
Soy pobre, negra. Puede que sea fea. Pero, por Dios, estoy aquí. ¡Estoy aquí!
- Celie
A la película más desatada, más frenética y trepidante de Spielberg, le sigue, con pocos meses de diferencia, un largometraje que inaugura el escaso ramillete de títulos que algunos han venido a llamar las “cintas serias” de un director que ya era, a mediados de la década de los ochenta, el más famoso del mundo, pero que quería obtener un prestigio que muchos dudaban que pudiera llegar a obtener. Y que otros muchos, aún hoy, le niegan sistemáticamente.
Es decir, que tras la locura, el cómic barroco de ‘El templo maldito’, Spielberg decide adaptar la novela ganadora del premio Pulitzer, escrita por Alice Walker pocos años antes. Por primera vez en varios proyectos (y la única desde entonces), Spielberg no contaría con John Williams para hacer la música, sino que echaría mano de Quincy Jones. Y por primera vez su admiración e influencia por John Ford sería obvia y apasionada.


