'Mil años de oración', silencios y miradas

Para muchos de nosotros resultaba extraño que un director como Wayne Wang, firmante de obras como ‘El club de la buena estrella’ o ‘Smoke’ (que no me parece una buena película pero le reconozco aciertos), acabase en Hollywood realizando films carentes de la más mínima esencia, proyectos como ‘Sucedió en Manhattan’ o ‘Last Holiday’, que más bien parecen pensados para directores mucho menos personales, al estilo de Andy Tennant o Howard Deutch, por citar sólo dos ejemplos. ‘Mil años de oración’ es un regreso a las raíces de Wang, un caminar por senderos ya transitados por este cineasta, recuperados al parecer con la anterior ‘La princesa de Nebraska’.
‘Mil años de oración’ está filmada en Norteamérica, y es éste un marco que le viene de perlas a Wang para contar su historia. Un hombre chino se reencuentra con su hija residente en los USA tras muchos años de separación. Un reencuentro que servirá para que ambos se conozcan mejor y tengan la posibilidad de derribar las barreras generacionales que les separan, aunque para ello tengan que hacerlo en una tierra que no es la suya.


