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		<title>Blogdecine</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 15:56:05 +0000</pubDate>

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      <title><![CDATA[Sam Peckinpah: 'Mayor Dundee']]></title>
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      <pubDate>Thu, 20 Aug 2009 20:25:52 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image27647" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundeee-1.jpg" class="centro" alt="mayor-dundeee-1.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> se convirtió en la odisea más grande por la que pasó <strong>Sam Peckinpah</strong>, y probablemente todos los que intervinieron en ella. A lo largo de los años, actores como <strong>Charlton Heston</strong>, <strong>L.Q. Jones</strong> o <strong>James Coburn</strong> hablaron y hablaron de lo que supuso para ellos la experiencia y cómo veían a Peckinpah, quien se ganó en el rodaje de esta película la mala fama que le acompañó hasta su muerte. Exigente como pocos, montaba en cólera si alguien le llevaba la contraria y disfrutaba despidiendo a gente todos los días.</p>

	<p>Tras &#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;, cuyo prestigio estaba subiendo como la espuma, Peckinpah mostró especial interés por un guión escrito por <strong>Harry Julian Fink</strong> (futuro guionista de <a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/clint-eastwood-harry-el-sucio">&#8216;Harry el sucio&#8217;</a>), del que el director hizo su habitual reescritura, acompañado por <strong>Oscar Saul</strong>. El libreto original tenía demasiadas historias juntas sin centrarse en una concreta, demasiados tonos, demasiadas cosas. Peckinpah lo arregló poniendo como base principal el personaje del Mayor Dundee, adentrándose en sus personales obsesiones y aspiraciones.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El productor <strong>Jerry Bresler</strong> presionó duramente a Peckinpah, pues en la <strong>Columbia</strong> querían una película de aventuras que narrase la lucha entre soldados e indios, cuyo presupuesto estaba estimado en 3 millones de dólares. Al final <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> costó un millón y medio más, pasándose bastantes días en el tiempo de rodaje previsto. Pero antes de que Peckinpah y los productores empezasen a pelearse por el resultado final, el director recibió en México los máximos premios cinematográficos entregados allí por su labor en &#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;, lo que provocó una juerga de órdago, una de las muchas que Peckinpah solía correrse. Un oasis en mitad del infierno que supuso el rodaje del western que hoy nos ocupa, cuya mutilación en la sala de montaje por parte de la <strong>Columbia</strong>, fue arreglado hace pocos años, y eso sin disponer de todo el material que Peckinpah rodó.</p>

	<p><img id="image27649" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundee-2.jpg" class="centro" alt="mayor-dundee-2.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> narra la historia de un veterano oficial de la Unión que forma un grupo con soldados de su ejército, rebeldes, antiguos esclavos y delincuentes, para perseguir a Apaches asesinos, encontrándose en el camino con más adversidades de las esperadas. Además de tener que soportar un viaje largo y angosto, los hombres tendrán que lidiar con sus propias diferencias si quieren tener éxito. Este elemento logra dotar al relato de una gran tensión, con especial intensidad en los momentos de discrepancia dentro del grupo.</p>

	<p>Al igual que en su anterior film, Peckinpah enfrenta a dos personajes, antaño amigos, con distintos intereses pero encontrando un lugar común en el respeto por las viejas tradiciones sobre el respeto. <strong>Charlton Heston</strong> y <strong>Richard Harris</strong> dan vida a Amos Dundee y Benjamin Tyreen, en un duelo interpretativo antológico, de perfecta compenetración, aunque en cierto momento el film se centra completamente en el personaje del título, dando oportunidad a Heston de lucirse en todo un <em>tour de force</em>, parte que fue suprimida en su primer montaje, el que durante demasiado tiempo padeció el film. En la restauración se recuperó, y el film gana y pierde a la vez, para sorpresa del que suscribe. Por un lado el dibujo psicológico de Dundee logra que entendamos sus motivaciones hasta un punto en el que antes ni podríamos imaginar. Pero al mismo tiempo el ritmo del film se resiente. Y es que si de algo peca <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> es de cierta inestabilidad en su historia, queriendo abarcar demasiadas cosas.</p>

	<p>Nunca sabremos qué película era la que al principio dejó diseñada Peckinpah, duraba dos horas y 35 minutos, pero con esta restauración, que alcanza los 140 minutos, nos acercamos bastante a sus intenciones (él siempre sostuvo que <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> podría haber sido su mejor trabajo). El film mejora en su dimensión trágica, y la descarnada violencia de sus secuencias golpea al espectador que asiste temeroso a una misión de búsqueda que va más allá de lo personal. La mirada crepuscular de Peckinpah, su tratamiento de los personajes femeninos (el central ideado exclusivamente para <strong>Senta Berger</strong>, pensado en las posibilidades internacionales del film, es presentada como una bella mujer pero que juega a sus anchas con Dundee y Tyreen, una <em>puta</em> más que añadir al listado de Peckinpah, experto putero en la vida real, y por ello en la ficticia), el uso de la violencia (recortada, cómo no, en su primer montaje) y el mimo de los personajes, son elementos más que suficientes para disfrutar de una obra no perfecta pero apasionante.</p>

	<p><img id="image27650" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/mayor-dundee-3.jpg" class="centro" alt="mayor-dundee-3.jpg" /></p>

	<p>Los actores, excelentemente dirigidos por Peckinpah, brindan interpretaciones de primer orden. <strong>Charlton Heston</strong> compone aquí uno de sus personajes más memorables, muy en su línea (Heston gozaba dando vida a sujetos atormentados), pero con una diferencia bien visible, y es que el director logró que Heston se olvidase por completo de una de sus principales manías como actor: la de estar posando en cada plano. La relación entre el actor y Peckinpah fue cordial dentro de lo que cabe esperar del director. Éste le metía mucha caña a Heston, y en cierta ocasión en la que le obligó a repetir una escena mientras le insultaba, Heston en un ataque de rabia cargó con su caballo, sable en mano, contra Peckinpah, que se llevó el susto de su vida. No obstante, y a pesar del mal humor del director, todos admiraban su entrega al trabajo, y cuando los productores decidieron despedir a Peckinpah antes de finalizar el rodaje, Heston intervino ofreciendo su salario a condición de que lo readmitieran, cosa que aceptaron. Heston pasó un infierno de rodaje sin cobrar nada por ello.</p>

	<p>Ésa fue una de las variadas anécdotas que ocurrieron durante la filmación de <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> (aceptó a <strong>Ben Johnson</strong> porque éste le dijo que le daría un puñetazo si le despedía, provocó infinidad de peleas en los bares de las localidades mexicanas donde rodaron, etc), en donde además de los citados, nos encontramos con <strong>Warren Oates</strong> (protagonizando un momento muy especial, en el que se confirma el carácter de Tyreen), <strong>Jim Hutton</strong>, <strong>James Coburn</strong> (que sustituyó a Lee Marvin, que era a quien Peckinpah quería), <strong>R.G. Armstrong</strong> (dando vida a otro predicador, al igual que en &#8216;Duelo en la alta sierra), <strong>Slim Pickens</strong> y <strong>L.Q. Jones</strong>. Suculento reparto como pocos se ven.</p>

	<p>A Peckinpah no le dejaron tener el control en el montaje final, de hecho ni estaba presente, pero años después cuando éste consiguió gran fama por &#8216;Grupo salvaje&#8217;, recibió una oferta de la <strong>Columbia</strong> para remontarlo a su gusto. Se negó alegando que no tenía tiempo. Muchos piensan que fue su particular venganza hacia los estudios, y es que Peckinpah en un alarde inteligencia sabía muy bien que <strong>&#8216;Mayor Dundee&#8217;</strong> tendría más valor como la gran película que estaba escondida, y no descubierta. Quizá podamos soñar con esa obra maestra que nunca se rescatará, lo que hay es un excelente western vibrante y espectacular lleno de detalles.</p>

<h2>Especial Sam Peckinpah en Blogdecine:</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-un-titulo-profetico">Un título profético</a></li>
	</ul>
	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-duelo-en-la-alta-sierra">&#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;</a></li>
	</ul>      ]]></description>
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      <title><![CDATA[Sam Peckinpah: 'Duelo en la alta sierra']]></title>
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      <pubDate>Tue, 18 Aug 2009 10:01:27 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image27593" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/duelo-en-la-alta-sierra-1.jpg" class="centro" alt="duelo-en-la-alta-sierra-1.jpg" /></p>

<blockquote>-¿No testificará a favor del señor Westrum?</blockquote>

<blockquote>-No, no lo haré.</blockquote>

<blockquote>-¿Por qué?</blockquote>

<blockquote>
-Porque era mi amigo</blockquote>

	<p><strong>&#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;</strong> (&#8216;Ride the Hide Country&#8217;) supuso la primera victoria de <strong>Sam Peckinpah</strong> sobre los cegatos productores de entonces, al lograr imponer su montaje al que ellos querían. Un pase de prueba en los cines de los estudios (<span class="caps">MGM</span>) hizo que uno de los ejecutivos se quedase dormido nada más empezar la proyección, sentenciando al final que era la peor película que había visto en su vida. Para no gastarse más dinero, dejó que Peckinpah dejase el montaje proyectado, sin darse cuenta de que estaba sentando un precedente: el conceder al director el control total sobre el montaje final de una película.</p>

	<p>Tras la experiencia, no demasiado satisfactoria, de &#8216;Compañeros mortales&#8217; (&#8216;The Deadly Companions&#8217;, 1961), llegó a manos de Peckinpah un guión de <strong>N.B. Stone Jr.</strong>, el cual dejó maravillado al futuro director de &#8216;Grupo salvaje&#8217;. Éste se puso en contacto con el productor <strong>Richard E. Lyons</strong> para intentar convencerle de que le dejase dirigir la película con la condición de reescribir algunos diálogos. Lyons le echó un vistazo a algunos de los episodios de &#8216;The Westerner&#8217;, dirigidos por Peckinpah, y quedó maravillado con el enorme potencial que el joven director tenía. No era una oportunidad para dejarla escapar.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>&#8216;Duelo en la lata sierra&#8217;</strong> es la historia de un viaje lleno de melancolía y nostalgia por los viejos tiempos. Sus protagonistas son dos viejos pistoleros, amigos desde hace muchos años, ahora uno dentro de la ley y el otro fuera. Sin embargo, ambos aceptarán el trabajo de custodiar un importante cargamento de oro, en un viaje lleno de peligros. No sólo deberán enfrentarse a una familia de hermanos obsesionados por una mujer que ha preferido quedarse del lado de los buenos (después de casarse por despecho con uno de los malos, siendo la primera <em>puta</em> del cine de Peckinpah), sino que tendrán que lidiar con sus propias diferencias con respecto al destino del oro.</p>

	<p>El guión original se llamaba <strong>&#8216;Guns in the Afternoon&#8217;</strong>, pero fue cambiado por el propio Peckinpah por el ya conocido, mucho más afín con lo que se narraba. Durante cuatro semanas, el director estuvo retocando el libreto, lo cual derivó en una reescritura total y absoluta de los diálogos existentes, cambiando además el final del film. Los dos personajes centrales intercambiarían sus respectivos destinos, un cambio que demostraría el ojo clínico de Peckinpah para saber aprovechar todas las posibilidades de los relatos que caían en sus manos, algo por lo que se caracterizó a lo largo de su carrera como director y guionista.</p>

	<p><img id="image27595" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/duelo-en-la-lata-sierra-2.jpg" class="centro" alt="duelo-en-la-lata-sierra-2.jpg" /></p>

	<p>Y es que Peckinpah consigue con pequeños elementos, en apariencia insignificantes, vestir y dibujar a sus personajes. Detalles como los del personaje de <strong>Warren Oates</strong> (actor Peckinpaniano por excelencia) enfadándose con unas gallinas, u obligado por sus hermanos a tomarse un baño (escena totalmente improvisada, siguiendo una sugerencia del director a los actores que pillaron desprevenido a Oates), ayudan a entender su forma de pensar, y sobre todo de perder los estribos, señalándole como alguien de carácter débil por mucho que use la violencia. Todos los personajes pueden presumir de tener un apropiado dibujo, ninguno sobra, todos tiene algo que decir y aportar a la historia. En muchas películas hay personajes de relleno, en ésta no.</p>

	<p>Para interpretar a la inolvidable pareja protagonista, Peckinpah tuvo el privilegio (recordemos que sólo tenía una película en su haber, o sea, era prácticamente un desconocido) de contar con <strong>Joel McCrea</strong> y <strong>Randolph Scott</strong>, en roles que se intercambiaron antes de comenzar el rodaje porque los actores lo acordaron así. El resultado no pudo estar mejor, ambos dieron lo mejor de sí mismos dando vida a dos hombres cuyo tiempo ha pasado, y tienen una última oportunidad de hacer algo bien. En su última aventura, por así llamarla, se verán asentadas las bases de su amistad. Westrum (Scott) querrá convencer a Judd (McCrea) de quedarse con el oro y de vivir lo que les queda sin ningún tipo de preocupación. Judd se sentirá traicionado (una de las constantes del cine de Peckinpah: la amistad traicionada), y todo quedará resumido en uno de los extraordinarios diálogos que abundan en el film:</p>

<blockquote>- No te preocupes de nada, me encargaré de ello tal y como tú lo hubieras hecho</blockquote>

	

	<p>	<p></p>

<blockquote>- Lo sé, siempre lo supe. Simplemente tú lo olvidaste por un momento, eso es todo</blockquote>

	<p></p></p>

	<p>Scott, que había sido el actor fetiche de otro director especializado en westerns, <a href="http://www.blogdecine.com/tag/budd+boetticher">Budd Boetticher</a>, abandonó el cine después de realizar este film, convirtiéndose en un hombre de negocios que jamás concedió entrevistas ni habló de sus trabajos para la pantalla grande. Lo cierto es que Scott nunca fue considerado un actor de primera línea, más bien un secundario de lujo, e incluso sus aportaciones al género con Boetticher tardaron en ser consideradas como lo que son algunas, unas verdaderas joyas. Actor de limitado registro, tuvo la suerte de pertenecer a una época en la que había directores que sabían hacer algo que hoy en día rara vez se ve en el cine americano: dirigir a los actores.</p>

	<p><img id="image27596" src="http://img.blogdecine.com/2009/08/duelo-en-la-alta-sierra-3.jpg" class="centro" alt="duelo-en-la-alta-sierra-3.jpg" /></p>

	<p><strong>Joel McCrea</strong> era mejor, de eso no hay duda, trabajó con los grandes (Wellman, Hitchcock, Sturges&#8230;) y en manos de Peckinpah logró una de sus más recordadas interpretaciones, consiguiendo una química especial con Scott, haciendo un mayor hincapié en la edad de su personaje (cansado, tiene que ocultar que necesita gafas para leer, que las cosas ya no son lo que eran). Se acentúa así, el carácter crepuscular de la obra, que ofrece un apretón de manos entre los tiempos pasados y los nuevos, algo que Peckinpah no se cansaría de remarcar en sus futuras películas, siempre con una mirada nostálgica hacia otros tiempos, y con personajes desencajados.</p>

	<p><strong>&#8216;Duelo en la alta sierra&#8217;</strong> fue un fracaso en el momento de su estreno, pues fue colocada en segundo lugar en un programa doble que compartía con &#8216;Una vez a la semana&#8217; (&#8216;Boys´ Night Out&#8217;, Michael Gordon, 1962), lo cual redujo considerablemente sus posibilidades de éxito. Poco a poco fue alcanzado un merecido prestigio, y muchos críticos la situaron entre lo mejor del año, y como uno de los mejores westerns de la historia (lo es). Los productores enseguida pensaron en promocionar el film de cara a los Oscars, pero Peckinpah los amenazó con denunciarles, ya que su nombre no figuraba en los créditos como guionista. Le hicieron caso.</p>

	<p>Sólo por la secuencia final del duelo, el film merece todos los elogios posibles. Asustados del material que Peckinpah había rodado, y según montadores ilustres como <strong>Margareth Booth</strong>, aquello era imposible de montar debido a la ridiculez de la situación (dos viejos frente a frente contra tres pistoleros). Booth evidentemente se equivocó porque no entendía a Peckinpah, y mucho menos la película. <strong>Frank Santillo</strong> (Oscar por &#8216;Grand Prix&#8217; en 1966) se lució siguiendo las indicaciones del director, en una escena que pertenece por derecho propio a los anales del Cine. Prodigio de montaje, ritmo y planificación, dicha secuencia influyó poderosamente en un género que ya estaba enfermo. Peckinpah se encargó de revitalizarlo durante pocos años más, cambiando para siempre la concepción del mismo.</p>

<h2>Especial Sam Peckinpah en Blogdecine:</h2>

	<ul>
		<li><a href="http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-un-titulo-profetico">Un título profético</a></li>
	</ul>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Sam Peckinpah: un título profético]]></title>
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      <pubDate>Mon, 03 Aug 2009 13:07:04 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image27311" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/the-deadly-companions-1.jpg" class="centro" alt="the-deadly-companions-1.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;The Deadly Companions&#8217;</strong> es el título original de la ópera prima de <strong>Sam Peckinpah</strong> que en nuestro país se tradujo como <strong>&#8216;Compañeros mortales&#8217;</strong>. Resulta curioso que dicho título pueda verse como una especie de profecía sobre lo que su filmografía nos iba a deparar, llena de relatos violentos, marcados por personajes cuya relación siempre rondaba la muerte. En este especial que hoy damos comienzo en las páginas de Blogdecine, repasaremos una a una las películas de un director cuya existencia como persona fue problemática, llena de decepciones personales, de polémicos rodajes, de amigos eternos y enemigos en cada esquina. El alcohol, las putas y la cocaína en alguna que otra ocasión, llenaron la vida de un cineasta que cambió el curso del western, y que fue considerado el director que mejor retrató la violencia en el cine.</p>

	<p>La película está basada en una novela de <strong>Albert Sidney Fleischman</strong> que él mismo adaptó para la pantalla grande. Fleischman había destacado por ser el escritor de una par de films de William A. Wellman, &#8216;La escuadrilla Lafayette&#8217; (un fracaso por el que Wellman no volvió a dirigir más) y <a href="http://www.blogdecine.com/criticas/good-bye-my-lady-un-wellman-desconocido">&#8216;Good-bye, my Lady&#8217;</a> (una preciosidad poco conocida en la filmografía del director de &#8216;Incidente en &#8216;Ox-Bow&#8217;). <strong>Brian Keith</strong> iba a protagonizarla y sugirió el nombre de Peckinpah para dirigirla, pues había colaborado con él en una serie de televisión, &#8216;The Westerner&#8217;, que se había cancelado. Según el propio Peckinpah, John Ford también le recomendó a los productores. ¿Cierto o falso? No se sabe, pero tal vez la presencia de <strong>Maureen O´Hara</strong> en el reparto haga pensar que Peckinpah no tenía por qué inventárselo.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Tanto Keith como Peckinpah estaban descontentos con el guión de Fleischamn (el director de &#8216;Perros de paja&#8217; llegó a considerarlo una verdadera estupidez de guión), pero éste estaba decidido a que el mismo quedara tal y como lo había escrito, teniendo el apoyo de los productores, que más de una vez llamaron la atención a Peckinpah, recordándole que lo suyo era sólo dirigir la película. Ni corto ni perezoso, el joven director se alió con Keith para ir cambiando cosas en pleno rodaje, como algunas frases de diálogo e incluso soluciones argumentales de importancia. Al final, en el montaje, dejaron las cosas más del gusto de Fleischman que de Peckinpah, a quien le dejaron supervisar el primer montaje para luego darle la patada. Sería el primer enfrentamiento sonado entre el director y los grandes estudios, algo que se repetiría de forma escandalosa en sus futuras películas. Peckinpah fue uno de los directores que más lucharon por conseguir que el realizador tuviera el control total sobre el montaje final de una película.</p>

	<p><img id="image27313" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/the-deadly-companions-2.jpg" class="centro" alt="the-deadly-companions-2.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;Compañeros mortales&#8217;</strong> es la historia de una venganza. Un hombre va en busca de otro que durante la Guerra le arrancó la cabellera. Una vez que da con él y mientras espera la mejor oportunidad posible de resarcirse por los sufrido, mata sin querer al hijo de una bailarina, la cual decide irse a enterrar a su hijo a la tierra de su difunto padre. Con una gran carga de culpa, el hombre ayudará a la mujer en su largo viaje, acompañados por dos tipos de muy poca confianza, uno de los cuales es el principal objetivo de su venganza. La tensión irá en aumento hasta el final del viaje, que supondrá el inicio de una nueva vida para quien sobreviva a ello.</p>

	<p>En la película pueden apreciarse alguno de los elementos que marcarían el estilo temático de Peckinpah. Personajes antagónicos, obligados en cierto modo a aguantarse, pero siempre alerta para no traicionarse mutuamente. Y sobre todo, situaciones que parten de un hecho violento, en este caso, la muerte accidental de un niño (otro de los elementos característicos de Peckinpah), mostrada con una frialdad apabullante, y sin ningún tipo de concesión. Lamentablemente, esto da pie a uno de lo puntos más flojos y alarmantes del film: el largo viaje que su madre hace para enterrarlo, llevando el cuerpo de su hijo en una carreta sin que éste sufra deterioro alguno. Peckinpah tuvo que tragar con semejante memez (el cuerpo tendría que haberse descompuesto enseguida, sobre todo aguantando el intenso calor del desierto) y rodar con esa carga, de aspecto secundario en la trama, pero no invisible.</p>

	<p><img id="image27314" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/the-deadly-companions-3.jpg" class="centro" alt="the-deadly-companions-3.jpg" /></p>

	<p>El cine de Peckinpah siempre fue un cine de hombres, un mundo en el que las mujeres eran culpables de todo, una acentuada misoginia bañada por sugerentes matices que hacían a sus personajes femeninos más interesantes de lo que parecían a primera vista. En <strong>&#8216;Compañeros mortales&#8217;</strong>, la inolvidable <strong>Maureen O´Hara</strong> hace de bailarina de un club, aunque luego el personaje se suaviza de forma alarmante, quizá para no empañar la imagen de la actriz más Fordiana de todas cuantas han existido. La eterna pelirroja en realidad compone una especie de extensión de sus personajes para el director de &#8216;El hombre tranquilo&#8217;, sin complicarse demasiado la vida, un personaje plano aunque a ratos efectivo. Por supuesto, esto choca de frente con su compañeros de reparto y la violencia interna que sufre cada uno de ellos. <strong>Brian Keith</strong>, un pelín soso, ansioso de cumplir su venganza; <strong>Steve Cochran</strong>, pavoneándose por intentar parecer el mejor pistolero que hay, y <strong>Chris Wills</strong> en un rol que va adquiriendo importantes dimensiones trágicas.</p>

	<p><strong>Charles B. Fitzsimon</strong> fue el productor de <strong>&#8216;Compañeros mortales&#8217;</strong>, y se llevó a matar con Peckinpah. De hecho, era el hermano de <strong>Maureen O´Hara</strong>, a quien Peckinpah habían prohibido dirigirle la palabra (¿¿??). Aún así, no es este el caso de uno de esos enfrentamientos en los que los productores son los ogros y el director la víctima. Fitzsimon arregló ciertas escenas rodadas por Peckinpah en la sala de montaje. Sin ir más lejos el final fue cambiado de forma brutal. Según el director, el personaje de Keith mataría al de Cochran sin venir a cuento, algo impensable por dos motivos: no tenía nada contra él, y el detalle argumental del brazo lastimado le impedía ejecutar dicho acto. Así que, se hizo que Wills matase a su propio compañero por la espalda, decisión mucho más acertada, dada la poca estabilidad mental del personaje.</p>

	<p>Peckinpah siempre renegó de su ópera prima, y lo cierto es que no es de sus mejores películas. Entretenida sí, y con momentos muy interesantes y tensos, pero con un guión demasiado basado en casualidades y golpes de azar, aunque bellamente fotografiado. Para ello, Peckinpah estuvo al servicio de <strong>William H. Clothier</strong>, de quien el director reconoció haber aprendido muchas cosas buenas, algo que no es de extrañar, si tenemos en cuenta que Clothier fotografió entre otras esa obra maestra de título &#8216;El hombre que mató a Liberty Valance&#8217;. La película tuvo un aceptable resultado comercial, pero enseguida se olvidaron de ella, dada la magnificencia de su siguiente film, un duelo que pasaría por derecho propio a los anales del Cine.</p>      ]]></description>
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      <title><![CDATA['El rostro impenetrable', de Peckinpah a Brando pasando por Kubrick]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/cine-clasico/el-rostro-impenetrable-de-peckinpah-a-brando-pasando-por-kubrick</link>
      <guid>http://www.blogdecine.com/cine-clasico/el-rostro-impenetrable-de-peckinpah-a-brando-pasando-por-kubrick</guid>
      <pubDate>Mon, 27 Jul 2009 17:54:26 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.blogdecine.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image27272" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/el-rostro-impenetrable-1.jpg" class="centro" alt="el-rostro-impenetrable-1.jpg" /></p>

	<p><strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong> (&#8216;One-Eyed Jacks&#8217;, 1961) es un proyecto que sufrió mil cambios antes de terminar siendo lo que es: uno de los westerns más extraños jamás filmados. Su gestación partió de la novela &#8216;The Autentic Death of Hendry Jones&#8217; de <strong>Charles Neider</strong>, obra que en realidad hacía referencia sobre las andanzas de Billy el Niño. El primer guión fue escrito nada más y nada menos que por <strong>Sam Peckinpah</strong>, por aquel entonces un completo desconocido en el mundo del cine, aunque no en el de la televisión. Como director hizo acto de presencia <strong>Stanley Kubrick</strong> que ni corto ni perezoso echó al futuro director de &#8216;Grupo salvaje&#8217;, quien en años posteriores reconoció dos secuencias del film como suyas. En 1973, Peckinpah hizo &#8216;Pat Garret y Billy the Kid&#8217;, donde curiosamente rescató a dos de los actores secundarios de <strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong>.</p>

	<p>Pero Kubrick no pudo terminar la película porque chocó de narices con alguien cuyo ego y narcisismo superaban con creces a los del director de &#8216;Senderos de gloria&#8217;: <strong>Marlon Brando</strong>, que como era el que mandaba, le dio un puntapié a Kubrick, y el mundo entero se quedó sin saber qué habría hecho éste con un western. Aún así, en el resultado final quedaron resquicios del talento de dos personalidades que darían mucho que hablar en años posteriores.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong> narra la historia de una amistad traicionada, la de Rio y Dad Longworth, dos bandidos que huyendo en México de un robo, uno de ellos (Longworth) tiene que dejar al otro atrás para ir en busca de ayuda. Pero Dad decide dejar a Rio a su suerte, quien pasa cinco años en una prisión mexicana, hasta que un día huye de ella, y busca a Dad para vengarse. Como puede verse, éste era un material idóneo para que Peckinpah realizase el guión, aunque la escritura final es de <strong>Guy Trosper</strong> y <strong>Calder Willingham</strong>, quienes bajo la supervisión de Brando (uno de los actores más poderosos que han existido), quisieron plasmar un western atípico, con buenos no muy buenos, y malos no tan malvados. Una historia compleja llena de grises, tal y cómo lo expresaba Brando, quien se quejó de que al final la productora hiciese una película más accesible y convencional de lo que él realmente hizo. Su montaje tenía una duración de cinco horas, quedando la cosa en dos horas y cuarto. Probablemente estaríamos hablando de una película totalmente distinta a la que tenemos, pero nunca sabremos si mejor o peor. En el primer caso, tendría que haber sido una obra maestra.</p>

	<p><img id="image27274" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/el-rostro-impenetrable-2.jpg" class="centro" alt="el-rostro-impenetrable-2.jpg" /></p>

	<p>El film supone la única película de <strong>Marlon Brando</strong> como director, experiencia que no debió satisfacerle demasiado ya que no repitió detrás de las cámaras, muy probablemente por no poder hacer nada ante la imposición de la productora de que recortase el film. Sea como fuere, lo cierto es que su inexperiencia como director fue notada por todo el equipo de rodaje, que tuvo que aguantar como Brando se extendía en los días de filmación, o como se pasaba horas sentado frente al mar preparándose psicológicamente para una secuencia (los inconvenientes del Actor´s Studio). Con todo lo problemático que fue el rodaje y la postproducción, hay que decir que <strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong> (imperdonable y casi ridículo título español) es una gran película, no exenta de fallos, pero con un poder de fascinación que aún a día de hoy sigue totalmente vigente.</p>

	<p>Y es que hay algo de enigmático y atractivo en una historia que se sustenta sobre todo en un esquema clásico, la típica historia de buenos y malo, bañada de apuntes ambiguos, interpretada de forma soberbia por casi todo su reparto, y enfatizada por un Brando que, tras las cámaras, dota a la película de una extraña atmósfera que la enriquece. Uno de sus aspectos más llamativos es que está ambientada al lado del océano, todo lo contrario a la mayor parte de los westerns. Un océano que parece funcionar de catalizador de los sentimientos encontrados de Rio, quien por un lado desea cumplir su venganza, aunque sabe que eso acabará con él, o empezar una nueva vida olvidando todo rencor. Puede notarse en dicho personaje cómo Brando actor choca con Brando director; su interpretación es buena, pero queda en segundo plano ante su ofuscación cuando se filma a sí mismo. Todos los planos en los que aparece, parecen los más grandes planos jamás filmados en todos los aspectos, hasta en su intimismo resulta épico, autocomplaciente, desgarrador, contemplativo y muy confiado de sí mismo. Extraña mezcla de cualidades que representan lo mejor y lo peor de la película.</p>

	<p><img id="image27275" src="http://img.blogdecine.com/2009/07/el-rostro-impenetrable-3.jpg" class="centro" alt="el-rostro-impenetrable-3.jpg" /></p>

	<p>Afortunadamente, <strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong> contiene muchas más secuencias en las que Brando no esté intentando parecer un Dios, y es precisamente el actor quien las consigue. Todo en lo que interpretando da lugar a un clarísimo divismo, resulta lo contrario a la hora de dirigir al resto del reparto. Brando deja a sus actores libres, consiguiendo éstos lo que todo actor persigue: que no se note que está interpretando, ser el personaje. <strong>Karl Malden</strong> se come enterito a su compañero de reparto, con el que ya le unían dos experiencias previas, &#8216;Un tranvía llamado deseo&#8217; (&#8216;A Streetcar Named Desire&#8217;, Elia Kazan, 1951) y &#8216;La ley del silencio&#8217; (&#8216;On the Waterfront&#8217;, Elia Kazan, 1954). Su personaje se ama y se odia al mismo tiempo, y su relación con el de Brando es de lo más conseguido del film (¿ecos de Peckinpah?) A Longworth le mueve la codicia, conseguir dinero, un estatus, y sobre todo, tener controlado un mundo en el que él es el jefe; por la contra en la larga y espléndida secuencia de la fiesta, Longworth es un ser encantador, un perfecto padre y devoto esposo, alguien dedicado a su pueblo, a su gente, y nada haría pensar que tras esa fachada (ojo, no falsa) se esconde un ser que puede ser muy despiadado. Malden en su salsa.</p>

	<p><strong>Katy Jurado</strong>, <strong>Slim Pickens</strong>, y cómo no, <strong>Ben Johnson</strong> componen inolvidables personajes, tal vez un pelín descuidados por ese excesivo recorte de metraje, pero no dañados. Rostros algunos de ellos que parecen haber nacido para pertenecer por derecho propio al género del western, sobre todo en el caso de uno de los mejores amigos de John Ford, que da vida a Bob Amory, que le propone a Rio dar un golpe en el pueblo en el que el amigo que le traicionó es el sheriff, dato con el que Amory jugará todo el tiempo en beneficio propio. Brando hace gala de una sorprendente sobriedad a la hora de filmar a sus secundarios y sus pequeñas historias, utilizando muy inteligentemente los espacios (esa casa al lado del mar, el interior del bar, etc) logrando estar muy inspirado en la planificación. Los tiroteos de la película son una lección de montaje y creación de tensión.</p>

	<p>Tal vez <strong>&#8216;El rostro impenetrable&#8217;</strong> termine de forma precipitada (aunque el duelo es antológico), pero al menos se atreve con un falso final feliz, esa cabalgada final hacia ninguna parte. La extraña sensación que dejan en el recuerdo las imágenes del film sobrevive de forma inesperada al paso del tiempo, y es ése el misterio de una película intrigante en sí misma, que nos muestra a un director ambicioso, minucioso (tal vez se le pegó de Kubrick) y con personalidad, por mucho que el propio actor renegase del montaje final. Mientras pienso en lo que hubiera sido capaz de hacer Brando si hubiese dirigido más películas, me retiro a mis aposentos a escribir sobre el film de terror más ridículo de los últimos años.</p>      ]]></description>
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      <title><![CDATA[Sam Peckinpah y la poesía de la violencia]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/directores/sam-peckinpah-y-la-poesia-de-la-violencia</link>
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      <pubDate>Sat, 27 Jun 2009 14:05:45 +0000</pubDate>

      <author>Alberto Abuín</author>
      <description><![CDATA[
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      <p><img id="image26740" src="http://img.blogdecine.com/2009/06/peckinpah-big.jpg" class="centro_sinmarco" alt="peckinpah-big.jpg" /></p>

<blockquote>Soy una puta, pero una puta muy buena</blockquote>

	<p>Con esa contundente frase se definía a sí mismo <strong>Sam Peckinpah</strong>, de quien un servidor conoció su existencia precisamente el día que anunciaron su muerte, un 28 de diciembre de 1984, cual cruel broma del destino. Con la emisión de &#8216;La balada de Cable Hogue&#8217; (&#8216;The Ballad of Cable Hogue&#8217;, 1970), uno de los westerns más líricos y tristes que se han hecho, me encontré con un director que dotaba a sus secuencias de una fuerza inusual, con un tratamiento de la violencia único, mil veces imitado, otras tantas homenajeado, y nunca superado.</p>

	<p>En Blogdecine os ofreceremos dentro de poco un repaso a la filmografía de Peckinpah, paralelamente al que un servidor está haciendo sobre <a href="http://www.blogdecine.com/tag/clint+eastwood">Clint Eastwood</a> en su doble faceta de actor y director. Nos centraremos en sus trabajos para la pantalla grande, desde el primero, <strong>&#8216;Compañeros mortales&#8217;</strong> (&#8216;The Deadly Companions, 1961), hasta el último, <strong>&#8216;Clave: Omega&#8217;</strong> (&#8216;The Osterman Weekend&#8217;, 1983), tocando algunos factores de su vida personal que indudablemente influenciaron en su forma de hacer cine, de lo ligado que estaba a México (lugar en el que siempre se sintió como en su casa), de su relación con las mujeres (jamás ninguna, de cualquier condición social o edad, se le resistió sexualmente hablando), del valor de la amistad (Kris Kristofferson lo definió como el mayor hijo de puta que había conocido en su vida), y de sus problemas con el alcohol.</p>

	<p>Pero sobre todo, hablaremos de la capacidad de Peckinpah (que hacía westerns, incluso cuando no los hacía) para convertir la violencia en pura poesía, y de cómo el tiempo parece detenerse cada vez que esa violencia aparece en sus películas, para convertirse en un espacio íntimo en el que la vida es algo fugaz que está a punto de irse.</p>      ]]></description>
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