En ‘Matrimonio Compulsivo’, el personaje de Ben Stiller, harto de que le digan que se case, cree que ha encontrado al amor de su vida y se compromete con ella de por vida. Sin embargo, pronto descubre que se ha decidido demasiado pronto. Justo entonces conoce a la que (ahora sí, se supone) parece ser la chica de sus sueños. En lugar de hacer lo correcto, de ser honesto, el recién casado decide mentir a todos, disfrazándose por partida doble, con tal de pasar menos tiempo con su esposa y más con la mujer que acaba de conocer. Por supuesto, la telaraña de falsedades es débil y es cuestión de tiempo que sea derribada.
Los Farrelly nunca han contado historias románticas clásicas, ni saben hacerlo ni les interesa. A ellos les van las guarradas y los personajes como el de Stiller, tipos que resultan más despreciables que otra cosa, pero que, en el fondo, no dejan de caernos simpáticos, porque todos queremos ser felices, a toda costa. A diferencia del mentiroso protagonista de la historia, los Farrelly son brutalmente honestos. Cualquiera que haya visto dos o tres películas firmadas por estos hermanos, sabe cómo será la nueva. Una pena que no intenten mejorar, pero por lo menos no le toman el pelo a nadie.


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