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Mis secuencias mágicas de cine: El pelo rojo de Julianne Moore

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En ‘Vidas Cruzadas’ (Short Cuts), la película que realizó Robert Altman sobre algunos cuentos de Raymond Carver, Julianne Moore interpretaba el personaje de Marian Wyman, esposa de Matthew Modine en la misma (el cuento en cuestión de Carver es ‘¿Quieres callarte, por favor?’), en la que no sólo roba escenas, sino que se hace ama y señora de toda la película. Simplemente por la secuencia que podéis ver más arriba, los minutos en los que aparece desnuda de cintura para abajo mientras le confiesa una infidelidad pasada a su marido. Todo el mundo se acuerda de eso, y de su pelirrojo vello púbico.

Quizás la secuencia debe parte de su fama a un diálogo entre Robert Altman y Julianne Moore, cuando el primero le ofreció el papel que rechazó Madeleine Stowe, y le comentó la secuencia en cuestión. “Puedo hacerlo, y además te ofrezco una prima adicional”, le respondió ella, “soy pelirroja de verdad”. Ese es el mito, pero lo cierto es que visto en acción, los ojos no ven otra cosa, pese a la tensión de la escena, al hecho de que estamos tratando de confirmar que es cierto, mientras la actriz se desgañita contando el porqué de lo que hizo a un marido que no debería haber preguntado.

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Mis secuencias mágicas de cine: 'Tiburón' de Spielberg visto con el paso de los años

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Jaws attack

A pesar de que Spielberg tiene muchas buenas películas, considero que ‘Tiburón’ es la más redonda de sus obras, de esas películas por las que no pasa el tiempo, por mucho que fuera rodada en 1975. Nosotros mismos, con el paso de los años y con cada visionado, vamos viendo las películas desde diferente perspectiva. De Tiburón uno recuerda el arranque, un baño en el mar de madrugada, un susto, dos, tres, la desesperación de la bañista que no sabe qué le está atacando, y de repente cuando todo acaba, el júbilo de un pueblo de costa envuelto en el periodo de vacaciones, y los nervios del jefe de la policía ante lo que se avecina. Todo el mundo recuerda ese arranque, la impresión que produce el primer visionado del mismo, sobre todo con los ojos de un adolescente. Nunca una aleta de tiburón sobresaliendo sobre el agua produjo tanto pavor, no en esa secuencia, que tiene la virtud de no mostrarnos al animal.

Año tras año, la televisión rebajó el grado de tensión de la película al programarla siempre en sesión de tarde, pero incluso a la luz del día, la secuencia del ataque a los bañistas suponía todo un prodigio de montaje, al centrar la misma en el personaje de Roy Scheider, tratando de sacar a todo el mundo del agua, con la tensión de alguien que se siente responsable por no tener la playa cerrada conociendo lo que conoce, y ante todo porque es padre. Y aquí es donde quiero llegar con todo lo que estoy comentando.

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Mis secuencias mágicas de cine: Hola, mi nombre es Iñigo Montoya...

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Tengo una amiga que en sus momentos chungos, por llamarlo de alguna manera, recurre al cine para animarse, en especial a una única película, ‘La princesa prometida’. La ve, llora, y recarga las pilas, o eso me comenta. Si algo tiene ‘La princesa prometida’ es que para muchos aficionados se trata de una película de culto, que les preguntas por sus películas favoritas, y en muchas ocasiones este título aparece en su lista, por la historia, por todo, por Iñigo Montoya. Mandy Patinkin fue el actor que le interpretó, y para la historia del cine ha quedado su “Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, preparate a morir…”, repetido varias veces sin parar en la secuencia que todos tenemos en la cabeza.

No es que tenga la misma devoción que mi amiga por esta película, es capaz de recitar todos los diálogos importantes, y quizás me gusta más cuando hablo con ella de la película o la escucho rememorar sus frases, pero el personaje de Iñigo Montoya, acierto en el nombre, acierto en todo, acapara la mayoría de mis recuerdos. Ésta por encima de todos, en especial en la secuencia mágica que destaco. Esa es la magia del cine.

Nota: El vídeo de arriba es la interpretación de la frase de Mandy Patinkin con su voz original, sin palabras. En la continuación tenéis dos vídeos contando la historia de la misión de Iñigo Montoya, y la secuencia completa con la repetición de la frase.

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Mis secuencias mágicas de cine: Sydney Pollack, 'Tal como éramos' y 'Memorias de África'

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Hay dos secuencias de entre todas las películas de Sydney Pollack que me reconfortan, principalmente por lo que transmiten, y aunque piense que más que el director, sea culpa de las otras personas que intervienen en ellas. Seguramente para mí son mágicas por la música. Dos declaraciones de amor sin besos, y sin declaración valga la redundancia. El final de ‘Tal como éramos’, con la música de The Way We Were de fondo. La secuencia del avión volando sobre África con la banda sonora de John Barry en ‘Memorias de África’. Las dos inmortales a su manera.

Cierto que Sydney Pollack comentó en más de una ocasión que su película es, tras el marco de una historia de amor, una fuerte crítica a la época del senador McCarthy, al desencanto que vivió una generación castigada por la represión política que instauró este senador. Y así debería entender estar película, pero me pasa como a los fans americanos de la misma, me quedo con la historia de amor, sobre todo por cómo se cierra la misma. El final de ‘Tal como éramos’ parece algo más que un reencuentro y una despedida de los personajes. Es la respuesta a un amor imposible. Se ve y se sabe que los dos se quieren, por lo que se dicen, por cómo se lo dicen, las miradas, las pausas, el nerviosimo del encuentro inesperado tras años sin verse. Tanto Barbra Streisand como Robert Redford transmiten todo eso en apenas dos minutos, e incluso uno podría imaginar lo que ha podido pasar entre ellos sin haber visto la película. La sensación de dos personas que se aman, pero no pueden estar juntos porque serían infelices. El amor imposible por vivir fiel a unos ideales. Porque saben que es así y nada se puede hacer, cerrado por The Way We Were.

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Mis secuencias mágicas de cine: La pistola de Indiana Jones

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Pertenece a las secuencias que se quedan grabadas en la memoria. Aquella en la que Indiana Jones es amenazado en ‘En busca del arca perdida’ por un guerrero árabe, e Indy soluciona la pelea de un disparo. La grandeza de la escena está en el gesto de Harrison Ford cuando ve los malabares del guerrero, en el que podemos leer un “venga ya, corta el rollo, y no me hagas perder el tiempo”, y que no es más que una improvisación del propio actor (esto un soplo de Alberto, gracias), que harto y cansado de rodar peleas, se comenta que estaba en ese momento con fiebre, propuso rodar la secuencia de esa manera. Y la propuesta, trajo otra mejora, que en el plano siguiente, Spielberg rodara el disparo desde detrás de Indiana Jones, para mostrar que en ese momento a Indy hay otras cosas más importantes que le preocupan. La escena, que es un magnífico chiste, es cerrado de una manera seca, y el respiro que éste nos da, nos permite coger aire en la persecución para rescatar a Marion, que continúa acto seguido.

Recupero esta secuencia entre esas que considero mágicas, porque la misma escena es utilizada como chiste en ‘Indiana Jones y el templo maldito’, y el significado que le aplica a esta segunda Spielberg con respecto a la primera. Todo porque estamos en una precuela. Aquí, Indy se cruza con dos guerreros con espadas, y la sonrisa socarrona de no vengáis a mí con estas que tengo prisa, se torna miedo cuando la pistola no está en el cinto. Ahí entendemos el significado de ese salto temporal en el tiempo, y que lo que vemos en la segunda secuencia, el olvido de la pistola, es referente en la primera, está claro que ya Indy va a tener cuidado de que cuando eche mano del cinto, la pistola se va a encontrar allí. El guiño a la primera entrega es sobre algo que en teoría en la precuela aún no ha ocurrido, lo que inmortaliza más la secuencia de ‘En busca del arca perdida’.

Cierto que hay más secuencias para destacar, de cualquiera de las tres entregas, pero como adoro la primera parte, a la que considero una de las películas de mi vida, a pesar de Spielberg, o por él, que ya no sé que pensar, os dejo a continuación alguna de de ellas. Porque al final, para cada uno de los que amamos el cine, el doctor Jones tiene un significado especial, un momento de recuerdo y reencuentro con nuestra infancia.

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'Manhattan', una de las películas de mi vida

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[Nota: La versión en vídeo que hemos subido está en español, en este otro enlace tenéis la secuencia de inicio de Manhattan en V.O., con los matices y tonos que le dio el propio Woody Allen]

Como habéis podido ver en alguna publicidad que tenemos colgada en esta página, un medio tradicional pone a la venta una colección con algunas, no todas, de las películas de Woody Allen, a partir de este domingo. La serie tiene un arranque fuerte, porque la primera entrega viene con ‘Manhattan’, una de mis películas favoritas, seguramente una de la películas de mi vida. El inicio de ‘Manhattan’ lo podría incluir en esa serie de secuencias mágicas de cine, pero es tan grande y universal que seguramente para muchos es de por sí mágica, y no descubriría nada nuevo. En esta película el cineasta realiza una declaración de amor completa a la ciudad de Nueva York. La historia es lo de menos, aunque el guión es magistral, lo importante es el decorado, los restaurantes y cafés donde Woody Allen hacía su vida diaria, o esa conversación junto al puente de Brooklyn bajo la bruma y empezando a amanecer, fotograma universal sin duda. La música de George Gershwin, el Rhapsody in blue in crescendo que acompaña a Nueva York según va despertando, tanto al principio como al final de la película (ésta, otra secuencia soberbia), la demostración de que si tienes una vida hecha sin complicaciones, lo mejor es no cambiarlo.

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Mis secuencias mágicas de cine: 'Atlantic City', el limón y Susan Sarandon

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Se trata de películas que para el común de los mortales no llaman la atención, pero en base a una gran interpretación como la de ese monstruo que terminó siendo Burt Lancaster con los años, y a un director como Louis Malle, que pese a sus altibajos en su época americana, nos regaló una joyita como ‘Atlantic City’.

La escena en cuestión es aquella en la que Susan Sarandon, joven, atractiva, deseable, se lava con un limón el cuerpo, ante la atenta mirada de ese gánster en decadencia que interpreta Burt Lancaster, y que gracias al deseo que despierta en él Susan Sarandon y su personaje, recupera las ganas de vivir. Lo importante de la secuencia, no es lo que se ve sino lo que se intuye. A la Sarandon al principio no la vemos de frente, y luego la miramos a través de los ojos de Lancaster, el pasado mirando al futuro, al deseo delante de nosotros, a la fruta prohibida aunque cercana. Para al final sí observar, con una elevada carga de erotismo, como se seca y se viste, y como uno es capaz de aguantarse.

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Mis secuencias mágicas de cine: Sally fingiendo el orgasmo

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Sucede que a veces las películas quedan marcadas para siempre por una secuencia. Da igual la calidad de la misma, si en apenas tres minutos se logra un momento mágico y sorprendente, por lo inesperado. Bastante gente me comenta que ha sido su mejor interpretación, y puedo afirmar que esta película tardó en ganarme, pero una vez que lo consiguió, pasó a ser de mis favoritas. Pese a Billy Cristal. Hablo de ‘Cuando Harry encontró a Sally’, y de la escena en la que Meg Ryan finge un orgasmo en una cafetería llena de público.

Momento cómico donde los haya, repetido cientos de veces en cualquier antología de grandes momentos del cine, y una declaración del poder de la mujer abrumadora, dando al sexo masculino donde más le duele, sentirse engañado. La escena, con el tiempo sentó un precedente, y variadas han sido las veces que han tratado de imitar su comicidad. Gracias a ella, hablo de la película, Meg Ryan se convirtió en la reina de las comedias románticas, hasta que la edad dijo basta. Ahora, pese a sus intentos de hacer cine diferente, cuesta verla en papeles con sustancia (ahora que la semana que viene tiene nuevo estreno con Antonio Banderas), y si lo pienso con frialdad, es carne de serie de televisión. Y esto no es algo despectivo, allí puede revivir una segunda juventud, con algún papel que sepa explotar sus cualidades. Eso sí, que no lo haga junto a Billy Cristal. Con una vez ya hubo suficiente.

Otras de mis secuencias mágicas en blogdecine:

Mis secuencias mágicas de cine: 'Julio César' y el arte de manipular a la plebe

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Debí de ser de los poquitos que se tragó todo el maratón de la serie Roma durante la pasada Semana Santa. Cierto que fue algo demasiado intenso para paladear en tan poco tiempo, pero tenía que hacerlo, hay que exprimirlo al máximo. Lo cierto, tras ver la serie, fue que la imagen que tenía en mi cabeza de Marco Antonio, cayó por los suelos tal y como lo dibujaron en la serie. Y entiendo que dibujó un perfil bastante fiable de cómo fue en realidad Marco Antonio (mujeriego, egoista, y menos héroe de lo que en realidad pensaba). Aunque la imagen de Octavio, un enfermo y peligroso dictador, también me la dejó por los suelos, contrariamente a lo que he podido descubrir sobre Bruto, vendido como un traidor cuando en realidad fue capaz de ver el grave problema que suponía Julio Cesar para la República de Roma.

Lo cierto es que la imagen que tenía en mi cabeza de Marco Antonio, se debía en realidad al cine, a la película de Mankiewicz, ‘Julius Caesar’, y a la interpretación de Marlon Brando como Marco Antonio. En especial los dos monólogos que interpretó tras el asesinato del César. Así que aprovechando la entrada de Alberto sobre el cine político, no he podido remediar traeros sendos monólogos, para ver lo gran actor que era el Brando entre tantos actores ingleses habituados a trabajar con textos de Shakespeare, empezando por el “Dogs of war” con el que se abre esta entrada, justo tras ser asesinado César y cuando Bruto está justificando el que los senadores decidieran hacer lo que hicieron.

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Richard Widmark será siempre Tommy Udo

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Murió Richard Widmark, gran actor, pero desconocido para las generaciones jóvenes (como hemos podido ver en algunos de vuestros mails). Sin embargo, para la mente del cinéfilo, evocar su nombre es recordar a uno de los grandes malvados de la historia del cine, aunque lo cierto es que era tan grande en registros que podía hacer lo que le diese la gana. Si se le recuerda por sus papeles de malo, a la mente viene un nombre: Tommy Udo (‘El beso de la muerte’). Eso sí que fue empezar con buen pie en Hollywood, aunque le terminará encasillando al principio de su carrera.

Todos recordamos su hablar a saltos, su rostro pétreo, la mirada loca de psicópata, el corte de pelo, pero sobretodo la risa que él incorporó al personaje, rasgo con el que siempre identificaremos a Tommy Udo. Reconocible por encima de todo, con la secuencia que os hemos colgado encima del texto, la mítica en la que ata y tira por la escalera a una mujer inválida en el colmo de la maldad (lo intuyes, pero no crees que el director se termine atreviendo a rodarlo). Es uno de esos malos, míticos, en los que ha entrado Anton Chigurh (por identificar su interpretación con un personaje reciente), aunque a Widmark, pese a estar nominado, no le dieron el Oscar (cosa que no importa cuando una interpretación se queda grabada para siempre en la memoria).

En la continuación de la entrada, tenéis otra muestra sobre cómo compuso Richard Widmark el personaje de Tommy Udo, literalmete sus cambios de humor dan miedo.

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