
Mucho se espera siempre cuando Clint Eastwood se pone al frente de la realización de cualquier producción. Si se cuenta con un texto muy cinematográfico (‘El factor humano’ de John Carlin), unos actores entregados (especialmente su protagonista, verdadero artífice del film) y una experiencia dilatada y solvente, uno espera siempre lo mejor. Y lo cierto es que Eastwood demuestra en ‘Invictus’ que es un gran narrador. Construye una película bien contada de principio a fin. Aunque, parece que en esta ocasión se ablandó demasiado (la edad no debería ser la excusa tras ‘Gran Torino), y no tomó el pulso con la suficiente fuerza para imponer su estilo y profundizar en este relato sobre el cambio político y social de Sudáfrica.
Un impresionante Morgan Freeman, en uno de esos papeles que huelen a Oscar y un correcto Matt Damon, no son suficientes argumentos para alcanzar la brillantez que hasta ahora nos tenía acostumbrados Eastwood. Eso sí, la película entretiene y, en algunos momentos de brillantez, emociona.



Leo en Las Horas Perdidas, concretamente 
