'Underworld: La rebelión de los licántropos', continuando la saga a golpe de espada

Dos cosas llaman profundamente la atención de ‘Underworld: La rebelión de los licántropos’. Una es su actor protagonista, un Michael Sheen multivitaminado y con trabajado torso y la otra es el pobre intento de explorar el origen de la lucha entre vampiros y hombres lobo que hemos visto en las dos entregas anteriores de la saga.
El galés Sheen sorprende que siendo un actor en alza, visto recientemente y con un soberbio trabajo en ‘El desafío: Frost contra Nixon’, vuelva a participar en esta saga y haciendo de fornido Lucian, o de hombre lobo rebelde en plan Espartaco. Su esfuerzo por aportar al personaje algún matiz interpretativo que lo destaque queda diluida por las escasas posibilidades de un papel plano y arquetípico, con algunos diálogos del todo absurdos.
Y por otra parte, la excusa para la existencia de esta tercera entrega es la de explicar a los millones de fans de la saga, el origen de los enfrentamientos entre dos razas odiadas. Un viaje al pasado, al tiempo de los castillos y las espadas, que intenta dar la clave para entender la eterna disputa entre ambos. Sin embargo, esta inmersión en el pasado de ambientación gótica y con el mismo cromatismo oscuro y azulado que han caracterizado las entregas de ‘Underworld’, es tan simple, que apenas queda dilucidada en los primeros minutos.






