
Neil Marshall no es uno de esos cineastas elegantes y que se plieguen a la búsqueda del plano preciosista. Es un director honrado en sus pretensiones y cumplidor sin armar excesivo ruido. Es un tipo interesado en heroínas, en perseguidos, en supervivientes… y en ‘Centurión’, que cuenta con guión propio, sigue esa misma estela. Sin embargo, su intento de trasladar una historia de acción vestida de falso peplum en un paisaje inhóspito (aunque bello) y en plena era de dominación romana, es tan sólo una excusa para ofrecer una cinta de acción sangrienta, violenta (hasta rozar el gore) y reflexionar vagamente sobre la traición y la lealtad. En el fondo ‘Centurión’ no es más que una historia de persecución que cuando se desvía narrativamente de este cometido te deja tan helado como el paisaje donde se desarrolla la cinta.
Con un guión tan sumamente previsible poco más se podía hacer. Marshall se afana por cargar el peso de su historia sobre su protagonista, un centurión romano que sobrevive a un ataque invasor en un puesto fronterizo, y que tras escapar de las bárbaras garras del enemigo se ve involucrado en una escapada continua con un puñado de romanos. Huyendo de los pictos, unos salvajes guerreros que han conseguido detener la irrefrenable ansia de expansión romana en el frío y montañoso paisaje de la actual Escocia.







