
Habíamos dicho que en 1977 David Cronenberg tenía escrito un guión titulado ‘The Brood’, que deseaba convertir en su quinto largometraje. Sin embargo, y a pesar de lo rentables que habían resultado ‘Shivers’ y ‘Rabid’, no encontró financiación, lo que le llevó a aceptar el encargo de dirigir ‘Fast Company’, un producto que se alejaba diametralmente de todo lo que estaba haciendo hasta ese momento (lo más parecido que realizará luego será ‘Crash’, y lo único en común es que hay coches). Liquidado el asunto, y gracias a un generoso sistemas de ayudas públicas al cine, Cronenberg recuperó el proyecto que había dejado aparcado, y empezó un nuevo rodaje tan sólo tres meses después de acabar el anterior.
Estaba decidido a volver al camino del que se había desviado momentáneamente. Puede que para sus seguidores fuese un error aceptar por aquel entonces un encargo cuya blandita historia no había salido de su cabeza (si bien, como señalamos, arregló bastante el guión), pero ahora parece claro que su trabajo en ‘Fast Company’ supuso un punto y aparte fundamental para su carrera. Además de conocer a unos nuevos colaboradores con los que se entiende perfectamente, el canadiense parece renovarse, adquiriendo una especie de lucidez, y de madurez, que le lleva a dar un salto de calidad con su siguiente película. Para mí es indiscutible que ‘Cromosoma 3’ (título con el que se conoce a ‘The Brood’ en nuestro país) es lo mejor, lo más inquietante, contundente y retorcido que había filmado Cronenberg hasta ese momento.

