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Sam Peckinpah

Sam Peckinpah: 'Mayor Dundee'

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‘Mayor Dundee’ se convirtió en la odisea más grande por la que pasó Sam Peckinpah, y probablemente todos los que intervinieron en ella. A lo largo de los años, actores como Charlton Heston, L.Q. Jones o James Coburn hablaron y hablaron de lo que supuso para ellos la experiencia y cómo veían a Peckinpah, quien se ganó en el rodaje de esta película la mala fama que le acompañó hasta su muerte. Exigente como pocos, montaba en cólera si alguien le llevaba la contraria y disfrutaba despidiendo a gente todos los días.

Tras ‘Duelo en la alta sierra’, cuyo prestigio estaba subiendo como la espuma, Peckinpah mostró especial interés por un guión escrito por Harry Julian Fink (futuro guionista de ‘Harry el sucio’), del que el director hizo su habitual reescritura, acompañado por Oscar Saul. El libreto original tenía demasiadas historias juntas sin centrarse en una concreta, demasiados tonos, demasiadas cosas. Peckinpah lo arregló poniendo como base principal el personaje del Mayor Dundee, adentrándose en sus personales obsesiones y aspiraciones.

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Sam Peckinpah: 'Duelo en la alta sierra'

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-¿No testificará a favor del señor Westrum?
-No, no lo haré.
-¿Por qué?
-Porque era mi amigo

‘Duelo en la alta sierra’ (‘Ride the Hide Country’) supuso la primera victoria de Sam Peckinpah sobre los cegatos productores de entonces, al lograr imponer su montaje al que ellos querían. Un pase de prueba en los cines de los estudios (MGM) hizo que uno de los ejecutivos se quedase dormido nada más empezar la proyección, sentenciando al final que era la peor película que había visto en su vida. Para no gastarse más dinero, dejó que Peckinpah dejase el montaje proyectado, sin darse cuenta de que estaba sentando un precedente: el conceder al director el control total sobre el montaje final de una película.

Tras la experiencia, no demasiado satisfactoria, de ‘Compañeros mortales’ (‘The Deadly Companions’, 1961), llegó a manos de Peckinpah un guión de N.B. Stone Jr., el cual dejó maravillado al futuro director de ‘Grupo salvaje’. Éste se puso en contacto con el productor Richard E. Lyons para intentar convencerle de que le dejase dirigir la película con la condición de reescribir algunos diálogos. Lyons le echó un vistazo a algunos de los episodios de ‘The Westerner’, dirigidos por Peckinpah, y quedó maravillado con el enorme potencial que el joven director tenía. No era una oportunidad para dejarla escapar.

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Sam Peckinpah: un título profético

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‘The Deadly Companions’ es el título original de la ópera prima de Sam Peckinpah que en nuestro país se tradujo como ‘Compañeros mortales’. Resulta curioso que dicho título pueda verse como una especie de profecía sobre lo que su filmografía nos iba a deparar, llena de relatos violentos, marcados por personajes cuya relación siempre rondaba la muerte. En este especial que hoy damos comienzo en las páginas de Blogdecine, repasaremos una a una las películas de un director cuya existencia como persona fue problemática, llena de decepciones personales, de polémicos rodajes, de amigos eternos y enemigos en cada esquina. El alcohol, las putas y la cocaína en alguna que otra ocasión, llenaron la vida de un cineasta que cambió el curso del western, y que fue considerado el director que mejor retrató la violencia en el cine.

La película está basada en una novela de Albert Sidney Fleischman que él mismo adaptó para la pantalla grande. Fleischman había destacado por ser el escritor de una par de films de William A. Wellman, ‘La escuadrilla Lafayette’ (un fracaso por el que Wellman no volvió a dirigir más) y ‘Good-bye, my Lady’ (una preciosidad poco conocida en la filmografía del director de ‘Incidente en ‘Ox-Bow’). Brian Keith iba a protagonizarla y sugirió el nombre de Peckinpah para dirigirla, pues había colaborado con él en una serie de televisión, ‘The Westerner’, que se había cancelado. Según el propio Peckinpah, John Ford también le recomendó a los productores. ¿Cierto o falso? No se sabe, pero tal vez la presencia de Maureen O´Hara en el reparto haga pensar que Peckinpah no tenía por qué inventárselo.

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'El rostro impenetrable', de Peckinpah a Brando pasando por Kubrick

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‘El rostro impenetrable’ (‘One-Eyed Jacks’, 1961) es un proyecto que sufrió mil cambios antes de terminar siendo lo que es: uno de los westerns más extraños jamás filmados. Su gestación partió de la novela ‘The Autentic Death of Hendry Jones’ de Charles Neider, obra que en realidad hacía referencia sobre las andanzas de Billy el Niño. El primer guión fue escrito nada más y nada menos que por Sam Peckinpah, por aquel entonces un completo desconocido en el mundo del cine, aunque no en el de la televisión. Como director hizo acto de presencia Stanley Kubrick que ni corto ni perezoso echó al futuro director de ‘Grupo salvaje’, quien en años posteriores reconoció dos secuencias del film como suyas. En 1973, Peckinpah hizo ‘Pat Garret y Billy the Kid’, donde curiosamente rescató a dos de los actores secundarios de ‘El rostro impenetrable’.

Pero Kubrick no pudo terminar la película porque chocó de narices con alguien cuyo ego y narcisismo superaban con creces a los del director de ‘Senderos de gloria’: Marlon Brando, que como era el que mandaba, le dio un puntapié a Kubrick, y el mundo entero se quedó sin saber qué habría hecho éste con un western. Aún así, en el resultado final quedaron resquicios del talento de dos personalidades que darían mucho que hablar en años posteriores.

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Sam Peckinpah y la poesía de la violencia

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Soy una puta, pero una puta muy buena

Con esa contundente frase se definía a sí mismo Sam Peckinpah, de quien un servidor conoció su existencia precisamente el día que anunciaron su muerte, un 28 de diciembre de 1984, cual cruel broma del destino. Con la emisión de ‘La balada de Cable Hogue’ (‘The Ballad of Cable Hogue’, 1970), uno de los westerns más líricos y tristes que se han hecho, me encontré con un director que dotaba a sus secuencias de una fuerza inusual, con un tratamiento de la violencia único, mil veces imitado, otras tantas homenajeado, y nunca superado.

En Blogdecine os ofreceremos dentro de poco un repaso a la filmografía de Peckinpah, paralelamente al que un servidor está haciendo sobre Clint Eastwood en su doble faceta de actor y director. Nos centraremos en sus trabajos para la pantalla grande, desde el primero, ‘Compañeros mortales’ (‘The Deadly Companions, 1961), hasta el último, ‘Clave: Omega’ (‘The Osterman Weekend’, 1983), tocando algunos factores de su vida personal que indudablemente influenciaron en su forma de hacer cine, de lo ligado que estaba a México (lugar en el que siempre se sintió como en su casa), de su relación con las mujeres (jamás ninguna, de cualquier condición social o edad, se le resistió sexualmente hablando), del valor de la amistad (Kris Kristofferson lo definió como el mayor hijo de puta que había conocido en su vida), y de sus problemas con el alcohol.

Pero sobre todo, hablaremos de la capacidad de Peckinpah (que hacía westerns, incluso cuando no los hacía) para convertir la violencia en pura poesía, y de cómo el tiempo parece detenerse cada vez que esa violencia aparece en sus películas, para convertirse en un espacio íntimo en el que la vida es algo fugaz que está a punto de irse.

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