
Son las once de la mañana. Me encuentro ahora mismo en la sala de prensa del hotel Meliá. Tecleo con rapidez. Mi cabeza quiere que escriba. Lo que sea, ya. ‘Mr. Nobody’ tiene la culpa. Acabo de verla y necesito decirlo: me ha emocionado tanto, me he sentido tan dentro de la película, que he sentido la necesidad de llorar, de aplaudir, de gritar. Me ha dejado clavado en la butaca. Aún no he podido asimilar lo que he visto, ni que dentro de un rato podré charlar con el director de esta impresionante, preciosa, única obra de arte. No la he comentado con nadie todavía, claro, pero supongo que es de esas películas que o te llegan, y te tocan el alma, o te resbalan por completo, y te parece una gran bobada. Lo comprobaré cuando se estrene en cines, si es que lo hace…
Ha sido curioso, como el protagonista de la historia, hace unas horas tuve una especie de visión del futuro. Me vi a mí mismo en esa misma butaca, fascinado por las imágenes de la película. En realidad estaba frente a un espejo, mojándome el pelo, y me quedé un momento quieto, pensando en eso, mirando mis enrojecidos ojos y teniendo claro que eso que tenía en mi cabeza iba a ocurrir. Me acordé también de ‘La fuente de la vida’ (‘The Fountain’). No sé si porque Jared Leto, el señor nadie de Jaco Van Dormael, trabajó antes para Darren Aronofsky, o porque la película con Hugh Jackman me dejó en el mismo estado en el que me encuentro ahora. Ya sabéis, como cuando miras al horizonte y te sorprende la imagen que forman las nubes, el Sol y la luz. No, no he fumado nada. Cine, en todo caso. He experimentado cine de gran calidad.


