'Gomorra', realismo distante

‘Gomorra está causando sensación allá donde se estrena. En el pasado Festival de Cannes se llevó incluso un premio, a mi parecer totalmente inmerecido. Pero en este punto tendríamos que hablar de lo injustos que son todos los festivales o premios, soy un poco del pensar de George C. Scott, quien se negó a recoger su Oscar por ‘Patton’. La realidad es bien distinta, ‘Gomorra’ está siendo un éxito de crítica y también de público (dentro de unos límites), y hay que aceptarlo. Parte de su aceptación popular viene dada por la estúpida polémica protagonizada por Roberto Saviano, quien escribió el libro en el que se basa el film, un documento muy realista sobre la Camorra en algunas zona de Italia. Esto le ha llevado a ser amenazado de muerte, y tener todo el día protección policial.
Pero este tipo de cosas no ayudan en nada a la calidad de la película en sí. ‘Gomorra’ se mueve siempre insegura, a dos bandas: entre evocar el neorrealismo italiano, y formular el enésimo experimento narrativo de historias entrecruzadas, aludiendo a su vez a conocidos films de Robert Altman o Paul Thomas Anderson. Tampoco faltan referencias a De Palma o al western, pero con más desgana que pasión.



