
Si no fuera payaso, sería un asesino.(Sergio)
No se ha cansado el señor Álex de la Iglesia de repetir muy orgulloso que ‘Balada triste de trompeta’ es su mejor película. Puede que sea la que siente más suya, o la que mejor le ha quedado teniendo en cuenta lo que había escrito, o la que más satisfecho le ha dejado para todos los problemas que ha tenido; eso me lo creo, pero ni de lejos es su mejor trabajo hasta la fecha. Al contrario, es su peor película. Es un despropósito narrativo, con una desastrosa puesta en escena y un guión nefasto (increíble que lo premiaran en la Mostra de Venecia, por mucho que Quentin Tarantino presidiera el jurado) que ahogan los pocos aciertos de un relato herido de muerte desde el inicio, que se arrastra y agoniza de forma lamentable.
Como la canción de Raphael, la última película del director bilbaíno se titula ‘Balada triste de trompeta’ y llegó a nuestros cines el pasado viernes, cosechando una floja recaudación en taquilla (costó seis millones de euros). Curiosamente, el estreno ha coincidido con el acalorado debate sobre la piratería y la “Ley Sinde”, y estando De la Iglesia tan implicado en un asunto tan impopular, quizá no era el mejor momento para lanzar su película, pero los distribuidores pensaban todo lo contrario y consideraban que era la fecha idónea, como contraste a las familiares películas de las fiestas navideñas. Desde luego hay poco espíritu navideño en ‘Balada triste de trompeta’, una historia llena de violencia que tiene lugar durante el franquismo, y que, según el realizador, es la imagen que tiene de aquellos años, una auténtica pesadilla. Se refleja eso, pero resulta irrelevante cuando la sensación principal es de completo desinterés por lo que sucede en la pantalla.



