
No hay amor sin sacrificio.(Princesa Yue)
El pasado fin de semana no fue sólo el de ‘Origen’ (‘Inception’), también se estrenó en España lo último de M. Night Shyamalan, otra esperada superproducción, otro “blockbuster de autor” con espectaculares efectos visuales y la misión de arrasar en taquilla, sin que por ello se pueda hablar de cine menor, pues sólo es cuestión de lo que se necesita para narrar una historia, sin dejar de lado a nadie, contando con el mayor público posible. Claro, el querer dirigirse a más personas obliga a ciertas cosas (ser más evidente y explicativo de lo deseable), pero como ha demostrado lo nuevo de Christopher Nolan, el sueño (la fantasía, el cine) puede ser aún más estremecedor y emocionante cuando lo compartes.
Desearía poder hablar bien de ‘Airbender: El último guerrero’ (‘The Last Airbender’), no por llevar la contraria a nadie (la crítica de Estados Unidos la han apaleado sin piedad alguna, como ya sabréis) sino porque creo que hay pocos directores, pocos creadores, como Shyamalan, que lo dan todo en cada obra, que se entregan tanto cuando ofrecen al público un nuevo trabajo. Y no sólo es un autor honesto y valiente, también es un gran realizador, un gran narrador, como queda patente en ‘El protegido’ (‘Unbreakable’) o ‘El bosque’ (‘The Village’). Pero quién sabe si herido de gravedad por las durísimas críticas, se está derrumbando. Ya en ‘El incidente’ (‘The Happening’) se le vio flojo, tambaleante, pero en ‘Airbender’ no puede más y se cae, se viene abajo. Y es muy triste comprobarlo.




