
A veces, perder el equilibrio por amor es parte de vivir una vida equilibrada.(Ketut Liyer)
No es que sea nada nuevo, pero creo que el marketing está influyendo demasiado en el cine. Gracias a la profesionales de la publicidad, todas las películas son buenas, todos los directores son maravillosos, y todo el que salga en una pantalla de cine es una estrella (ya consolidada o en potencia). Claro que en esta dinámica, en un mundo de ganadores y perdedores, los que tienen más dinero, más medios y más influencia son los que cortan el bacalao, y los que les dicen a todos cuáles son las mejores películas, los mejores directores y las mejores estrellas; y el resto, a seguirles el juego. Como digo, no es algo de ahora, pero pienso que cada vez va a peor. Un ejemplo perfecto de lo que digo es esta cosa titulada ‘Come, reza, ama’ (‘Eat, Pray, Love’), que llegó a los cines españoles en septiembre, días después de que su protagonista, Julia Roberts, recibiera un premio a toda su carrera en el (otrora importante) festival de San Sebastián. Carteles por todas partes, la actriz en todos los medios, la película en boca de todos.
Por eso a nadie le extrañó que ‘Come, reza, ama’ lograra el número uno en la taquilla española, pero lo doloroso del asunto es que a nadie le pudo extrañar encontrarse con una película mediocre. Era imposible ocultarlo, pero no importó. A menudo, cuando hablo con mi compañero Alberto Abuín, llegamos al indiscutible tema del bajísimo nivel general del cine actual, de estreno, pero inevitablemente acabamos viendo un puñado de novedades cada semana, aun sabiendo que no nos va a gustar lo que veremos, y que en definitiva es una pérdida de tiempo. Puede que sea la curiosidad, el deseo de estar equivocados, o quizá es la fuerza de la publicidad. En cualquier caso, no he podido evitar ser otra víctima de ‘Come, reza, ama’, y aquí tenéis mi valoración de la película, una de esas que llegan a hacerte sentir mal por querer ver sufrir (de verdad) a la protagonista de la historia.



