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Vittorio Storaro

La dirección de fotografía (5): 'Apocalypse Now'

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En los cuatro capítulos precedentes de este repaso por los fundamentos de la Dirección de Fotografía, hemos hablado ya de bastantes cosas relativas al formato, al aspecto de la imagen, a los oficios, a la profundidad de campo, las lentes, las ópticas, las luces… Ahora vamos a pasar a un ejemplo concreto, y vamos a analizarlo paso a paso, para que el lector vaya observando, acompasadamente, el modo de trabajo de un director de fotografía. Y la película elegida es ‘Apocalypse Now’, la película dirigida entre 1976 y 1978, y finalmente estrenada en 1979, por Francis Ford Coppola, y cuya dirección de fotografía corrió a cargo del operador nacido en Roma Vittorio Storaro. Ya le dedicamos un extenso especial a la carrera de Coppola, y también a esta obra maestra imperecedera del cine, pero ahora vamos a analizar más a fondo los planos y la luz desde un punto de vista visual y técnico.

Storaro, que había alcanzado la celebridad de la mano de Bertolucci algunos años antes, se fue con Coppola a Filipinas para filmar la película. Allí tendría la misión de que la jungla pareciera la de Vietnam. Pudo rodar con su equipo de confianza, y encargó al fabricante de lentes Technovisión una nueva clase de lente anamórfica, con la que podría filmar en un aspecto de 2.39:1, para luego reencuadrar a 2.21:1 por la decisión de hinchar algunas copias a 70 mm., lo que exigía no colocar detalles en los márgenes del cuadro. Se rodaría, además, con emulsión de Kodak 5247 de 100 ASA, de baja sensibilidad. La intención de Storaro era la de lograr una fotografía naturalista, pero también estilizada en algunos pasajes determinantes de la película. Todo el equipo pensaba que el rodaje sería de tres meses y medio. Nadie podía imaginarse que estarían casi tres años rodando, y que se filmarían cerca de dos millones de metros de celuloide. Por eso, además de por otros muchos factores, la fotografía de esta película, galardonada con el Oscar, resulta aún más meritoria.

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Frases de cine | 17 de diciembre | Sobre la vida, los hijos y la mejor manera de apoyar al cine español

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Lo nuevo de Spike Jonze, ‘Donde viven los monstruos’, se estrena mañana viernes. Cuando le preguntan por la fidelidad de su película al cuento de Maurice Sendak, responde esto:

Me dijo que cogiera su libro, lo hiciera mío y rodara algo personal sin ser condescendiente con los niños. Si Maurice leía algún diálogo en el que se advertía cierta intención de aleccionar era el primero en decirnos que era una mierda.

El prestigioso director de fotografía Vittorio Storaro trabaja con Carlos Saura en ‘Flamenco, Flamenco’, y ha hablado sobre su carrera y su vida:

Este no es un trabajo automático. Pasé nueve años en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Estudié la tecnología. Pero pronto entendí que me faltaba algo, la conciencia de las artes. Le hice caso a un amigo y devoré libros: Faulkner, Pavese, Dostoievski… Vi pintura, escuché música, leí filosofía, aprendí arquitectura… Rechacé trabajos en televisión y preferí quedarme en casa estudiando a Caravaggio y escuchando a Mozart. Ahora sé que aquel tiempo fue el más importante de mi vida profesional.

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'Corazonada', frágil colorido

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Eso es lo malo de América. Las luces. No hay intimidad. Todo resplandece hasta cegarte. Y nada es real.

-Hank

Es curioso que el protagonista masculino de esta película, interpretado con convicción y soltura por Frederic Forrest (un actor desconocido para el gran público), suelte estas palabras, pues podrían servir bastante bien para definir la película que le costó a Coppola la libertad creativa durante toda una década, y que finiquitó de manera estrepitosa su sueño de mantener un estudio propio en el seno de Hollywood. Sin duda hubiera sido mejor para él, ya que tarde o temprano, por su personalidad desbordante, acabaría estrellándose, que lo hubiera hecho con una grandiosa película, y no con ‘Corazonada’.

Viéndola ahora, veintisiete años después de su nacimiento, la perplejidad pervive, pues se trata de una película extraña y desconcertante, sin duda fallida e imaginativa. La respuesta anímica a la enormidad de espacio y de tragedia de ‘Apocalypse’ y la certeza de que a este genial cineasta, cuando pierde la cabeza, la pierde de verdad. El resultado fue un delirio musico-teatral que ha caído prácticamente en el olvido y que muy pocos, a día de hoy, se atreven a calificar de filme importante (estéticamente hablando) en la carrera de Coppola. Yo no soy uno de ellos.

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'Apocalypse Now', por el camino de baldosas amarillas

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Semanas de viaje remontando un río que serpenteaba como un cable conectado a Kurtz
(...Weeks away and hundreds of miles up a river that snaked through the war like a main circuit cable – plugged straight into Kurtz)

- Willard

Una música de reverberaciones tenebrosas, lograda a base de sintetizadores y un sentido operístico de la puesta en escena, acompaña al minúsculo helicóptero que sobrevuela una zona agrícola vietnamita (en realidad, una zona agrícola filipina). Coppola describe así el estado anímico de Willard, que al fin ha conseguido una misión, seguramente la última de su vida. El sonido de la hélice reverbera. Imposible no remitirnos a la secuencia inicial de la película. El sonido como una espiral que atrapa a Willard, que le arrastra. Ha regresado, y la hélice recupera ese sonido infernal.

Willard comienza a hablar, a reflexionar más bien, sobre cuánta gente ha matado, mientras observamos cómo llega a su lancha y parte desde alguna parte del río Nung. No parece importarle mucho ser un asesino. Lo malo es que esta vez se trata de un americano, y de un oficial. Ahora por fin sabemos por qué Coppola ha elegido a este personaje para protagonizar su tenebrosa adaptación del original de Conrad y homenajear al mismo tiempo, en cierto sentido, a ‘El mago de Oz’. Es un asesino y va a cumplir su misión. Sí, pero es un soldado lúcido, no una máquina de matar sin sentimientos. Es decir, es un privilegiado por su falta de escrúpulos, por su extraña moral y por la increíble misión que va a llevar a cabo.

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'Apocalypse Now', soñando con la jungla

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Todo el mundo consigue todo aquello que quiere. Yo quería una misión, y por mis pecados me dieron una.
(Everyone gets everything he wants. I wanted a mission, and for my sins they give me one.)

-Willard

Desde negro fundimos a un plano fijo, en larguísimo teleobjetivo que aplana la imagen, de una frondosa jungla. Durante varios segundos, el único sonido perceptible es el distorsionado repiqueteo de unas hélices. De súbito un helicóptero corta la pantalla, borroso. Se levanta una bruma amarilla. Se levantan también, a la vez, los primeros acordes de una música lejana. Más bruma amarilla. Al minuto y once segundos, una brutal explosión de napalm reduce la jungla a cenizas. Morrison dice “This is the end…beautiful friend”.

Del rostro en parcial oscuridad de Michael Corleone, pasamos, cinco años después, al rostro de Willard (Martin Sheen), rostro invertido y sobreimpresionado a las imágenes de la jungla y los helicópteros. Las hélices desaparecen. Ocupa su puesto la hélice del ventilador de techo de su habitación. Y de ahí de nuevo a la jungla, otra explosión. No hay tregua. Son los dos primeros minutos de ‘Apocalypse Now’. En 1979 el mundo conocía por primera vez estas imágenes.

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Carlos Saura recrea la Venencia del siglo XVIII para su nueva película, 'Io, Don Giovanni'

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Carlos Saura recrea la Venencia del siglo XVIII para su nueva película, 'Io, Don Giovanni'

El cineasta Carlos Saura, sobre quien hemos dado recientemente un par de noticias, y el director de fotografía Vittorio Storaro han recreado la Venecia del siglo XVIII en los estudios cinematográficos alicantinos de Ciudad de la Luz para su última película, ‘Io, Don Giovanni’, un libreto “libremente respetuoso” con la ópera de Mozart, en el que confluyen las experiencias de Lorenzo Da Ponte, Casanova y el propio Mozart.

La concepción de la ópera ‘Don Giovanni’, junto a los enredos amorosos e intrigas palaciegas, nutrirá una trama en la que se funden realidad y ficción: Leonardo Da Ponte es un judío nacido en Venecia a quien da vida Lorenzo Balducci. Es “promiscuo, pecador empedernido, blasfemo y discípulo de Casanova”. Obligado por la Inquisión a cristianizarse, se ordena sacerdote, pero secretamente es masón, de ahí que no tenga más remedio que exiliarse en Viena para escapar de las llamas de este trubunal. En la ciudad austríaca conoce a Salieri y a Mozart, y comienza a trabajar con éste último. Juntos crean ‘Las Bodas de Fígaro’, y retado por su amigo y ‘maestro’ Casanova, Da Ponte escribe una versión de la ópera ‘Don Givanni’ en la que introduce fragmentos de su vida privada. El libreto de esta ópera “irá cambiando en función de lo que ocurre en su vida real y en el que también confluyen las experiencias de Casanova y de Mozart”, explica Saura.

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