
Hoy es el día, hoy estrenamos —no sin retraso, como casi siempre, y lo sentimos, como casi nunca— la nueva sección de Blogdecine Críticas a la carta, idea que prácticamente a todo el mundo, me refiero a vosotros, lectores, pareció maravillosa, cosa que elevó mi humilde ego a niveles de los que os vais a acordar el resto de vuestras vidas. Y no es para menos, porque teniendo a vuestra disposición toda la historia del cine, repito, toda la historia del cine, el elegir ‘Las aventuras de Ford Fairlane’ (‘The Adventures of Ford Fairlane’, Renny Harlin, 1990) para iniciar esta sección, me ha parecido que con ello demostráis que los tenéis bien puestos. Nuestro ávido y chulo lector The Rock Actitud ya me avisó personalmente —sí, es un amiguete del facebook— que iniciaría toda una revuelta para que dicho film fuera el elegido. No le hice caso, no porque no creyese que fuera capaz de hacerlo, sino porque sinceramente pensaba que esta película no saldría ganadora.
Ni John Ford, ni Orson Welles, ni Hitchcock, ni Shyamalan, ni Kurosawa, ni Ozu, ni leches. Renny Harlin. Ahí, tan chulo como el personaje central de este engendro. Sí, voy a ser totalmente sincero y es mejor llamar a las cosas por su nombre desde el principio. Me lo debéis, aquí tenéis la crítica que queríais y aunque ahora lo justo sería que yo despotricase a gusto contra ella —es lo que hago con bodrios de semejante calibre— voy a intentar moderarme. Así no me tacharéis de sabe Dios qué, utilizando sinónimos como pedante, listillo, y esas cosas que tan bien se os da. Pero lo siento, es que no puedo con esta película. Ni que lo hubierais hecho adrede.

