
Resulta de lo más refrescante desconectar del insatisfactorio cine actual y sentarse cómodamente a ver un clásico, preferiblemente en blanco y negro; no porque asocie el buen cine a este formato sino porque, sencillamente, cuando se usa adecuadamente, embellece la película de forma notable. Está tan mal el panorama; ni siquiera las candidatas al Oscar son títulos sobresalientes, pero ya hablaré de eso más adelante. Así que hace poco aproveché una oferta para comprar el DVD de ‘El Pueblo de los Malditos’ y, en una de esas noches en las que no apetece una película que dure más de una hora y media, volví a ver este ejemplar film dirigido por Wolf Rilla que tenía ya casi olvidado. Casi, porque es imposible olvidar algunas escenas, impactantes antes, ahora y siempre.
‘El Pueblo de los Malditos’ (‘Village of the Damned’, 1960) nos sitúa en un tranquilo pueblo donde, de repente, “algo” invisible deja a todo el mundo inconsciente. Cuando, varias horas más tarde, despiertan todos los habitantes, la normalidad parece haber vuelto. Nada parece haber sucedido. Sin embargo, un tiempo después, las mujeres del pueblo descubren que están embarazadas, lo que provoca muchos y lógicos conflictos entre los vecinos. Más adelante, cuando las madres dan a luz, los niños presentan numerosas rarezas y se desarrollan con increíble rapidez. Sus brillantes ojos comienzan a aterrar a todos…

