
De todos los westerns realizados en la década de los 50, entre algunas de las joyas realizadas en el género, y prácticamente conocidas por todos, hay un pequeño grupo de siete películas dirigidas por Budd Boetticher. Fue éste un realizador poco conocido tanto entonces como ahora o mejor habría que decir que fue poco reconocido. Sólo el paso inexorable del tiempo pone las cosas en su sitio, y aunque para la mayoría de los espectadores su nombre no les diga nada (también es cierto que la mayoría de los espectadores piensan que el cine se inventó en los años 90, y que lo inventó Tarantino), el lugar de Boetticher en el transcurso de la historia es innegable.
Al lado del actor Randolph Scott, que ejerció tareas de productor en alguna ocasión, realizó esas siete películas, algunas de las cuales influyeron poderosamente en el género. No todas tuvieron una calidad superior, pero en el caso que nos ocupa estamos hablando de un gran film. Un western, con una historia pequeña, contando cosas grandes, y con una violencia inusitada, casi insoportable. Un film que, en cierta medida, recuerda a la magistral ‘El hombre del oeste’ de Anthony Mann, y nada tiene que envidiarle a otros westerns realizados en aquellos años.

