57º Festival de San Sebastián: lamentable 'Vengo de Busan', divertidísimo Gilliam

Bueno, pues esto ha llegado a su fin. Y con un sol que desmiente que nos encontremos en el norte de España en pleno otoño, pues aseguro al lector que estoy escribiendo estas líneas sudoroso y sofocado.
Cada mañana me doy un paseo por la playa de Zurriola, y echo un vistazo a las progresiones de los surfistas. Cerca hay una escuela de surf, y todos los días se pueden ver surfistas cruzando la calle, con su tabla y descalzos (con lo que debe doler). A pesar de que tiene que estar helada, a las 7:45 había un par de docenas de ellos metidos en la mar e intentando cabalgar las olas. Me gusta mucho ese deporte y aunque a veces tenga prisa siempre me quedo un rato observándoles. Fue una actividad un millón de veces más interesante que la película coreana programada para las 9:30.
A menudo uno tiene que esforzarse, exprimirse el cerebro, para imaginar qué tipo de condiciones existen para que una película sea seleccionada en San Sebastián. No ha sido una Sección Oficial a concurso especialmente atinada, y nos hemos tragado películas (aunque algunos les pongan nueves sobre diez…) directamente infumables, que atentan contra el buen gusto y el respeto a la inteligencia del espectador. Por otra parte, suele coincidir que la más espantosa es programada a la hora más temprana, con lo que se pone a prueba la paciencia del respetable.


