La transformación del cine norteamericano en los años 90

Sí, el cine norteamericano ha cambiado. Y bajo mi punto de vista para mejor. Que no se quede el lector con cara de pasmo, porque pienso razonarlo, y a lo mejor más de uno, al terminar, me da la razón. Quién sabe, a lo mejor más de diez lectores. Echando un vistazo a las propias categorías de este blog, veo que no hay ninguna disponible que rece “cine norteamericano”, y sí otras que son “cine asiático”, o “cine europeo”. Nos pasamos la vida hablando de las películas norteamericanas. Yo mismo, aunque preferiría hablar también de otras cinematografías, he centrado mis esfuerzos en análisis de las carreras de James Cameron, David Fincher y actualmente Francis Ford Coppola.
También nos pasamos media vida quejándonos del cine que viene de Estados Unidos, por su zafiedad, su comercialidad, su infantilismo. Vale, todo eso es cierto, pero el cine norteamericano sigue estando entre los mejores del mundo. Ahora bien, yo me refiero, claro está, a su “cine de autor” (ese que por fin muestra desnudos, violencia descarnada, sexo perturbador a veces, pero de todo eso hablaremos en un futuro post). Porque si nos referimos a su cine industrial, no pienso discutirle a nadie que muy poco de él se puede salvar (aunque lo hay salvable, e incluso brillante), y de que el cine industrial de la llamada “edad de oro” de Hollywood era, en ese sentido, muy superior al actual, realizado por artesanos mucho más talentosos, con productores (el quiz de la cuestión, sin duda) mucho más audaces, y con un respeto por el espectador mucho mayor.







