
Con Ashley Judd y Patrick Dempsey como protagonistas y unos carteles que explotaban sus presencias, todo hacía pensar que ‘Atraco por duplicado’ (’Flypaper‘, 2011), de Rob Minkoff, sería una película de amor, lo que me viene muy bien para hablar hoy, 14 de febrero, de ella. El film, sin embargo, es mucho más que eso, ya que pasa de estar centrado en el género de los atracos a bancos, que tan buenos resultados ha dado en el cine, a convertirse en un “whodunnit“, ya sabéis: una de esas narraciones en las que existe una muy limitada lista de sospechosos encerrados en un espacio infranqueable y hay que adivinar cuál de todos ellos es el asesino. Salvando las distancias, diríamos que el film comienza siendo ‘Plan oculto’ (‘Inside Man’, 2006), de Spike Lee, para transformarse en una mezcla de cualquier adaptación de ‘Diez negritos’, de Agatha Christie, –sin disimulo, ya que hasta el diálogo hace una alusión al título original, cuando Dempsey dice: “And then there were three“– y ‘El juego de la sospecha (Cluedo)’ (‘Clue’, 1985), de Jonathan Lynn, con guion de John Landis. La faceta de comedia romántica existe, por supuesto, pero en mucho menor medida.
Kaitlin es una bella y elegante cajera de banco que mata de envidia a sus compañeras con su flamante anillo de pedida y sus promesas de una boda en un exótico país lejano. Tripp, un hombre con un problema psicológico grave, que se podría ubicar entre el autismo y el síndrome obsesivo compulsivo, está cambiando un billete en unidades más pequeñas ante el mostrador de la protagonista, justo cuando dos bandas de atracadores irrumpen en el banco. La primera la componen sofisticados ladrones armados de tecnología y con capacidad para hackear el sistema informático. La otra se limita a dos paletos que ni siquiera llevan máscara y que solo pretenden volar los cajeros.








