'La última casa a la izquierda', vergonzosa apología de la venganza

La ópera prima de Wes Craven fue ‘La última casa a la izquierda’, film hiperviolento y cutre que se debía en parte a la influencia que la guerra de Vietnam estaba teniendo sobre la población estadounidense, de forma que fuera de ese contexto social el film no había por donde cogerlo y aún con sus limitados aciertos no era precisamente una cinta memorable en ningún aspecto. Pero tuvo impacto, provocado, cómo no, por una exagerada violencia, de la que Craven no volvió a echar mano a pesar de moverse casi siempre dentro de un género que rara es la vez que no la utiliza.
En estos tiempos de corrección, se vuelve a la misma historia (que ya era una reinterpretación de ‘El manantial de la doncella’ de Ingmar Bergman) para intentar actualizarla a un terreno más accesible para todo el mundo, intentando recrear una atmósfera agobiante que bien podría haber sido la representación perfecta de la maldad provocando los más bajos instintos del ser humano. Mucho intento para tan poco resultado, y encima caer en la vulgaridad de realizar una descarada y gratuita apología de la violencia, perdiéndose por el camino todas las posibilidades del relato.
