
Esta semana, las dos críticas que he publicado llevan en el título la palabra “sombra”. La anterior por traducción directa del original y la que se estrena mañana porque, casi tan extendida como la de añadirle a un sustantivo un adjetivo de terminación –al, está la costumbre de poner “la sombra de…” a los thrillers. Si ‘La sombra de la traición’ (‘The Double’, 2011), de Michael Brandt, ya de por sí esconde pocos atributos que lo distingan de los demás, la traducción no le ha hecho ningún favor.
Los films de espías se construyen en general a base de diálogos extensos y complicados, a los que hay que prestar gran atención y donde todo se descubre en despachos, escuchas, trampas, etc… Se trata de cintas reflexivas de personajes en su mayoría en el ocaso, que pueden contener un mensaje apaciguador. No suele haber acción ni seguimiento de indicios, esto se reserva más a los policiacos. ‘La sombra de la traición’ hace una combinación de las dos categorías y presenta una trama de espionaje, tratada como un policial. Hay diálogos y cierta nostalgia introducida por el personaje retirado, pero se van concatenando las pistas para descubrir el caso como en un “procedimental“ de detectives. Empleo el término televisivo, “procedimental“, porque el debut de Brandt en casi todos sus aspectos, los formales por encima de otros, remite a un capítulo de serie de los que tanto abundan.




