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		<title>Magazine - una-serie-de-catastroficas-desdichas</title>
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Blog de cine, los trailers y críticas de películas de todos los estrenos. Información sobre futuros rodajes y todo sobre las estrellas.		</description>
		<pubDate>2012-05-26 14:21:50</pubDate>

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      <title><![CDATA[Emmanuel 'El Chivo' Lubezki, el gran operador de la actualidad]]></title>
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      <pubDate>Tue, 06 Sep 2011 09:01:16 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image41167" src="http://img.blogdecine.com/2011/09/1964331_650.jpg" class="centro" alt="1964331.jpg" /></p>

	<p>Existen numerosos directores de fotografía de grandísimo talento en la actualidad. Tanto en Europa, como en América o Asia y África. Curtidos y hasta ancianos, pero también muy jóvenes. En el fascinante y compulsivo mundo de la fotografía cinematográfica hay muchísimos nombres que están por eclosionar, y grandes maestros que pueden que no hayan dicho su última palabra. Aunque el título de este artículo lo desmienta, es muy difícil quedarse con uno y elegirlo como el más grande. Admiro hasta la extenuación a grandes tipos (todos ellos vivos, que de eso estamos hablando) de la vieja escuela como <strong>Robert Richardson, Roger Deakins o Michael Ballhaus</strong>. Otros más modernos y más versátiles de la brillantez de <strong>Darius Khondji</strong> o <strong>Janusz Kaminsky</strong>. Verdaderos genios innovadores como <strong>Christopher Doyle</strong> o <strong>Gordon Willis</strong>. Poetas de la imagen como <strong>Eduardo Serra</strong> o <strong>Robert Elswit</strong>. Gente joven que viene pegando fuerte, como <strong>Matthew Libatique</strong> o <strong>Rodrigo Prieto</strong>. Pero creo que <strong>Emmanuel Lubezki</strong> es el operador que más ha logrado a menos edad y que con mayor tesón ha presionado los límites de su destreza para ir mucho más allá.</p>

	<p>Le apodan &#8216;El Chivo&#8217; y nació en México de una familia judía en 1964. Menos de veinte años más tarde ya hacía cortos como director de fotografía y sabía que lo suyo era el cine para el resto de su vida. No ha cumplido cincuenta años (en el cine eso es ser todavía un chaval) y ya representa para muchos futuros operadores (y para algunos consagrados que observan con detenimiento y pasmo cada uno de sus nuevos trabajos) un maestro inigualable, capaz de aunar un conocimiento de la técnica cada día mayor (explorando con nuevas cámaras, metamorfoseando su estilo y sus gustos, llevando a cabo hazañas visuales que otros muy dotados sólo pueden soñar) con una perspicacia quizás única a la hora de entender y afrontar cada uno de los nuevos proyectos a los que se enfrenta, y a los que dota de una elegancia y una profundidad lumínica que muchas veces se pasa por alto a la hora de ver la película (pues rara vez resulta exhibicionista o autocomplaciente, por no decir nunca) pero que siempre está ahí en pequeños detalles que sólo un avezado cinéfilo puede identificar: elecciones del punto de vista, de la fluidez del uso de la cámara, de los reflejos más dispares en cualquier superficie imaginable. Trallazos de genio que enriquecen muchísimo la experiencia visual de sus películas.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>También es verdad que Lubezki ha tenido la suerte de trabajar (y de repetir) al lado de dos de los directores con más sentido visual de la historia del cine: el mexicano <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/directores/alfonso-cuaron">Alfonso Cuarón</a> y el norteamericano <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/directores/terrence-malick">Terrence Malick</a>. Con su amigo Cuarón ya va a filmar la sexta película, y con Malick probablemente la cuarta. Con ellos ha dado lo mejor de sí mismo, que es bastante más de lo que puedo explicar aquí. Pero no solamente con ellos. Desde su triunfal iluminación de la entrañable <strong>&#8216;Como agua para chocolate&#8217;</strong> (Alfonso Arau, 1992), con tan solo 28 años, ha sabido responder a la exigencia de una industria feroz. Hizo la fotografía de <strong>&#8216;Bocados de realidad&#8217;</strong> (&#8216;Reality Bites&#8217;, Ben Stiller, 1994) y en 1995 se mudó definitivamente a Estados Unidos. Volvió al seno de Cuarón con la imagen de <strong>&#8216;La princesita&#8217;</strong> (&#8216;A Little Princess&#8217;, 1995) y <strong>&#8216;Grandes esperanzas&#8217;</strong> (&#8216;Great Expectations&#8217;, 1998, creciendo muchísimo como cineasta, y coronó esa década de sueños con la fotografía soberbia de <strong>&#8216;Sleepy Hollow&#8217;</strong> (íd, Tim Burton, 1999), en la que reducía a cenizas el tan vitoreado &#8220;estilo Burton&#8221; y hacía de él algo que otros no pudieron: una obra de artesanía en la que cada plano general, cada detalle de luz, aportaba algo a la narración. La atmósfera de esa película es algo mágico sin querer serlo, sobrenatural sin delirios visuales. Una gozada para los sentidos. Casi puede sentirse la niebla.</p>

	<p><img id="image41168" src="http://img.blogdecine.com/2011/09/screenshot51_650.jpg" class="centro" alt="screenshot51.jpg" /></p>

	<p>Sin scope, con soluciones cinematográfica que nos retrotraen al cine primigenio (y buena culpa tiene de ello la obra de arte de Coppola <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/actores/bram-stokers-dracula">&#8216;Bram Stoker&#8217;s Dracula&#8217;</a>) Lubezki conquistaba una de sus obras mayores. Pero aún habría de superarse, que es lo más impresionante de todo. Y lo haría dos años después con una joya que, en mi opinión, no ha sido valorada como se merece: la vitalista, luminosa y melancólica <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/cine-de-autor/y-tu-mama-tambien">&#8216;Y tu mamá también&#8217;</a> (Alfonso Cuarón, 2001), con la que revolucionaba el uso expresivo de la cámara a la hora de acercarse a la realidad viva. Sin el menor énfasis fotográfico, otorgaba todo el protagonismo a la capacidad visual de Cuarón de convertir el cine en testigo primordial de la vida moderna. Y aunque su estilo era lo más parecido al despojamiento absoluto, a lo acerado y casi descarnado como forma de narración, conseguía planos hermosísimos como el muchacho afligido por los celos infantiles en la piscina cubierta de las hojas de otoño, o grandes angulares en los que la carretera devenía arteria emocional de las oscuridades y los anhelos en la fugacidad de la vida. Y aún habría de superarse.</p>

	<p>Tras siete años de nuevo retiro voluntario, el genio de Terrence Malick llamó a un nuevo fotógrafo de gran talento (ya había exprimido la visión y el enorme ingenio de <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/directores-de-fotografia/nestor-almendros">Néstor Almendros</a> y <strong>John Toll</strong>, casi nada) y el elegido fue Cuarón, para ese acercamiento lírico, inimaginable, a la figura de Pocahontas en <strong>&#8216;El nuevo mundo&#8217;</strong> (&#8216;The New World&#8217;, 2005). Tres normas se marcaron ambos: todos los planos serían susceptibles de resultar subjetivos, todos los planos serían con la cámara en la mano, y toda luz sería de origen natural. Lubezki se metió en el desafío con todo lo que tenía y salió victorioso, más allá del agotamiento creativo absoluto y los muchos problemas de producción: dirigió planos de segunda unidad, se inventó sedas especiales para que reflectaran más la luz, logró iluminar imágenes con nada más que un hilo de luz solar&#8230; Dolores de cabeza que se saldaron con una gran hazaña estética, una obra de arte que convierte al cine en una experiencia desoladora, íntima, misteriosa y definitiva.</p>

	<p><img id="image41170" src="http://img.blogdecine.com/2011/09/960_new_world_blu-ray_5_650.jpg" class="centro" alt="960_new_world_blu-ray_5.jpg" /></p>

	<p>Aupado, por méritos propios, entre los operadores más interesantes del panorama norteamericano, ninguno se acercó a una creación tan dionisíaca como aquella y ninguno pudo llevar a la pantalla tanto buen gusto. Y al año siguiente, en el proyecto más ambicioso y complejo de Cuarón, maravilló al mundo entero con un trabajo que sólo se puede calificar de colosal. Tanto en la técnica de cámara e iluminación como en los aspectos meramente artísticos de la misma, convirtiendo a Londres en un sumidero de desesperación pero sin caer en el morbo fácil y en el impacto audiovisual zafio. La imagen de <strong>&#8216;Hijos de los hombres&#8217;</strong> (&#8216;Children of Men&#8217;, 2006) devolvía a la sci-fi al lugar preferente que nunca debe abandonar: el del documento-ficción, la metáfora de un mundo que se derrumba pero en el que todavía hay cabida para la belleza, y el dinamismo de una luz vibrante y psicológica, capturada con una imaginación que hace añicos las convenciones de género, y que se adentra en la ruina humana con lirismo y dignidad. En las futuras generaciones, va a ser imposible que un director y un operador no tengan en cuenta a este trabajo como referencia inexcusable, aunque sólo sea para hacer lo opuesto.</p>

	<p><img id="image41169" src="http://img.blogdecine.com/2011/09/900-children-of-men-blu-ray1_650.jpg" class="centro" alt="900-children-of-men-blu-ray1.jpg" /></p>

	<p>Pero tampoco quiero dejar de comentar otro gran trabajo como es <strong>&#8216;Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket&#8217;</strong> (&#8216;Lemony Snicket&#8217;s A Series of Unfortunate Events&#8217;, Brad Silberling, 2004) que llevaba más allá el estilo abracadabrante de Tim Burton para convertirlo en algo mucho más profundo y psicológico, basado en nieblas, saturaciones, y un contenido tono teatral que le otorgaba ese aire tan misterioso y arcaico, casi de libro de ilustraciones cruel. Otras aportaciones, como la de <strong>&#8216;Quemar después de leer&#8217;</strong> (&#8216;Burn After Reading&#8217;, hermanos Coen, 2008) o <strong>&#8216;Ali&#8217;</strong> (íd, Michael Mann, 2001) son mucho más prosaicas, pero siempre poseen el distintivo de la extrema artesanía y profesionalidad de un operador que ya es una leyenda y que, da la impresión, puede seguir sorprendiendo y maravillando a los que nos fijamos muchísimo en la fotografía como complemento del sonido. Por primera vez, Malick ha repetido con un director de fotografía (parece que seguirá repitiendo con él en varios proyectos) y le ha llamado para el complejo rodaje y postproducción de una de las películas más esperadas del año, <strong>&#8216;The Tree of Life&#8217;</strong>, que se estrena en pocos días. Por los numerosos comentarios que se están vertiendo en torno a ella (y los muchos que quedan por venir) parece que la imagen vuelve a ser algo digno de mención.</p>

	<p>Pronto la comentaremos, cuando asistamos al estreno, y esperemos que no tarde mucho más en llegar la primera experiencia en 3D de Cuarón y Lubezki, la muy anticipada y retrasada <strong>&#8216;Gravity&#8217;</strong>, que invita al optimismo de un nuevo gran sci-fi, sumado a la incertidumbre, siempre lógica, de un proyecto en tres dimensiones. El protagonismo del cada vez más sugerente <strong>George Clooney</strong> y de <strong>Sandra Bullock</strong>, así como el supuesto minimalismo de una historia tan enigmática, prometen mucho. Ya veremos. no creo que deje indiferente a nadie el futuro profesional de un artista como Lubezki</p>

	<p><img id="image41171" src="http://img.blogdecine.com/2011/09/tree_of_life_1-650x3291.jpg" class="centro" alt="tree_of_life_1-650x3291.jpg" /></p>      ]]></description>
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      <title><![CDATA['Una serie de catastróficas desdichas', en busca de la infancia perdida]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/criticas/una-serie-de-catastroficas-desdichas-en-busca-de-la-infancia-perdida</link>
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      <pubDate>Fri, 04 Jun 2010 18:31:39 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image32947" src="http://img.blogdecine.com/2010/06/lemony02.JPG" class="centro" alt="lemony02.JPG" /></p>

	<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=957947d" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>

	<p>Seamos sinceros: nos cuesta mucho considerar el cine (o la literatura, incluso) llamado &#8220;para niños&#8221; como un cine importante o relevante. Más bien aceptamos, nadie sabe muy bien por qué, que juega en una liga inferior a los grandes dramas &#8220;de prestigio&#8221; que año tras año llegan a las salas. Ya sabe el lector que lo que voy a decir a continuación es que hay cine infantil (o juvenil) que también llega, año tras año, a las salas <strong>y que demuestra que tal diferenciacion estética es una falacia</strong>. Es decir, que el gozo de una historia infantil es, en realidad, el gozo de una historia para todas las épocas de la vida (¿o no invocan estos relatos lo que queda de nuestra infancia demolida?) y que su formalización puede (y continuamente logra) competir en su propio estilo con el cine más artístico.</p>

	<p>Tal es el caso de &#8216;Una serie de catastróficas desdichas&#8217;, una de las más bellas películas del año 2004, adaptación de tres de las novelas cortas que conforman la larga serie escrita por Lemony Snicket (cuyo nombre real es Daniel Handler), y dirigida con sorprendente clarividencia por Brad Silberling. Un poema visual, una broma hilarante, acerca de la soledad del huérfano <strong>y la aventura de adentrarse en un mundo hostil plagado de amenazas</strong>, que no respeta a los niños, sino que les toma por principales víctimas. Sobre los familiares cariñosos (una bendición), y los familiares odiosos (una maldición).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>A pesar de su gran fidelidad a los libros, esta película es cine puro, tanto en su adaptación como en su puesta en escena. Comienza con una broma: una secuencia de apertura de una supuesta película infantil animada en stop-motion, rápidamente detenida y sustituida por la verdadera película. No hemos entrado a ver una película llena de felicidad, más bien una película oscura, por mucho que se trate de la historia de tres niños. <strong>Porque, sobre todo, son tres hermanos huérfanos, que anhelan un regreso a casa, al menos anímico</strong>. La excéntrica historia escrita por Lemony Snicket (un supuesto autor/personaje al que puede matarle la comida italiana&#8230;) es un itinerario en pos de la infancia perdida.</p>

<h2>El diseño y la imagen</h2>

	<p>El diseño de producción de este largometraje representa, en sí, una obra de arte. Muchos podrían llegar a decir (yo lo he oído) que es una de esas películas con &#8220;toque burtoniano&#8221;. Lo cierto es que el diseño de producción es obra de <strong>Rick Heinrichs</strong>, que trabajó con Burton en <strong>&#8216;El planeta de los simios&#8217;, &#8216;Sleepy Hollow&#8217;, &#8216;Pesadilla antes de Navidad&#8217;, &#8216;Batman Returns&#8217;, &#8216;Eduardo Manostiijeras&#8217;, &#8216;Frankenweenie&#8217; y &#8216;Vincent&#8217;</strong>, en labores de producción, dirección artística y diseño de producción, y que es por tanto el máximo responsable de ese toque que podríamos rebautizar como &#8216;heinrichsiano&#8217; (aunque suene mucho peor) y uno de los profesionales más respetados de su disciplina.</p>

	<p><img id="image32948" src="http://img.blogdecine.com/2010/06/lemony03.JPG" class="centro" alt="lemony03.JPG" /></p>

	<p>Aquí, cada escenario, cada localización, cada decorado, está tratado con un mimo y una pasión por el detalle realmente notables. Imbuidos en ese espíritu de &#8220;realismo mágico gamberro&#8221; (término que empieza y acaba con esta película), el filme se regodea en sus ambientes luctuosos y se mofa de cada convención escenográfica, como si quisiera darle la vuelta al género y comenzar de nuevo, pero en estilo guasón. <strong>Colores ocres combinados con cálidos para una puesta en escena cuyo aspecto es maravilloso</strong>: un cuento de hadas en clave cómica.</p>

	<p>Y la fotografía de <strong>Emmanuel Lubezki</strong> (quizá el más grande operador en activo, responsable de la maravillosa imagen de <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/cine-de-autor/el-nuevo-mundo">&#8216;El nuevo mundo&#8217;</a> e <a href="http://www.blogdecine.com/fichas/peliculas-de-ciencia-ficcion/hijos-de-los-hombres">&#8216;Hijos de los hombres&#8217;</a>), es la combinación perfecta con el talento de Heinrichs. Ambos construyen un mundo perfectamente identificable y autónomo. <strong>El buen gusto de Lubezki se siente en cada plano, que es una pequeña muestra de perfección en el encuadre y en la iluminación</strong></p>

<h2>Soy vuestro querido Conde Olaf</h2>

	<p>Por supuesto que el rey de la función es un <a href="http://www.blogdecine.com/actores/jim-carrey-es-el-mas-grande">Jim Carrey</a> desatado. En el mismo año que la inolvidable &#8216;Olvídate de mí&#8217;, efectúa un &#8220;grandes éxitos&#8221;, por así decirlo, <strong>de su repertorio de barrabasadas, julandradas, locuras y exageraciones, en su composición del grimoso y abyecto Conde Olaf</strong>, un personaje que reúne absolutamente todos los defectos del ser humano en un cuerpo mutante e hiperbólico, un pésimo actor, un asesino, un tunante, un bufón, capaz de cambiar su aspecto a voluntad, de aparecer y desaparecer sin esfuerzo, tan malo que causa más risa que terror.</p>

	<p>Este gran guiñol que es Olaf será la némesis de los tres niños. Su objetivo: dinero, la fortuna de la familia de los huérfanos Baudelaire. En contraposición, el objetivo de los huérfanos: conservar un ápice de su infancia. Más expresivo imposible. Carrey, que llevaba diez años triunfando con su estilo, que era la excusa para ver sus películas (muchas de ellas olvidables, salvo por su arrolladora presencia), <strong>da un recital de humor grueso y subversivo, se convierte en un verdadero dibujo animado</strong> (formando trío genial con los legendarios <strong>Jerry Lewis</strong> y <strong>Christopher Lloyd</strong>) y roba cada plano y cada secuencia con su villano, incapaz de fingir en condiciones.</p>

	<p><img id="image32949" src="http://img.blogdecine.com/2010/06/lemony04.JPG" class="centro" alt="lemony04.JPG" /></p>

	<p>Hay momentos buenísimos de tensión e ingenio (la secuencia de las vías del tren), de parodia de la fantasía (el largo bloque con <strong>Meryl Streep</strong>) de ternura indescriptible (ese final redentor, que nos cuenta que el hogar reside donde se encuentre uno mismo) de ironía salvaje (el brillante bloque final de la obra de teatro). <strong>Silberling filma todo con humildad y contención admirables, como si estuviéramos inmersos en una obra de teatro</strong> (toda ella está filmada en decorados artificiales) que cobre vida y se torne real, como un sueño (o una pesadilla) palpables. </p>

	<p>Los tres niños encuentran, o reencuentran un hogar perdido, y mientras disfrutamos con los hallazgos visuales (numerosísimos) y con la extraña verdad y sosiego que respira esta película &#8230;y con los títulos de crédito finales.</p>      ]]></description>
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                    <item>
      <title><![CDATA[Jim Carrey es el más grande]]></title>
      <link>http://www.blogdecine.com/actores/jim-carrey-es-el-mas-grande</link>
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      <pubDate>Tue, 17 Feb 2009 07:19:11 +0000</pubDate>

      <author>Adrián Massanet</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image24115" src="http://img.blogdecine.com/2009/02/wallpaper_olaf2_1024.jpg" class="centro" alt="wallpaper_olaf2_1024.jpg" /></p>

	<p>Miren bien ese rostro. Hoy día, el setenta y cinco por cierto de la población mundial podría reconocerle, a pesar del abundante y elaborado maquillaje. Estaba tentado de recortar aún más esta foto, hasta que quedara solamente ese ojo derecho tan desvergonzado e inquisitivo, que nos escruta con una energía arrolladora. Claro que también hay maldad en ese personaje maravilloso de Conde Olaf, pero Carrey no puede pese a todo enmascarar, aún con una máscara tan imponente, ese aura de chico amable y generoso, que sus amigos no se cansan en afirmar que tiene en la intimidad.</p>

	<p><strong>Jim Carrey</strong> es un genio del cine. Así, tal cual. O al menos de cierto tipo de cine. Sólo <strong>un genio podría sostener, con su sola presencia, con su talento transformador, una carrera repleta de títulos tan lamentables, la gran mayoría de ellos edificados en torno a su capacidad para negar tanto la materia con la que está hecha su cuerpo</strong> (que sospechamos, sólo sospechamos, es de carne y hueso como el nuestro) y sobre todo su rostro, como la materia de la que está hecha la comedia, erigiendo varios monumentos a la estupidez más descacharrante, barroca y&#8230; liberadora.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Del mismo modo que uno de sus ídolos, Andy Kaufman, Carrey triunfó en televisión de manera absoluta, y del mismo modo que aquél, es un experto imitando a Elvis Presley. Su padre le animó a ser payaso desde muy joven, y después de que su familia se viera sumida, prácticamente, en la pobreza por la bancarrota de la empresa en la que trabajaba su padre, Jim Carrey (de verdadero apellido franco-canadiense Carré) se labró, lento pero seguro, un futuro muy prometedor como cómico. Ya con 20 años sus dotes llamaron la atención hasta el punto de ser contratado para la mítica serie <strong>&#8216;In Living Colour&#8217;</strong>, que se mantuvo cuatro años en antena.</p>

	<p>Antes de aquello trabajó en pequeños papeles para <strong>Francis Ford Coppola</strong> y <strong>Clint Eastwood</strong> en las respectivas <strong>&#8216;Peggy Sue Got Married&#8217;</strong> y en <strong>&#8216;La lista negra&#8217;</strong>. Si observamos con detalle esos minúsculos trabajos ya observamos que la gestualidad marca de la casa de Carrey ya estaba fraguándose. Y no sólo eso, sino que su energía en pantalla resultaba incuestionable, pese a esas facciones de payaso retorcido, que no ocultaban del todo una fuerza de voluntad que, si bien aceptaba ser de momento un secundario con pocas frases, parecía dispuesta a comerse el mundo.</p>

	<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/MR-zwvvjMmA&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/MR-zwvvjMmA&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

	<p><strong>Ahora bien, la pregunta era ineludible: ¿podría sostenerse una película con semejante engendro dramático, dicho esto desde el respeto, como protagonista? </strong>La primera respuesta a esa pregunta fue la comedia loca <strong>&#8216;Ace Ventura: Pet Detective&#8217;</strong>, que resultó un gran éxito económico (para sus características y posibilidades) dentro del mercado de su país, y un desastre de crítica dentro y fuera de sus fronteras. Carrey se daba a conocer al mundo, y no pensaba desaprovechar la oportunidad: iba a poner toda la carne en el asador. En pocas palabras, íbamos a tener ración extra de Carrey.</p>

	<p>Siendo como soy un gran admirador de este intérprete, no voy ahora a perder la cabeza y a afirmar una locura como que &#8216;Ace Ventura&#8217; es una buena comedia. Por supuesto que no lo es. Es más, resulta sin lugar a dudas una bastante mala, siendo genero, muestra de la degeneración del género. Dirigida por el debutante en cine <strong>Tom Shadyac</strong>, el director despliega una carencia de recursos visuales y narrativos ciertamente deprimente. Así mismo, el guión, un disparate de cien folios, se esfuerza en ignorar cualquier norma estructural, lógica o tramática a fin de proporcionar a Carrey todas los trampolines necesarios para que él se lance al vacío.</p>

	<p>Y bien que se lanza. Hagamos un viaje mental a 1994, o bien a la primera vez que la vimos. En un principio su exageración sorprende, a continuación agota al espectador con gran velocidad. Pero luego sucede algo extraño. <strong>Hay una cierta lógica retorcida en este caos de muecas y aspavientos</strong>. La lógica de un personaje solitario (nadie más en toda la película está dentro de ese tono de comedia bufa) y de una personalidad extravagante que grita como loca: &#8220;¡Aquí estoy yo!&#8221;. Y si todavía no hemos cambiado de canal o apagado el Dvd, quizá, sólo quizá, podamos morirnos de la risa con el absurdo total que se nos muestra en la pantalla.</p>

	<p>Detective estrafalario e irreverente por antonomasia, Ventura/Carrey ejerce como bufón sin complejos, poniendo en evidencia la estructura de la sociedad, sus estamentos y normas. Tal como hacían los bufones en las cortes antiguas, Ventura/Carrey recoge el testigo y todo lo que toca lo convierte en motivo de irrisión. No hay piedad ni siquiera consigo mismo. Si entramos en su juego, si nos despojamos de complejos e hipocresías, podemos llegar a admitir que su trabajo como Ventura es prodigioso. Él es el motivo, la causa y la razón de una película insulsa y sin interés alguno; pues cuando sale del plano, asistimos a una comedieta más, pero cuando entra es capaz, como en el vídeo de más abajo, de montar una secuencia de suspense entera basada en la nada. Una verdadera fuerza de la naturaleza. Muchos minimizarán su esfuerzo en esta bobada de película, pero pocos actores tienen el carisma, los redaños y la fuerza para ser, por entero, la película. </p>

	<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/KglmM1sNfpQ&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/KglmM1sNfpQ&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

	<p>Por supuesto que en <strong>&#8216;The Mask&#8217;</strong>, que protagonizó aquel mismo año y que le entronizó definitivamente como gran rey de la comedia americana, sus gags visuales se veían justificados por los poderes de su personaje, el cual le iba como anillo al dedo, pero aquella película carece de la frescura de esta primera aventura, y del salvajismo y coraje de &#8216;Dumb and Dumber&#8217;, que es la apoteosis del estilo Farrelly. Su posterior aparición en la vistosa y estimulante <strong>&#8216;Batman Forever&#8217;</strong> estaba metida claramente con calzador, aprovechando su éxito y colándole en la trama como personaje pareja del villano de turno. Su Enigma resulta andrógino, glam y sorprendente.</p>

	<p>Como otros artistas de ambición, Carrey intentó pronto participar en películas que diesen algo más que ese payaso que él dominaba a la perfección. Aún el fracaso de la muy inteligente <strong>&#8216;Cable guy&#8217;</strong>, supo rehacerse con la muy cínica <strong>&#8216;Liar, Liar&#8217;</strong>, para convencer a la crítica más conservadora con su papel en la irregular <strong>&#8216;The Truman Show&#8217;</strong>. Muchos alabaron este papel en una película que no alcanzaba ni la mitad de sus tremendas expectativas, pero en mi opinión en la poco mencionada <strong>&#8216;Man on the Moon&#8217;</strong> se mueve en registros muy superiores, interpretando a un actor bueno que finge ser malo. O mejor dicho, un actor bueno al que todo el mundo cree malo interpreta a un actor bueno que se hace pasar por mal intérprete. Su encarnación de Andy Kaufman es emocionante, verdadera y maravillosa, más aún si tenemos en cuenta los paralelismos entre ambas figuras interpretativas.</p>

	<p>Pero su carrera no sería fácil en sucesivos años con los fracasos de <strong>&#8216;The Majestic&#8217;</strong> o <strong>&#8216;Me, Myself and Irene&#8217;</strong>, sin embargo una década después de Ace Ventura, concretamente en 2004, alcanzó la cumbre en su carrera con dos papeles muy diferentes que son lo mejor suyo en comedia bufa, y en un cambio de registro tonal respectivamente. Hablamos, por supuesto, de la maravillosa <strong>&#8216;Una serie de catastróficas desdichas&#8217;</strong> y de la inolvidable <strong>&#8216;Olvídate de mí&#8217;</strong>. El conde Olaf puede ser un resumen en plenitud de todos sus papeles cómicos, y su Joel Barish puede ser su papel más contenido y melancólico, más en carne viva.</p>

	<p>Ahora mismo el declive en su carrera, si no nos equivocamos mucho, parece ser evidente. Quizá no conozca algunos de los grandiosos éxitos de taquilla de hace años. Pero quizá también pueda acceder a papeles que antes le estaban vedados. Esperamos que pueda seguir deleitando a propios y extraños con su profesionalidad extrema, sus payasadas vivificadoras y su melancolía sincera y auténtica. Mucha suerte, señor Carrey. La necesitará y se la merece.</p>      ]]></description>
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