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Ronald Mlodzik

David Cronenberg: 'Vinieron de dentro de...', los zombies del sexo

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Anoche tuve un sueño muy perturbador. Estaba haciendo el amor con un desconocido. Estaba incómoda, porque era viejo, y se estaba muriendo… y olía mal, lo encontraba repugnante. Pero entonces me dijo que todo es erótico, que todo es sexual. Que la carne vieja es erótica. Que la enfermedad es el amor que sienten dos clases de criaturas extrañas. Que incluso morir es un acto de erotismo. Que hablar es sexual. Que respirar es sexual. Incluso existir físicamente es sexual. Y le creo, y hacemos el amor maravillosamente.

Seguimos con el repaso a la interesante carrera del director David Cronenberg. Decíamos en el anterior artículo que tras terminar ‘Crimes of the Future’ y quedar fascinado con el Festival de Cannes, decide que definitivamente quiere dedicarse al cine, cambiando la manera en la que estaba haciendo películas, buscando ser más accesible (sin perder por ello su identidad, como veremos). Así que en 1973, tras trabajar en televisión, Cronenberg termina el guión de su nuevo proyecto, ‘Orgy of the Blood Parasites’ (‘La orgía de los parásitos de la sangre’), y empieza a buscar financiación marchándose incluso a Estados Unidos. Pero de nuevo recibe ayuda pública de Canadá y por fin puede llevar a cabo su tercer largometraje.

Un tercer trabajo que se estrenó en cines en el año 1975 bajo el título original de ‘Shivers’, que significa literalmente ‘Escalofríos’; nuestro ‘Vinieron de dentro de…’ proviene del título estadounidense ‘They Came from Within’. La película fue un rotundo éxito de taquilla que cosechó unas inevitables críticas devastadoras, centradas en verla sólo como una muestra más de gore y sexo gratuito; curiosamente, en el Festival de Sitges se alzó con el premio a la mejor dirección. Manteniendo el tono y el espíritu de sus primeros experimentos, pero ordenando y estructurando un poco sus ideas, Cronenberg había logrado reiniciar su carrera.

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David Cronenberg: 'Crimes of the Future', enfermedad y placer

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Es obligatorio incinerar a los que han muerto por la enfermedad de Rouge. Aunque durante el período de secreción y hemorragia los diferentes fluidos patológicos son relativamente inocuos, e incluso sexualmente atrayentes… estos fluidos pronto demuestran una virulencia que puede ser devastadora.

Continuamos con el especial dedicado a la obra de David Cronenberg, tras el análisis de su primer largometraje, ‘Stereo’ (1969). Al final de aquel artículo os contaba que gracias a la ayuda económica prestada por la International Film Archives, el joven Cronenberg (que por aquel entonces contaba con 26 años), pudo enfrentarse a la realización de su siguiente trabajo cinematográfico. Quizá “enfrentarse” no es la palabra más adecuada, ya que viendo ‘Crimes of the Future’ (1970) uno duda mucho de que el canadiense no se divirtiera creando las escenas de su segundo film experimental. Hizo lo que quiso, y el resultado es tan soporífero y pretencioso como el primero.

De nuevo, Cronenberg es el máximo responsable de la película; es su autor absoluto. El guión, la producción, la dirección, la fotografía y el montaje llevan su firma. Esto es, sin embargo, muy habitual cuando uno está empezando y apenas tiene presupuesto, de ahí que muchos directores empiecen también actuando en sus primeros trabajos (como Quentin Tarantino en la casi desconocida ‘My Best Friend´s Birthday’). Al final, el principal interesado es el que tiene que hacerlo casi todo, como mejor pueda, si quiere ver acabado el producto algún día. También ocurre que a menudo se piensa, por parte de los “autores”, que las tareas técnicas no son tan importantes como la escritura o la dirección; es uno de los grandes errores del principiante. A pesar de todo, se pueden encontrar elementos de interés en ‘Crimes of the Future’, si se quiere estudiar la trayectoria de este singular cineasta.

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David Cronenberg: 'Stereo', telepatía y sexualidad

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El uso adecuado de los afrodisíacos psíquicos no es para aumentar la potencia sexual o la fertilidad, sino para demoler las barreras de la resistencia psicológica y de la inhibición social que restringe a las personas a una monosexualidad o a una supuesta forma bisexual de omnisexualidad. Entonces el telépata, por la propia naturaleza sexual de su espacio experimental continuo, puede ser visto como el prototipo posible del hombre tridimensional.

Damos comienzo al anunciado especial sobre la obra del director David Cronenberg. Y lo hacemos comentando ‘Stereo’, una película de apenas una hora de duración que no está editada en España; la primera que hay es ‘Shivers’, o ‘Vinieron de dentro de…’, de ahí que muchos lo etiqueten como el primer largometraje del realizador, lo cual no es del todo cierto. Tampoco es que se pierda mucho, salvo para los más fanáticos de la obra del canadiense. ‘Stereo’ es una obra difícil de clasificar y difícil de ver, por no decir insoportable. Sin embargo, ya en este primer trabajo encontramos algunos de los temas más recurrentes en la trayectoria de Cronenberg, como son la misteriosa capacidad del cerebro, la degeneración del ser humano o los comportamientos sexuales.

Con ‘Stereo’ (1969), David Cronenberg nos introduce en un gélido recinto donde se experimenta con las mentes de un grupo reducido de individuos. Dice el director que el título se refiere al modo en el que los telépatas perciben el mundo, en oposición a cómo lo hacen las personales normales; quizá se le olvidó añadir que sólo los telépatas podrán disfrutar de este producto audiovisual, que fue posible gracias a la ayuda económica de un organismo público (el Canada Council, que pensaba que estaba financiando una novela), un hecho que volverá a repetirse más adelante. Por mi parte, desde ahora, si alguien me pregunta si he escalado una montaña de tres mil metros, le responderé: “No, pero he visto Stereo; dos veces”.

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