'Margot y la Boda', a sufrir

No hay nada como un buen drama para sufrir, para olvidarse de las tristezas personales el regodearse en las de los demás es lo mejor que hay. Evidentemente hablo de cine, y una buena película siempre supone una válvula de escape. El problema es que muchas veces dicha válvula o no funciona bien, o la han cerrado intencionadamente, con lo que el suplicio puede ser todavía peor. Que el cine se hizo para evadirse, además de para pensar, reflexionar, debatir, es una verdad como un templo, y digo esto pensando que al arte es siempre lo primero.
Cuando vi ‘Una Historia de Brooklyn’, presentía que Noah Baumbach podría ser un artista, pues a pesar de ser una película irregular, sobre todo porque no está bien concluida, el director sabía manejar a sus personajes a través de una puesta en escena estimable. Hacía prever, como tantos otros, que si seguía por ese camino sus siguientes trabajos iban a llamar poderosamente la atención. Una vez más, y a pesar de su reparto, una película a priori interesante pasea por las carteleras con la más grande de las indiferencias, nos llega tarde y ni Dios la conoce.



Ambientada en Brooklyn en 1986, ‘