Cuando hace algunos meses esgrimí muchas razones para hacer desaparecer el doblaje en España (salvo en la animación), se armó una buena porque el tema es un asunto que levanta pasiones encontradas (y a menudo, si el que las levanta se apellida Massanet, mucho más, aunque no lo busque necesariamente) y posiciones radicales. Por un lado los que piensan que el doblaje en películas de ficción es una lacra y una idiotez, y por otro los que lo defienden con enconados argumentos.
Como puede suponer el lector, todo lo que pensaba entonces sobre lo innecesario del doblaje en España (y en cualquier otro país, claro), lo sigo pensando en la actualidad, por mucho que en determinados foros se me ponga a caldo y se cuestione mi inteligencia o mi criterio. Me da lo mismo. Eso no quita, sin embargo, que sea capaz de admitir que el doblaje que se realiza en España es de los mejores (si no el mejor, que he oído otros, palabra) del mundo, y que los profesionales que desde hace muchas décadas se dedican a ello se merecen un respeto. El documental de Alfonso S. Suárez, del que ponemos dos clips, indagó en 2008 sobre esta profesión tan innecesaria.


