
En la selección de hombres clásicos aventureros que hice para la gente de L´Oréal incluà al actor Robert Redford por su naturalidad frente a una cámara, principal caracterÃstica de sus interpretaciones. Curiosamente su carrera como director ha ido más o menos en la misma dirección, y hemos comprobado que lo que es válido para la actuación tal vez no lo sea para la dirección. Con esto no estoy intentado decir que Redfrod sea un mal director, ni muchÃsimo menos; sus pelÃculas poseen un aspecto formal bastante logrado, y su pulso narrativo parece beber de las fuentes que bebÃan realizadores como Sydney Pollack, algo lógico y muy coherente dada la relación de Redford con dicho director, que dicho sea de paso, no arriesgaba demasiado en sus pelÃculas. Lo mismo que Redford, que con el paso de los años, se revela como un realizador perfectamente conocedor del medio, pero sin apenas fuerza, alma o el término que más se ajuste a la sensibilidad de cada uno.
En el caso de su penúltimo trabajo tras las cámaras —recordemos que ya se encuentra filmando una nueva pelÃcula, ‘The Company You Keep’, con un reparto espectacular—, ‘La conspiración’ (‘The Conspirator’, 2011) termina resultando un film que no es mejor ni peor que las demás pelÃculas del director, con la excepción de su ópera prima, ‘Gente corriente’ (‘Ordinary people’, 1980), todavÃa su mejor trabajo. En él establece una relación entre un drástico hecho del pasado de la historia de los Estados Unidos —el asesinato de Lincoln— y hechos más recientes de igual importancia, concentrándose en el posterior juicio a los principales sospechosos, hecho no demasiado aireado. Redford, lejos de resultar polémico, es sutil, quizá demasiado. Y es que muchas veces, el no mojarse a fondo tiene sus consecuencias.





