Clint Eastwood: La Malpaso y dos errores

En Malpaso no necesitamos un equipo de veintiséis personas y una oficina preciosa. Con un pack de media docena de cervezas, papel y bolígrafos ya podemos trabajar
Toda una declaración de principios por parte de Clint Eastwood, quien en 1968 se atrevió a fundar su propia productora, siguiendo un poco la estela de otros actores o actrices que hicieron lo mismo (como es el caso de Burt Lancaster e Ida Lupino). Con esto, el protagonista de la trilogía de Sergio Leone, que fue un rotundo éxito en todo el mundo, quería desenmarcarse de las grandes productoras y sus métodos de trabajo, que casi siempre beneficiaban a estrellas con serios problemas de ego, o a jóvenes productores ansiosos de meter sus narices en un negocio que les quedaba demasiado grande por falta de conocimientos artísticos, queriendo controlarlo todo.
Poniéndole el nombre de unas tierras que poseía en California, y a pesar de que parecía un mal augurio por el mismo (existen varias bromas al respecto de la compañía de Eastwood, como la de algún amigo que le dijo “vas a dar un mal paso”), el director de ‘Sin perdón’ se lanzó de forma independiente a producir (siempre en asociación con una gran distribuidora) sus futuros proyectos con un control que no hubiera poseído en caso de trabajar para una major. Con la idea de trabajar siempre, en la medida de lo posible, con el mismo equipo de técnicos, Eastwood se lanzó a la aventura de ser él mismo quien tomase las decisiones en los proyectos en los que interviniese, sin ningún tipo de estorbo.
El 2009 acaba de empezar, y ya tenemos que lamentar la desaparición de personalidades del cine. El nombre de Pat Hingle probablemente no le dirá nada a las nuevas generaciones, pero hablamos de uno de los mejores secundarios del cine norteamericano. Su rostro os puede resultar muy familiar, sobre todo por haber dado vida al teniente Gordon en la saga de Batman, antes de que llegase Gary Oldman a coger el testigo en la etapa Nolan.