Fue pintor y su escritura nunca tuvo visos literarios, pero fundó (e incluso terminó) con un estilo. Su escritura era inimitable, por eso la idea de que Farber tuviera discípulos sonaba realmente ridícula, tan ridícula como la de pensar que hay poetas que pueden declararse seguidores profundos de William Blake. Hay figuras que se mantienen aisladas, felices en tal dicha. Muchas veces no recordamos a los mejores críticos de cine, pero Farber fue uno de ellos. No ha sido todavía debidamente traducido al castellano, pero por otra parte ¿podría usted, oh alma de cántaro, entender esa prosa?
Porque incluso los anglosajones sospechan de todo cuanto Farber escribe, todos detectan en su prosa algo intraducible, profundo. Y sin embargo, hubo una traducción y más que aceptable. El libro se llamó Arte Termita contra Elefante Blanco y Anagrama todavía no se ha dignado en volver a editarlo y si tenemos en cuenta que la edición está fechada en 1974 creo que ya están tardando. La traducción fue de José Luis Guarner, a la postre prologuista. ¿Quién sino Guarner para traducir y entender la brillantez de Farber? ¿Quién sino Guarner, el mejor crítico de cine que ha tenido la historia española, el más insobornable, el más incansable, el más añorado?



Ayer en El País, Jordi Costa, publicaba un excelente artículo sobre 