
Como sabéis, este pasado viernes se estrenó en España lo último de Álex de la Iglesia, ‘Los Crímenes de Oxford’ (‘The Oxford Murders’). Basada en la novela de Guillermo Martinez, la película gira en torno al profesor Arthur Seldom y a Martin, un joven estudiante americano recién llegado a la universidad de Oxford con motivo de su tesis doctoral. Una anciana, que aloja al muchacho, aparece asesinada en el salón de su casa, comenzando así un juego macabro. Todo apunta a que alguien quiere jugar no sólo con la policía sino también con el profesor Seldom.
Cuando acabo de ver una película, normalmente, a veces durante los créditos, necesito charlar atropelladamente sobre ella, soltar y recibir comentarios en poco tiempo, con el visionado aún muy reciente. Otras veces me quedo mudo, y se debe a dos razones; o he visto una obra maestra de la que es mejor no decir nada (por el momento) o me he llevado un chasco tremendo. Como podéis suponer sin mucho esfuerzo, con ‘Los Crímenes de Oxford’ me pasó esto último. Personalmente, creo que las expectativas sólo juegan con las películas menores. Es decir, si te plantas ante una buena película, da igual que te hayas sentado a verla pensando que es la nueva maravilla del séptimo arte o la mayor basura filmada en todo el año. No he ocultado que Álex de la Iglesia me parece el mejor director que tenemos en este país, ni que le tenía muchas ganas a ‘Los Crímenes de Oxford’.



¡Alex de la Iglesia contará con Frodo para su próxima película! Ése iba a ser el titular de esta noticia, pero con la polvareda que han levantado las inocentadas en este blog, lo último deseable sería crear más desconfianza. Voy al grano y con el estilo objetivo (JA) que tanto gusta a algunos que dicen que nos leen a diario. 