Anoche tuve un sueño muy perturbador. Estaba haciendo el amor con un desconocido. Estaba incómoda, porque era viejo, y se estaba muriendo… y olía mal, lo encontraba repugnante. Pero entonces me dijo que todo es erótico, que todo es sexual. Que la carne vieja es erótica. Que la enfermedad es el amor que sienten dos clases de criaturas extrañas. Que incluso morir es un acto de erotismo. Que hablar es sexual. Que respirar es sexual. Incluso existir físicamente es sexual. Y le creo, y hacemos el amor maravillosamente.
Seguimos con el repaso a la interesante carrera del director David Cronenberg. Decíamos en el anterior artículo que tras terminar ‘Crimes of the Future’ y quedar fascinado con el Festival de Cannes, decide que definitivamente quiere dedicarse al cine, cambiando la manera en la que estaba haciendo películas, buscando ser más accesible (sin perder por ello su identidad, como veremos). Así que en 1973, tras trabajar en televisión, Cronenberg termina el guión de su nuevo proyecto, ‘Orgy of the Blood Parasites’ (‘La orgía de los parásitos de la sangre’), y empieza a buscar financiación marchándose incluso a Estados Unidos. Pero de nuevo recibe ayuda pública de Canadá y por fin puede llevar a cabo su tercer largometraje.
Un tercer trabajo que se estrenó en cines en el año 1975 bajo el título original de ‘Shivers’, que significa literalmente ‘Escalofríos’; nuestro ‘Vinieron de dentro de…’ proviene del título estadounidense ‘They Came from Within’. La película fue un rotundo éxito de taquilla que cosechó unas inevitables críticas devastadoras, centradas en verla sólo como una muestra más de gore y sexo gratuito; curiosamente, en el Festival de Sitges se alzó con el premio a la mejor dirección. Manteniendo el tono y el espíritu de sus primeros experimentos, pero ordenando y estructurando un poco sus ideas, Cronenberg había logrado reiniciar su carrera.


