'La cuestión humana', demoledora y monumental obra maestra

Que el cine europeo, que tantas alegrías nos dio durante la mayor parte de los años 90, entró en un ciclo de catalepsia preocupante que ha durado más de un lustro, es algo más que evidente, y que ahora comienza de alguna forma de salir del agujero creativo y de identidad en el que se sumergió, también. A películas interesantes pero menores como ‘Good Bye, Lenin’, y otras del mismo corte, ahora la sustituyen obras mayores como ‘La vida de los otros’ o ‘El hundimiento’, desde Alemania, y ‘Las horas del verano’ y la impresionante, majestuosa, solemne, inclasificable ‘La cuestión humana’, desde Francia.
No tengo la menor duda, y menos aún después de observar cómo un tercio de los espectadores que compartían sesión conmigo en el cine iban abandonando la sala, de que si establezco comparaciones entre ‘La cuestión humana’ y otras parábolas sobre el poder como ‘Apocalypse Now’ (Coppola, 1979) o ‘Ciudadano Kane’ (Welles, 1941), muchos lectores pensarán que soy un snob, o un elitista. Pero así lo pienso. Pues ‘La cuestión humana’, es no sólo la más grande película europea en varios, o muchos años, sino una disección del poder empresarial de una lucidez que asusta.
