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		<title>Magazine - que-bello-es-vivir</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>2012-05-26 00:49:32</pubDate>

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      <title><![CDATA['¡Qué bello es vivir!', una obra de arte inmortal]]></title>
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      <pubDate>Wed, 22 Sep 2010 14:35:13 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image34881" src="http://img.blogdecine.com/2010/09/900_its_a_wonderful_life_c_blu-ray1y_650.jpg" class="centro" alt="900_its_a_wonderful_life_c_blu-ray1y.jpg" /></p>

	<p><blockquote>&#8220;¡Quiero volver a vivir!...¡quiero volver a vivir!...quiero volver a vivir&#8221;</blockquote></p>

	<p>-George Bailey (James Stewart)</p>

	<p>Como hoy sale a la venta <strong>&#8216;Juan Nadie&#8217;</strong> (&#8216;Meet John Doe&#8217;, 1941), en una estupenda edición que hace justicia a semejante obra maestra, no me he podido resistir a hacer un repaso, estos últimos días, a la legendaria carrera del director norteamericano, de origen siciliano, <strong>Frank Capra</strong> (1897-1991), uno de esos directores que hicieron grande el cine americano de los años treinta y cuarenta, cuya formación es prácticamente autodidacta, un verdadero aventurero enamorado de las películas, que seguramente hizo su obra cumbre con <strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong> (&#8216;It&#8217;s a Wonderful Life!&#8217;, 1946), un título que en su día conoció un relativo fracaso en taquilla, y que todavía hoy está considerada como el perfecto cuento navideño, un clásico “bonito” y “entrañable”, la película perfecta para pasar en televisión a final de año, cuando en realidad es mucho, mucho más: un implacable retrato de un perdedor nato, un relato existencialista estremecedor, una obra de arte.</p>

	<p>También es reduccionista aplicar el concepto del “New Deal” de Franklin Delano Roosevelt a las películas que Capra realizó a partir de 1936, empezando con <strong>&#8216;El secreto de vivir&#8217;</strong> (&#8216;Mr. Deeds Goes to Washington&#8217;) y terminando precisamente con esta película, que significaría el icono de ciertos valores tradicionales norteamericanos, de una cierta moral y de un cierto estilo de vida, cuando en realidad para Capra el retrato del hombre común y honesto de la América Profunda no es más que un punto de partida con el que cristalizar todos los temas que hasta ese momento han constituido su filmografía, formalizados aquí de una forma mucho más elaborada y perfecta, y llegando más allá, construyendo un relato fantasmagórico en su tramo final, lúcida reflexión del desastre de país, desde el crack del 29 hasta la Segunda Guerra Mundial, en que se estaba convirtiendo Estados Unidos, cuyas mejores personas, como el propio protagonista de la historia, se ponen de rodillas ante la desesperación para no levantarse jamás&#8230;sino fuera por algunos ángeles guardianes.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Había depositadas bastantes esperanzas comerciales en este proyecto, y cuando no dio demasiado dinero, y la crítica, en su mayoría, la despachó como una película de buenas intenciones pero sin mucho interés, quedó algo olvidada durante algún tiempo. ¿Cómo a iba a imaginar el propio Capra que, bastantes años más tarde, el filme iba a convertirse en todo un icono de la historia del cine, y en una de las películas que más veces, y con más éxito, se pasaban por televisión? Para él era un orgullo lo que le pasó a su criatura, pero llegó a declarar que no la consideraba una historia navideña, simplemente la historia de un hombre que debía creer en sí mismo. Fueron construidos para su rodaje algunos de los más grandes decorados de la época. Todo Bedford Falls es un decorado inmenso, salvo muy pocas escenas en verdaderos exteriores. La nieve, de importancia capital, fue creada artificialmente. Noventa días de fotografía principal que <strong>James Stewart</strong> recordaba entre los mejores de su vida.</p>

	<p><img id="image34882" src="http://img.blogdecine.com/2010/09/wonderful1_650.jpg" class="centro" alt="wonderful1.jpg" /></p>

<h2>Los pétalos de Susie</h2>

	<p>Liberty Films Presents&#8230;Frank Capra&#8217;s &#8216;Its a Wonderful Life&#8217;. Una serie de rezos y súplicas elevadas al cielo, que también son pensamientos, reflexiones y preocupaciones acerca de un hombre en particular, George Bailey, terminan llegando a Dios, una enorme estrella en el cielo nocturno&#8230;que al hablar con Joseph (San José) se ilumina. No se sabe cómo, nos estamos creyendo que es posible representar a Dios en una película. Pero no hay ni rastro de una sensación religiosa de ninguna clase, sólo la representación de un mundo más allá del nuestro, de una verdad espiritual que nada tiene que ver con el catolicismo, o con alguna otra forma de sectarismo. De pronto el cine puede elevar su mirada al universo. Dios manda a un ángel algo atolondrado, llamado Clarence (inolvidable <strong>Henry Travers</strong>) a echarle una mano a George, pero primero debe ponerle la película de la vida de George, porque &#8216;¡Qué bello es vivir!” es una película sobre el cine, sobre todo. Y como Clarence todavía no se ha ganado las alas, la imagen del primer episodio de la película está desenfocada, pero con la ayuda de Joseph puede enfocar mejor, e incluso parar la imagen para observar a George detenidamente.</p>

	<p>Siendo, por tanto, una película conformada por episodios, al menos hasta que Clarence baja a la Tierra, estos episodios son grandes secuencias o bloques temáticos absolutamente imprescindibles en la historia. Nada sobra y nada falta. Y cada bloque secuencial es el mejor de la película, el más importante. Todos esos eventos son cruciales para conocer a Bailey y para darnos cuenta de lo importante que ha sido su vida para todos los que le rodeaban, por mucho que él ahora quiera suicidarse al no encontrar sentido a su existencia. Esto es el cine: <strong>elegir los momentos más valiosos</strong>, por una razón u otra, en la vida de los personajes. Así, obtenemos una docena de esféricos bloques dramáticos que se rozan unos con otros en progresión imparable, la materia exprimida por el director de una vida entera, que es la sensación que tenemos los espectadores, la de asistir a una vida completa, sin aristas ni lagunas, sin artificiosidades ni falsedades de ficción, con el hombre común, luchador pero extraviado, como principio y final de la puesta en escena.</p>

	<p>George se sacrifica varias veces por su hermano, a quien ama, y se resigna a una vida gris en la empresa ruinosa que heredó de su padre, una empresa que, da la casualidad, es la única que echa un cable a los más desfavorecidos de la sociedad, a los asalariados con más problemas para salir adelante. George es un héroe a su pesar, nunca de forma <del datetime="2010-09-22T23:57:48+00:00">voluntaria</del> vehemente. Ahí radica la grandeza de este personaje, pues<strong> Bailey no tiene madera de mártir sacrificado</strong>, al estilo de un Jesucristo terrenal. Si fuera por él, hacía mucho tiempo que se hubiera ido a explorar países exóticos, a conocer a mujeres excitantes que en nada se parecieran a las de su pueblo (a Mary no le gustan los cocos&#8230;) y en definitiva a vivir una vida de aventurero sin preocupaciones y sin ataduras. George decide quedarse por su padre, por su hermano y luego por sus vecinos. Su sacrificio es voluntario, ni forzado ni genético ni azaroso. Mientras se queda en ese pueblo mohoso, como él lo llama, ve a sus amigos triunfar en la vida, hacer mucho dinero, vivir en Nueva York o en Europa, y George primero llega a la adultez y luego a la madurez sintiéndose el mayor fracasado del mundo.</p>

	<p><img id="image34883" src="http://img.blogdecine.com/2010/09/wonderful2_650.jpg" class="centro" alt="wonderful2.jpg" /></p>

	<p>Nadie podía haber interpretado a George Bailey con la fuerza, la verdad y la belleza con la que Jimmy Stewart lo interpreta. Él es, sin duda, Bailey. La naturalidad y la sencillez con la que se hace con el personaje son asombrosas. Secuencias como la siguiente a la que comprende que por fin la empresa se va a hundir, por culpa de su tío Billy (alucinante <strong>Thomas Mitchell</strong>), con el inmenso cabreo que le provoca la Navidad en un momento tan terrible, sólo son accesibles para actores superdotados. Su némesis, el infame Henry Potter (un sensacional, casi bíblico, <strong>Lionel Barrymore</strong>), será la oscuridad corporeizada en bancos, en multinacionales voraces, en capitalismo feroz. Frente a él, George se opone con humildad, incapaz de venderse al dinero, pero por ello condenado a una existencia a menudo precaria. Capra narra este descenso a la vida común con un ascetismo y una sencillez de gran calado psicológico y emocional, quizá porque sabe que la vida es más poética y más bella de lo que los retóricos puedan imaginar.</p>

	<p>Con un grupo de actores formidable (que no se me olvide nombrar a <strong>Gloria Grahame, a Ward Bond, a Donna Reed</strong>), con la sentida y sutil música de Dimitri Tiomkin, con un excelente blanco y negro de Joseph F. Biroc y Joseph Walker, Capra (que había estado filmando en la Segunda Guerra Mundial, como su amigo <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/directores/john-ford">John Ford</a>, quien tanto le admiraba) da lo mejor de sí mismo, que es mucho, en el tramo final, en el que el deseo de Bailey se ve cumplido, y transformado en kafkiana pesadilla. Es uno de los mejores climax de la historia del cine: Bailey comprobando cómo su vida, al igual que la vida de todos, afecta a todas las vidas que rozaron, y siempre de forma positiva, aunque observar a sus seres queridos incapaces de recordarle sea un duro trago para él. Menos mal que el ángel Clarence añade un poco de humor negro, porque es un bloque durísimo, descorazonador. Bailey pide no haber nacido nunca, y deja de nevar, deja de sangrar, nadie le conoció jamás, el pueblo se convirtió en un burdel lleno de tiburones, su mujer es una solterona que se asusta al verle&#8230;y los pétalos de la flor de Susie que guardó en su bolsillo ya no existen. Con esta bestial metáfora, como otra dimensión de la realidad, Capra narra la más terrible y luminosa historia jamás contada.</p>

<h2>¿La mejor película de todos los tiempos?</h2>

	<p>Puede haberse visto &#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217; cien veces, que a la ciento uno podemos seguir descubriendo cosas nuevas y hermosas. Esta historia demuestra que todos estamos conectados, que existimos por una buena razón y que la vida, aunque tenga un sentido seguramente oculto e indescifrable, tiene un propósito no individual, sino común y colectivo. Que no estamos solos ni aunque queramos, y que todo sucede por una razón. Cine grandísimo, en definitiva, catártico, humano y de un lirismo sobrecogedor. Aquí todo tiene sentido, desde la cortinilla con la que pasamos a George corriendo al puente para gritar que quiere volver a vivir, hasta la nieve que vuelve a caer. &#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217; es un amigo fiel, un compañero de tristezas, y un milagro.</p>

	<p><img id="image34884" src="http://img.blogdecine.com/2010/09/wonderful10_650.jpg" class="centro" alt="wonderful10.jpg" /></p>

	<p><strong>En Blogdecine:</strong></p>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/criticas/que-bello-es-vivir-que-maravilloso-es-el-cine">&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;, ¡qué maravilloso es el cine!</a> (por Juan Luis Caviaro)</li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['¡Qué bello es vivir!', ¡qué maravilloso es el cine!]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/que-bello-es-vivir-que-maravilloso-es-el-cine</link>
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      <pubDate>Sun, 04 Jan 2009 07:00:00 +0000</pubDate>

      <author>Juan Luis Caviaro</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image23374" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/quebello-vivir.jpg" class="centro" alt="vivir" /></p>

	<p>Solía estar en la programación televisiva todos los años. Recuerdo que en alguno incluso la emitieron más de un día (cuando el cine tenía más valor en televisión). <strong>&#8216;Qué bello es vivir&#8217;</strong>, <em>&#8216;It´s a Wonderful Life&#8217;</em> (1946), es una maravillosa película que resulta ideal para estas fechas navideñas. Un tiempo de calor hogareño y frío en las calles, de ver a la familia, de regalos, de dulces, de buenos propósitos para el año próximo, de muchos abrazos y besos. Es tiempo, en teoría, de ser un poco más humanos, de ser mejores personas.</p>

	<p>Digo esto mientras una vocecilla en mi cabeza estalla en risas. Es la voz de la conciencia cínica y pesimista, realista incluso podría decir, que creo que pertenece a un grillito invisible que &#8220;adopté&#8221; en mi niñez. El mundo no pasa precisamente por un buen momento, no hay más que mirar las noticias (increíble lo que está pasando en cierta zona del mundo; cifras, cifras y más cifras, y lo peor es que se justifican). Pero una cosa es la vida y otra el cine. En el cine, todo es posible, incluso creer en la bondad innata del ser humano. De ahí que <strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong>, sea, en mi opinión, tan valiosa.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Es increíble lo que puede llegar a conseguir una buena película (nota mental, recuperar &#8216;La rosa púrpura del Cairo&#8217;). Y si la ha dirigido un señor llamado <strong>Frank Capra</strong>, los efectos pueden ser aun más poderosos. Mágicos. Porque magia, para mí es lo que tienen películas como <a href="http://www.blogdecine.com/2007/10/30-sucedio-una-noche-delicioso-milagro-cinematografico">&#8216;Sucedió una noche&#8217;</a>, &#8216;Vive como quieras&#8217;, &#8216;Un gángster para un milagro&#8217; o esta <strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong>, una de mis películas favoritas desde que la vi de niño. Con el paso del tiempo la habré visto unas siete u ocho veces (digo de principio a fin) y siempre la disfruto, nunca pienso que he tenido suficiente. Quizá porque la historia de George Bailey me resulta fascinante, mucho más rica de lo que parece a simple vista.</p>

	<p><img id="image23375" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/stewart-bailey.jpg" class="centro" alt="bailey" /></p>

	<p>George Bailey, interpretado por un <strong>James Stewart</strong> inmenso, se nos presenta como un soñador encerrado en una vida miserable. Un hombre que desea, ante todo, recorrer el mundo, pero que por diferentes razones siempre debe quedarse en su pequeño pueblo. A lo largo de la película, Bailey deberá renunciar a sus sueños por el bien de los demás, irá perdiendo la ilusión y, por (pen)último, decidirá que su vida no merece la pena, que mejor muerto y que su familia cobre el dinero del seguro. Cuando está a punto de tirarse por un puente, un extraño viejecillo surgido de la nada lo hará antes que él. Bailey le salvará y será el protagonista de otra historia: la vida sin él.</p>

	<p><strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong> comienza de forma curiosa. Tras las plegarias de unos ciudadanos, dos astros de luces parpadeantes conversan en lo alto del firmamento. Uno de ellos tiene una misión para el otro, salvar a un ser humano en concreto. ¿Quién? George Bailey. ¿Y quién es ése? A contestar esa pregunta dedica todo el comienzo el genial Capra, a presentarnos al protagonista, su niñez, juventud y madurez, con el propósito de que estemos en el mismo sitio que ese ente que bajará de los cielos. Desde el principio de esa narración, del pasado y presente de Bailey, esta extraordinaria pieza cinematográfica nos atrapa y nos cautiva.</p>

	<p>Confieso que no hay otra película que me emocione tan fácilmente como ésta. Y es desde la parte de la infancia cuando no puedo evitar emocionarme. Hay una gran cantidad de momentos memorables, tanto dramáticos como cómicos. Una de mis secuencias favoritas es la que sucede en la tienda donde trabaja el pequeño Bailey, quien descubre el dolor del dueño de la misma (al que da vida <strong>H.B. Warner</strong>) al recibir la noticia de la muerte de su hijo. El chico se da cuenta que el hombre se ha equivocado con una receta y le desobedece; éste, cegado por la reciente pérdida, golpea al pequeño hasta que descubre la verdad. Casualmente, Bailey vuelve a resultar herido en el mismo oído que le había dejado sordo un incidente anterior; salvó a su hermano cuando ambos jugaban en una zona helada. Por cierto, esta misma sordera será objeto de otra gran escena, cuando el amor de su vida, aun niña, le confiesa secretamente sus sentimientos.</p>

	<p>Como he dicho, la película está llena de momentos mágicos. Todo lo que gira en torno al enamoramiento de Bailey es divertidísimo, de lo mejor de Capra en el terreno de la comedia. Puestos a elegir, me quedo con la visita del protagonista a la casa de Mary (<strong>Donna Reed</strong>), confuso ante lo que empieza a sentir por ella y sorprendido por el desparpajo de la joven. Memorable también, por supuesto, todo lo que gira en torno al &#8220;¿quieres la Luna?&#8221;. Bailey, de nuevo, se muestra como un hombre de sueños imposibles. En el lado opuesto, su mujer, una persona realista que sólo desea ser feliz junto a su amado. Restaurada la vieja casa donde el chico siempre tiraba piedras, formarán una numerosa familia.</p>

	<p><img id="image23376" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/barrymore-stewart.jpg" class="centro" alt="barrymore" /></p>

	<p>En las películas de Capra, el dinero y la felicidad están separados. Formaba parte de la filosofía personal del cineasta, que trasladó a su cine, plasmándose normalmente en forma de dos personajes: uno rico, amargado, y otro pobre, feliz. En <strong>&#8216;Qué bello es vivir&#8217;</strong>, el pobre era el padre de George, que tras morir, deja su puesto a George. El rico es el señor Potter, prácticamente el dueño de todo el pueblo; le da vida el fantástico <strong>Lionel Barrymore</strong>, dando muestra de su calidad como actor al encargarse de un papel totalmente opuesto al que había interpretado en otra de las obras maestras de Capra, &#8216;Vive como quieras&#8217;. El enfrentamiento de personalidades y formas de vida entre ambos llegará a un punto crítico cuando el viejo, en uno de sus actos despreciables, roba un dinero fundamental para Bailey, quien se encuentra entonces en la más absoluta miseria.</p>

	<p>La desesperación lleva al protagonista al borde del suicidio. Es entonces cuando entra en escena la personificación del ángel, encarnado por <strong>Henry Travers</strong>, y cuando comienza la lección de vida para Bailey. De pronto, se encuentra con un mundo donde él no ha nacido, donde nadie ha recibido su ayuda ni su amor. El panorama se revela como una auténtica pesadilla, logrando que Bailey, aterrado, desee con todo su corazón volver a vivir como antes, deseo que, evidentemente, le es concedido. Al volver a casa, a su amado y cálido hogar, le espera un pequeño gran milagro&#8230;</p>

	<p><img id="image23377" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/stewart-suicidio.jpg" class="centro" alt="stewart" /></p>

	<p>Podría decirse, a pesar del desenlace, que la película es realmente pesimista, en el sentido en el que Bailey, al final, debe conformarse con lo que tiene, abandonando todo por lo que soñaba, y aceptando la vida que antes menospreciaba. En mi opinión, esto no es una interpretación acorde con lo que sucede ni con el espíritu de <strong>Frank Capra</strong>. Para mí, Bailey descubre lo que verdaderamente importa y se da cuenta que había equivocado sus prioridades. Que realmente, su vida ha sido valiosa y que tiene todo lo que podría desearse, una familia que le ama y un pueblo lleno de amigos, agradecidos y dispuestos a ayudarle cuando lo necesite. En definitiva, ha vivido, y tiene tiempo por delante para seguir haciéndolo, feliz y plenamente.</p>

	<p>A pesar de la extraordinaria calidad de la película, <strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong> no fue un éxito hasta un tiempo después de su estreno. Tras un relativo fracaso en los Oscars (fue nominada en 5 categorías, incluyendo mejor película, director y actor, pero se fue de vacío), la obra de <strong>Frank Capra</strong>, como el propio protagonista de la misma, podría haber acabado su carrera injustamente. Un error administrativo convirtió la película en dominio público y las televisiones, siempre dispuestas a ahorrar gastos, la proyectan con asiduidad. La audiencia la ve una y otra vez, encantada, alzándola como una de las mejores que han visto nunca. La película logra por fin el merecido éxito, como Bailey, gracias al apoyo popular.</p>

	<p>Para mí, <strong>&#8216;¡Qué bello es vivir!&#8217;</strong> es una de esas películas que hace amar el cine y, quizá lo mejor de todo, la misma vida. Es un ejemplo perfecto de cómo el séptimo arte puede lograr afectar la realidad que está más allá de la pantalla, de cómo la ficción puede transformarnos; aunque sea sólo para abrirnos un poco los ojos. En este caso, alegrando y reconfortando, permitiendo descubrir que nunca es tarde, ni todo está perdido, si tienes cerca a gente que te quiere. Y todo con una ración de cine. <strong>Obra maestra</strong>, de las de verdad, de las de siempre, que nunca pasan de moda.</p>

	<p><img id="image22330" src="http://www.blogdecine.com/images/2008/11/5.jpg" class="centro" alt="5" /></p>      ]]></description>
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