'Robin de los bosques', la felicidad hecha cine

Vamos, Sir Guy, no mataríais a un hombre por decir la verdad, ¿no es cierto?
- Robin Hood
Echando un vistazo a un periódico, ojeo sin querer las últimas páginas, que casi siempre suelen traer la programación diaria, y me sorprendo de ver que esta noche, La 2 de Televisión Española va a deleitarnos con ‘Robin de los bosques’ (Michael Curtiz, 1938). Eso sí, a partir de las dos menos veinte de la madrugada (que serán las dos en punto, conociendo como conozco la impuntualidad de dicha cadena). Me parece que algo anda muy mal cuando programan esta maravilla a tales horas, obligándonos a levantarnos al día siguiente con unas ojeras de impresión. Pero claro, hoy en día lo que copa las horas más importantes son las series de televisión, y no van a desplazar ninguna por una vetusta película de aventuras filmada hace la friolera de setenta años.
Las cosas como son, en La 2 rescatan material a la altura de los paladares más exigentes, y si quieres ser un iniciado en eso de ver cine del bueno, tienes que dejar de dormir. No tengo nada en contra. Yo pienso quedarme, aunque seguramente los chavales de 8 a 15 años no lo hagan, y son los que más deberían verla. O quizá se queden, pero jugando a la consola. Reconozco ser un viciado como el que más, pero esto son palabras mayores del cine de aventuras. Quizá tenga algo de poético que la echen tan tarde: prueben a verla, a pesar de que les den las tres y media seguirán tan despiertos como al mediodía.







Parece ser que Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, va a volver a la gran pantalla, en una nueva revisitación del mítico personaje. Era algo de esperar, teniendo en cuenta la cantidad de películas de aventuras que se están haciendo últimamente, deseosas de resucitar el género que murió con 