alienígena fue mucho más que suerte.

Pero ahora que la teniente Ripley ha regresado a “casa”, no va a tener un recibimiento precisamente caluroso. Nadie cree su historia (lo cual es muy inteligente por parte de Cameron), y la compañía que la tenía bajo contrato prácticamente la somete a un consejo de guerra. Ella se muestra vigorosa, pero no tiene nada que hacer. La retiran su permiso de vuelo. Aún peor, ignoran sus advertencias de la criatura que conoció, y de los miles de huevos que esperan convertirse en eso. De hecho, una colonia de terraformadores (docenas de familias) se encuentra en ese planeta. Como a menudo dice Cameron, lo más importante es meter a tu personaje en el agujero más hondo imaginable, a ver cómo sale de ahí. Otorgando el protagonismo absoluto a Ripley (interpretada con grandísimo talento por Sigourney Weaver, que fue nominada al Oscar), Cameron construye su historia, una vez más, bajo el punto de vista de una mujer superlativa.

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James Cameron (III): Huir o morir

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‘The Terminator’ comienza con el infierno sobre la Tierra (seguido por unos créditos inquietantes) y termina con una tormenta negra como boca de lobo, que crepita sobre unas montañas escarpadas. Entre una y otra imagen no hay apenas espacio para la retórica, el lucimiento o el descanso. Se trata de huir o morir, sin los discursos existencialistas que adornan a la sci-fi más conocida. Las razones de que esta historia sea una cumbre del cine norteamericano de las últimas décadas, que rejuvenece a cada año, las exploraremos en este texto. Ya hemos dado algunas claves del universo oscuro de los dos terminators. Hablemos ahora del primero de ellos.

Excepcional obra maestra, muy intrincada, pero resuelta con sencillez y claridad insuperables. James Cameron deslumbra al mundo con su verdadera primera película (después de lidiar con pirañas voladoras), que afortunadamente ya para muy pocos es sólo un divertimento frenético a mayor gloria de una incipiente estrella austríaca, aunque desde luego no goza de todo el prestigio que merece. Realizada con escaso dinero (6,4 millones de dólares, una producción muy modesta aún en aquellos tiempos), pocos sabían, aquel 26 de Octubre de 1984 en que se estrenó, que nacía una leyenda. Mil veces imitada, mil veces acusada de plagio, ahí quedó esta joya.

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Michael Biehn regresa a las órdenes de James Cameron en 'Avatar'

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michael_biehn.jpg En los años 80 apareció un actor que estaba destinado a convertirse en una estrella. Me refiero a Michael Biehn, a quien vimos por vez primera en la magnífica ‘Terminator’ de James Cameron, con quien volvería a trabajar en las magistrales ‘Aliens’ y ‘Abyss’, convirtiéndose, junto al mítico Bill Paxton, en uno de los actores-fetiche del director de ‘Titanic’. Algo pasó a principios de los 90, que Biehn terminó siendo regelado a segunda fila, apareciendo en multitud de subproductos, salvando un par de apariciones en un par de películas importantes, que prácticamente no interesaban a nadie.

Ahora Biehn regresa por la puerta grande de la mano de su descubridor, ya que formará parte del reparto de ‘Avatar’, el cual por otro lado también supone el regreso de James Cameron a la dirección de films de ficción, que es lo que queremos muchos, y que se deje de tanto documental, escandaloso o no. La película, en pleno rodaje, no verá la luz hasta el 22 de Mayo del 2009. Y supone también el reencuentro de Biehn con Sigourney Weaver, más de 20 años después de haber coincidido en ‘Aliens’. Vamos, una reunión de viejos amigos.

Vía | Dark Horizons

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