A menudo hablamos en Blogdecine, tanto los redactores como nuestros comentaristas, sobre las diferencias entre cine comercial y cine de autor, y sobre la necesidad de que el segundo prevalezca sobre el primero en cuanto a coraje y riesgo. Pero una cosa no quita la otra, y el cine comercial ha ofrecido hitos importantísimos desde el invento de este soporte audiovisual, demostrando que lo comercial puede y debe ser universal, y que el talento no está reñido con ello, y que lo excepcional tampoco. Y maravillas irrepetibles como ‘El golpe’ son buena prueba de ello.
Hoy día, claro, su director, George Roy Hill, es un hombre olvidado por los cinéfilos, o casi. Tampoco es cuestión de convertir a cada director olvidado en un genio universal por el mero hecho de haber dirigido un par de películas maravillosas (en su caso, la otra sería la melancólica ‘Dos hombres y un destino’), pero no hay duda del inmenso talento narrativo de Hill, y de su pasión por contar historias más grandes que la vida, no olvidándose jamás del carácter mortal y a menudo miserable de sus personajes.



