Sexo, pero no pornografía
El sexo en el cine es un tema que ha traído cola. Se ha hablado más de él para censurarlo y criticarlo que para analizarlo.
Habitualmente, las películas que muestras relaciones sexuales, las incluyen como algo gratuito. Esto no quiere decir que no te cobren entrada cuando vas al cine a verlas, sino que se introducen en el guión con la única intención de mostrar algo de carne, no porque sean necesarias para contar la historia o retratar a los personajes. Únicamente en películas como ‘Instinto básico’, ‘Átame’, ‘Showgirls’ y unas cuantas más, las relaciones sexuales son imprescindibles para la película pues es en esos momentos en los que se muestra la dominación, la competitividad, la evolución en los sentimientos de los protagonistas.
Además de que el sexo suele ser gratuito en el cine, es muy irreal. Es habitual que las mujeres copulen con el sujetador puesto, que los movimientos sean mecánicos, que se exageren las reacciones y que todo sea demasiado limpio y perfecto para ser de verdad. Sólo algunos filmes muestran los momentos íntimos con realismo, como por ejemplo ‘Intimidad’, de Patrice Chéreau.
El sexo puede estar muy patente en una película y en las mentes de sus personajes, puede ser el tema subyacente en un filme, sin que se vea ningún desnudo y ningún plano de coito u otras prácticas sexuales. Puede ser un arma de dominación, puede ser una carencia que impulse a alguien a actuar de determinada manera, puede ser el móvil de un crimen. En estos filmes, el sexo está más presente, sin estar presente, que en los que he mencionado antes, que simplemente incluyen escenas gratuitas de interacción carnal. Un buen ejemplo sería ‘La gata sobre el tejado de zinc caliente’. En otras, es sólo el camino para algo más espiritual, emocional, incluso social, como en el caso de ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’.
