'G.I. Joe', mucho ruido y ningún sentido

Stephen Sommers se hizo un nombre gracias a la entretenida revisión de ‘La momia’; luego hizo la taquillera (y muy inferior) secuela y la desastrosa ‘Van Helsing’, donde quedó claro que ya no le quedaba nada por ofrecer. Cinco años después vuelve a la dirección con ‘G.I. Joe: The Rise of Cobra’, que también ha resultado ser otro éxito de taquilla, al menos en su primer fin de semana (algo lógico debido a la fuerte campaña de publicidad, se desplomará muy pronto). La película nos presenta al equipo de élite de los G.I. Joe, que utiliza la última tecnología en equipos militares para luchar contra un traficante de armas y una misteriosa organización cuyo símbolo es la cabeza de una cobra.
Empiezan los créditos finales, y aún no me ha dado tiempo a incorporarme en la butaca cuando una marea de jovencillos se lanza a la puerta de salida, entre risas y gritos. En pocos segundos, la sala está prácticamente vacía, mientras en la pantalla aún desfilan los nombres de los actores principales. Nadie mira ya en esa dirección. Lentamente, aún aturdido por la cantidad de tonterías que hay en la película, con el cuerpo como si me hubiera pasado por encima un elefante, dejo el bote de coca cola en la basura y me pregunto si ‘G.I. Joe’ sirve de algo, si da lo que se espera de ella.






