
Clint Eastwood se encontraba en un momento bueno de su carrera a pesar de que sus últimas películas no habían sido un éxito ni de lejos. Pero sí estaba teniendo una buena aceptación crítica como director a nivel mundial, sobre todo gracias a trabajos como ‘El jinete pálido’ (‘Pale Rider’, 1985) y ‘Bird’ (id, 1988), films que sorprendieron a propios y extraños, algo totalmente incomprensible si tenemos en cuenta que a esas alturas ya había realizado joyas como ‘Escalofrío en la noche’ (‘Play Misty for Me’, 1971), ‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’, 1976) o ‘El aventurero de medianoche’ (‘Honkytonk Man’, 1982). Y aún así, no sería hasta 1992 cuando todos verían lo que era obvio desde hacía muchos años, aunque ya hablaremos de eso.
‘El principiante’ (‘The Rookie’, Clint Eastwood, 1990) fue la película con la que el famoso actor/director saldaría una especie de cuenta con la Warner por el fracaso comercial de su anterior film, la mucho más íntima y personal ‘Cazador blanco, corazón negro’ (‘White Hunter, Black Heart’). Eligió un guión muy simple, obra de Boaz Yakin y Scott Spiegel, expertos en escribir guiones de terror o fantasía, algo que se nota viendo una película que le sirvió a Eastwood para ser altamente provocativo. Una especie de Harry Callahan a lo bestia.



