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		<title>Blogdecine</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 11:45:20 +0000</pubDate>

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      <title><![CDATA[Sam Peckinpah: 'Mayor Dundee']]></title>
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      <pubDate>Thu, 20 Aug 2009 20:25:52 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image27647" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundeee-1.jpg" class="centro" alt="mayor-dundeee-1.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> se convirtió en la odisea más grande por la que pasó <strong>Sam Peckinpah</strong>, y probablemente todos los que intervinieron en ella. A lo largo de los años, actores como <strong>Charlton Heston</strong>, <strong>L.Q. Jones</strong> o <strong>James Coburn</strong> hablaron y hablaron de lo que supuso para ellos la experiencia y cómo veían a Peckinpah, quien se ganó en el rodaje de esta película la mala fama que le acompañó hasta su muerte. Exigente como pocos, montaba en cólera si alguien le llevaba la contraria y disfrutaba despidiendo a gente todos los días.</p>

	<p>Tras &#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;, cuyo prestigio estaba subiendo como la espuma, Peckinpah mostró especial interés por un guión escrito por <strong>Harry Julian Fink</strong> (futuro guionista de <a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/clint-eastwood-harry-el-sucio">&#8216;Harry el sucio&#8217;</a>), del que el director hizo su habitual reescritura, acompañado por <strong>Oscar Saul</strong>. El libreto original tenía demasiadas historias juntas sin centrarse en una concreta, demasiados tonos, demasiadas cosas. Peckinpah lo arregló poniendo como base principal el personaje del Mayor Dundee, adentrándose en sus personales obsesiones y aspiraciones.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El productor <strong>Jerry Bresler</strong> presionó duramente a Peckinpah, pues en la <strong>Columbia</strong> querían una película de aventuras que narrase la lucha entre soldados e indios, cuyo presupuesto estaba estimado en 3 millones de dólares. Al final <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> costó un millón y medio más, pasándose bastantes días en el tiempo de rodaje previsto. Pero antes de que Peckinpah y los productores empezasen a pelearse por el resultado final, el director recibió en México los máximos premios cinematográficos entregados allí por su labor en &#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;, lo que provocó una juerga de órdago, una de las muchas que Peckinpah solía correrse. Un oasis en mitad del infierno que supuso el rodaje del western que hoy nos ocupa, cuya mutilación en la sala de montaje por parte de la <strong>Columbia</strong>, fue arreglado hace pocos años, y eso sin disponer de todo el material que Peckinpah rodó.</p>

	<p><img id="image27649" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundee-2.jpg" class="centro" alt="mayor-dundee-2.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> narra la historia de un veterano oficial de la Unión que forma un grupo con soldados de su ejército, rebeldes, antiguos esclavos y delincuentes, para perseguir a Apaches asesinos, encontrándose en el camino con más adversidades de las esperadas. Además de tener que soportar un viaje largo y angosto, los hombres tendrán que lidiar con sus propias diferencias si quieren tener éxito. Este elemento logra dotar al relato de una gran tensión, con especial intensidad en los momentos de discrepancia dentro del grupo.</p>

	<p>Al igual que en su anterior film, Peckinpah enfrenta a dos personajes, antaño amigos, con distintos intereses pero encontrando un lugar común en el respeto por las viejas tradiciones sobre el respeto. <strong>Charlton Heston</strong> y <strong>Richard Harris</strong> dan vida a Amos Dundee y Benjamin Tyreen, en un duelo interpretativo antológico, de perfecta compenetración, aunque en cierto momento el film se centra completamente en el personaje del título, dando oportunidad a Heston de lucirse en todo un <em>tour de force</em>, parte que fue suprimida en su primer montaje, el que durante demasiado tiempo padeció el film. En la restauración se recuperó, y el film gana y pierde a la vez, para sorpresa del que suscribe. Por un lado el dibujo psicológico de Dundee logra que entendamos sus motivaciones hasta un punto en el que antes ni podríamos imaginar. Pero al mismo tiempo el ritmo del film se resiente. Y es que si de algo peca <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> es de cierta inestabilidad en su historia, queriendo abarcar demasiadas cosas.</p>

	<p>Nunca sabremos qué película era la que al principio dejó diseñada Peckinpah, duraba dos horas y 35 minutos, pero con esta restauración, que alcanza los 140 minutos, nos acercamos bastante a sus intenciones (él siempre sostuvo que <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> podría haber sido su mejor trabajo). El film mejora en su dimensión trágica, y la descarnada violencia de sus secuencias golpea al espectador que asiste temeroso a una misión de búsqueda que va más allá de lo personal. La mirada crepuscular de Peckinpah, su tratamiento de los personajes femeninos (el central ideado exclusivamente para <strong>Senta Berger</strong>, pensado en las posibilidades internacionales del film, es presentada como una bella mujer pero que juega a sus anchas con Dundee y Tyreen, una <em>puta</em> más que añadir al listado de Peckinpah, experto putero en la vida real, y por ello en la ficticia), el uso de la violencia (recortada, cómo no, en su primer montaje) y el mimo de los personajes, son elementos más que suficientes para disfrutar de una obra no perfecta pero apasionante.</p>

	<p><img id="image27650" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundee-3.jpg" class="centro" alt="mayor-dundee-3.jpg" /></p>

	<p>Los actores, excelentemente dirigidos por Peckinpah, brindan interpretaciones de primer orden. <strong>Charlton Heston</strong> compone aquí uno de sus personajes más memorables, muy en su línea (Heston gozaba dando vida a sujetos atormentados), pero con una diferencia bien visible, y es que el director logró que Heston se olvidase por completo de una de sus principales manías como actor: la de estar posando en cada plano. La relación entre el actor y Peckinpah fue cordial dentro de lo que cabe esperar del director. Éste le metía mucha caña a Heston, y en cierta ocasión en la que le obligó a repetir una escena mientras le insultaba, Heston en un ataque de rabia cargó con su caballo, sable en mano, contra Peckinpah, que se llevó el susto de su vida. No obstante, y a pesar del mal humor del director, todos admiraban su entrega al trabajo, y cuando los productores decidieron despedir a Peckinpah antes de finalizar el rodaje, Heston intervino ofreciendo su salario a condición de que lo readmitieran, cosa que aceptaron. Heston pasó un infierno de rodaje sin cobrar nada por ello.</p>

	<p>Ésa fue una de las variadas anécdotas que ocurrieron durante la filmación de <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> (aceptó a <strong>Ben Johnson</strong> porque éste le dijo que le daría un puñetazo si le despedía, provocó infinidad de peleas en los bares de las localidades mexicanas donde rodaron, etc), en donde además de los citados, nos encontramos con <strong>Warren Oates</strong> (protagonizando un momento muy especial, en el que se confirma el carácter de Tyreen), <strong>Jim Hutton</strong>, <strong>James Coburn</strong> (que sustituyó a Lee Marvin, que era a quien Peckinpah quería), <strong>R.G. Armstrong</strong> (dando vida a otro predicador, al igual que en &#8216;Duelo en la alta sierra), <strong>Slim Pickens</strong> y <strong>L.Q. Jones</strong>. Suculento reparto como pocos se ven.</p>

	<p>A Peckinpah no le dejaron tener el control en el montaje final, de hecho ni estaba presente, pero años después cuando éste consiguió gran fama por &#8216;Grupo salvaje&#8217;, recibió una oferta de la <strong>Columbia</strong> para remontarlo a su gusto. Se negó alegando que no tenía tiempo. Muchos piensan que fue su particular venganza hacia los estudios, y es que Peckinpah en un alarde inteligencia sabía muy bien que <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> tendría más valor como la gran película que estaba escondida, y no descubierta. Quizá podamos soñar con esa obra maestra que nunca se rescatará, lo que hay es un excelente western vibrante y espectacular lleno de detalles.</p>

<h2>Especial Sam Peckinpah en Blogdecine:</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-un-titulo-profetico">Un título profético</a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-duelo-en-la-alta-sierra">&#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;</a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Gladiator', la soledad de Máximo]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/gladiator-la-soledad-de-maximo</link>
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      <pubDate>Mon, 19 Jan 2009 07:24:31 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image23611" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/gladiator4_hdtv.jpg" class="centro" alt="gladiator4_hdtv.jpg" /></p>

	<p>Haciendo un repaso exhaustivo por todas las películas que se han alzado con el Oscar (ese premio de tan dudosa reputación, al fin y al cabo es una industria premiándose a sí misma, nada más sospechoso) saltan las evidencias como chispas. Por ejemplo, que <strong>&#8216;El Padrino&#8217;</strong> y <strong>&#8216;El Padrino, parte II&#8217;</strong> son muy superiores a prácticamente todas las demás que lo han ganado. Y en cuanto a las que no lo merecían, teniendo en cuenta que eligen nada menos que la mejor película de todo un año, hay dos protagonizadas por el excelente, sanguíneo, instintivo, desaprovechado intérprete que es <strong>Russell Crowe</strong>.</p>

	<p>Una de esas dos es <strong>&#8216;Gladiator&#8217;</strong>, la décimo primera realización del británico <strong>Ridley Scott</strong>, con la que recuperó el crédito comercial después de varios rotundos fracasos de público, y a la que cierto sector de la crítica, sobre todo de su país de origen (en opinión de quien esto escribe a años luz de la exigencia de los críticos europeos), trató con una vehemencia desproporcionada, al igual que los aficionados al cine, quienes la valoran muy por encima de lo que merece, <strong>ya que si sus limitaciones eran evidentes hace nueve años, ahora son escandalosas, y aunque también posee ciertas virtudes, no son suficientes</strong>. Pero vayamos por partes</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El subgénero de romanos, que podría situarse entre el género del melodrama histórico y el de melodrama de aventuras, gozó de cierto esplendor hace ya unas cuantas décadas. Y de la misma forma que obtuvo grandes éxitos económicos, su decadencia y desfase fue rápida e inmisericorde. A fin de cuentas, y si repasamos su tradición, no se puede decir que ninguna gran personalidad cinematográfica se haya ocupado de él y haya dado una aportación de peso. Por supuesto que hay títulos emblemáticos, pero su razón de ser quizá desapareció con el género. Por eso la apropiación de los códigos del Peplum por parte de Ridley Scott y su equipo es, primeramente, una estratagema comercial, servida con una campaña de marketing formidable. Pero, ¿hay algo personal en este <strong>&#8216;Gladiator&#8217;</strong>?</p>

	<p>A principios de la década, recordemos que esta película es del año 2000, los efectos digitales habían llegado a una plenitud impensable cinco o seis años antes. Ellos fueron uno de los reclamos publicitarios de la película de Ridley Scott. Sin embargo, el tratamiento de los mismos no fue todo lo perfecto que podría desearse. De hecho, en comparación con otra película de aquel mismo año, <strong>&#8216;La tormenta perfecta&#8217;</strong> (<strong>Wolfgang Petersen</strong>), son muy inferiores. En la de Petersen conocían las limitaciones de la integración 3D, y su recreación de la tormenta marina es asombrosa. No se puede decir lo mismo de la recreación de la arquitectura imperial romana. Los planos aéreos cantan bastante, pero los fondos son una equivocación, y comprometen la integridad de la atmósfera que se intenta buscar.</p>

	<p><img id="image23612" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/fotoconversacion.jpg" class="centro" alt="fotoconversacion.jpg" /></p>

	<p>Pero tampoco es que en ningún momento se pretenda una fidelidad histórica, como sí logran en la extraordinaria serie <strong>&#8216;Roma&#8217;</strong>. Y no hablo sólo de esos errores de atrezzo de los que tanto se ha hablado en internet, sino de la recreación de una época que responde más al gusto barroquista y excesivo, pagado de sí mismo, de Ridley Scott (que encomendó la tarea a un hombre que se haría habitual suyo, <strong>Arthur Max</strong>), que a la elaboración de un ambiente narrativo que se erija en herramienta emocional. Pensemos por ejemplo en la batalla inicial, que es un alarde de medios. Filmada en Surrey, Reino Unido, su temperatura de color, con ese sol invernal que convertía el bosque en algo espectral, fue captada muy bien por el operador jefe, <strong>John Mathieson</strong>, que sabía de la velocidad de filmar en Super 35, pero dado el caos de planificación (marca de Scott), todo se echa a perder.</p>

	<p>Ese uso de velocidades y obturaciones extrañas en la batalla se empleó de manera mucho más bella en <strong>&#8216;Los siete samuráis&#8217;</strong> (Kurosawa, 1954) o incluso en <strong>&#8216;Saving Private Ryan&#8217;</strong> (Spielberg, 1998). Aquí parece la última solución para una batalla que tuvo que ser mutilada por falta de dinero, y para la que no había tiempo. Si a eso sumamos que no se obtuvo un guión definitivo hasta una semana antes del rodaje, podemos hacernos una idea del follón en que se vieron inmersos. Se nota, además, que no son más que 750 romanos y 350 germanos, aunque hicieron lo posible por maquillarlo. Con esta batalla comienzan también las arbitrariedades narrativas de Scott.</p>

	<p>Se frota uno los ojos de incredulidad, pero las espantosas ideas del director no desaparecen. ¿Cómo se puede tener el mal gusto de insertar, cada pocos segundos, un plano del emperador Marco Aurelio (interpretado con irregular fuerza por el ya desaparecido <strong>Richard Harris</strong>), dentro de la larga secuencia del campo de batalla? Debido a que Scott ya ejecutó ideas similares en películas anteriores, no debería sorprendernos. Pero es obvio que a nadie se le ocurriría romper el contínuo secuencial con un plano inserto en travelling de acercamiento a un personaje ajeno a la secuencia. Sin duda Scott, excitado por los picores del divismo y la autoría, cree que tales ideas son dignas de quedarse en el montaje.</p>

	<p>Pero pronto comienza la historia y la presentación de los personajes. Conocemos a Máximo (<strong>Russell Crowe</strong>), a Cómodo (<strong>Joaquin Phoenix</strong>) y a Lucilla (<strong>Connie Nielsen</strong>), y somos testigos del traspaso de poder del anciano Marco Aurelio al gran general Máximo, y del golpe de estado de su hijo Cómodo. Todo esto está bastante bien. Es el comienzo de la historia, y crea tensión e interés. Pero pronto se desdibuja todo con gran rapidez. Muerto Marco Aurelio, Cómodo tiene vía libre para quitar de en medio a Máximo (asesinando también a su familia), y regresar a Roma como emperador. Por supuesto, Máximo escapará de la muerte y clamará venganza.</p>

	<p><img id="image23613" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/mv5bmjk1ndy4odmxm15bml5banbnxkftztywnzy2nji3.jpg" class="centro" alt="mv5bmjk1ndy4odmxm15bml5banbnxkftztywnzy2nji3.jpg" /></p>

	<p>El montaje en paralelo de Máximo viajando nada menos que de Germania a Hispania en caballo, con el asesinato de su mujer e hijo por otro lado, es un intento de crear tensión absolutamente contraproducente. Rompe el ritmo y el estilo creado hasta ahora, y se adentra por caminos visuales cercanos al videoclip. De pronto, la identificación que se supone debíamos sentir con Máximo, se esfuma. Nos importa poco que hayan violado y asesinado a su mujer, junto con su hijo. Y nadie sabe cómo, pero aparecen en sus tierras unos esclavistas que se lo llevan al desierto (no se sabe qué desierto ni qué país&#8230;), para emplearle como gladiador. El mal gusto desplegado en esas imágenes oníricas del desierto es clamoroso, y son obra de un director que no sabe muy bien qué está contando, ni por qué.</p>

	<p>Al menos, tenemos a Máximo. Durante la película no le veremos ni la menor falla. Es guapo, leal, fuerte, valiente, inteligente, compasivo, fiero. Podría haber dado mucho menos de sí sino le hubiera encarnado un actor en estado de gracia que nunca más (ya le habíamos visto pletórico en <strong>&#8216;L.A. Confidential&#8217;</strong> y <strong>&#8216;The Insider&#8217;</strong>) ha vuelto a disfrutar. Crowe se adueña del personaje y le otorga una verdad y una tristeza incomensurables. Es verlo para creerlo. Él es el auténtico pilar de una película que hace aguas en cuanto intenta desmarcarse precisamente del sub-género que quiere homenajear. Una fuerza de la naturaleza con la que, si bien no nos sentimos identificados ni nos importa mucho lo que le suceda, sí podemos comprender y compadecer.</p>

	<p>A su lado Joaquin Phoenix (que ha logrado algún buen trabajo en una carrera irregular) palidece como un villano que no está a la altura. El guión le ayuda poco, Ridley Scott se empeña en extraer de él sólo una neurosis psicopática que nada aporta y que nadie entiende, y con estos elementos poco puede hacer el actor. No basta con unas ojeras profundas, hacen falta buenos momentos, buenos diálogos, más ideas interesantes de puesta en escena. Tampoco la bella y elegante Connie Nielsen tiene muchas oportunidades. Su personaje parece un fantasma sin fuerza, que entra y sale del relato sin criterio. Por eso estoy seguro de que el mérito es sólo de Russell Crowe, y no de Scott, en su memorable papel.</p>

	<p>Se puede intentar buscar algo más, pero no lo hay. El relato se agota muy pronto, y después de que Máximo y Cómodo se encuentren por primera vez en la arena (tras otra batalla confusa, sin fuerza ni violencia) todos sabemos cómo va a terminar y estamos deseando que termine, porque no hay nada más que ofrecer. Máximo se une en una conspiración contra Cómodo mientras vuelve a salir a la arena contra un célebre gladiador, al que vence además de a un tigre&#8230; Traicionado y obligado a luchar de nuevo en la arena, y aún herido y moribundo&#8230;¡vence al emperador, como no podía ser de otra manera! A fin de cuentas, Máximo es una figura mártir, que se sacrifica por todos nosotros. Pues, ¿no es Roma un espejo pasado del actual imperio de Estados Unidos? ¿Y no hay en esos momentos finales una referencia explícita a la grandeza de los imperios? ¿Alguien se cree que pueden pertenecer al pueblo?</p>

	<p><img id="image23614" src="http://img.blogdecine.com/2009/01/comodomx4.jpg" class="centro" alt="comodomx4.jpg" /></p>

	<p>Pero es lo que ocurre cuando un director no comprende absolutamente nada de la historia que quiere contar, y cuando sus pulsiones ultra-conservadoras le empujan a pronunciar un discurso estético y moral nauseabundo. Al menos nos queda el valiente Máximo, su arrojo, su coraje. Su nobleza. Es un pesonaje demasiado perfecto, estamos de acuerdo, pero resulta catártico observar su furia asesina contra un mundo cruel, que castiga a los buenos y premia a los malvados.</p>      ]]></description>
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