
El origen de ‘Kill Bill’ surgió mientras Quentin Tarantino, y su fogosidad cinéfila, rodaban ‘Pulp Fiction’. Quedó prendado de Uma Thurman y quería que fuera la protagonista de su siguiente trabajo. Esbozó algunas ideas y junto a ello imaginaron una historia de venganza, de una asesina reconvertida en busca de justicia y redención. Todo quedó en un amago del cineasta llevado por la emoción de intentar rendir su particular homenaje al cine asiático al que tanto admira. Al cine de artes marciales, de kung-fu, a series de TV sobre samuráis, al exlpitation de los setenta,...
Años después, y tras realizar ‘Jackie Brown’, llegó el momento de darle forma a la idea embrionaria de una novia en busca de venganza. Y aquí Tarantino se explayaría. Intentaría lograr, ahora que podía, la máxima libertad creativa para hacer un film de acción, de artes marciales y de imponer su estilo. Acción y sangre a golpe de katana era el plato que le apetecía ofrecer y consiguió una película tremendamente entretenida, aunque dejando atrás algunos de sus principales baluartes de su estilo, para volver a reinventarse, o más bien sacar el lado más bestia tras años de “infectarse” de exploitation films.

