
Parece que este año se han empeñado en dar sorpresas en la 66ª edición de la Mostra de Venecia. Acaban de hacer público que el veterano Sylvester Stallone recibirá un galardón honorífico, en concreto el Premio Gloria Jaeger-LeCoultre, como reconocimiento a su dimensión como cineasta. Puede parecer, a primera vista, una arriesgada decisión o una elección muy a la ligera, por el carácter y el tipo de cine que Stallone ha brindado a lo largo de los años, pero en realidad me parece muy acertado por varias razones.
Como bien argumenta Refo en su blog, este premio (de reciente creación en el prestigioso festival) puede molestar a muchos, pero genera satisfacción entre los que hemos vivido buenos e inolvidables momentos cinematográficos a lo largo de años. No es tanto el grato recuerdo nostálgico del pasado, es una alegría por aportar personajes, que por mucho que nos pese, son leyenda del cine: Rocky Balboa o Rambo. Y tampoco hay que olvidar que siempre se esforzó (y lo sigue haciendo, como pronto podremos comprobar) en tareas de producción, escritura y, en definitiva, en todo lo que un cineasta puede hacer para defender su personal tipo de cine.


