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Warrior

Es una desgracia, pero no son pocas las veces que hay películas que jamás llegan a estrenarse en cines en España. Hay ocasiones en las que son editadas directamente en el mercado doméstico, otras veces se estrenan directamente en televisión o, en el peor escenario posible, puede que permanezcan invisibles más allá de tener que echar mano de las descargas alegales. El caso de ‘Warrior‘ (Gavin O’Connor, 2011) entra dentro de la segunda categoría, la menos habitual de todas. Seguro que había distribuidoras que esperaban que ‘Warrior’ tuviera mayor presencia en los últimos Oscar, donde apenas logró arañar una muy merecida nominación como mejor actor secundario para Nick Nolte. Sin embargo, eso fue insuficiente para que nadie se atreviera a arriesgarse a estrenarla en nuestros cines, algo especialmente decepcionante dado que estamos ante una cinta que merece mucho la pena.

La identidad propia de ‘Warrior’

No faltaron los que, tanto antes como después de verla, se empeñaron en comparar a ‘Warrior’ con ‘The Fighter’ (David O. Russell, 2010), un apreciable drama que también abordaba la problemática relación entre dos hermanos con el mundo del boxeo como telón de fondo. El problema es que ese era el eje de una producción que contaba con una actuación superlativa de Christian Bale como gran baza a su favor, pero ‘Warrior’ va mucho más allá dentro de los temas que quiere tratar, siendo la relación entre Brendan (Joel Edgerton) y Tommy Conlon (Tom Hardy) algo relativamente secundario dentro de sus aspiraciones.

Sería muy sencillo decir que el cambio el boxeo al mundo de las artes marciales mixtas es meramente accesorio, pero estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que en ‘Warrior’ se estira aún más la drástica diferenciación de ambos hermanos a través de sus combates. Contundentes y brutales en el caso de Tommy, sufridos y mucho más técnicos en el caso de Brendan. Además, apenas comparten un par de secuencias dada su distante relación, en la que, como bien dice Tommy, sólo comparten el poco interés que sienten ante la figura paterna que intenta redimirse demasiado tarde. No faltan tampoco las motivaciones individuales para entrar dentro el ring, mucho más trabajadas en cuando a minutos en pantalla en el caso de Brendan y algo más difusas en el caso de Tommy.

Y es que la problemática relación entre Brendan y Conlon sólo es una arista más en una producción sobre el dolor, el remordimiento, el amor y los delicados lazos que unen a una familia que, en principio, sólo tiene de eso su nombre. Muchos temas como para quedarnos con el superficial parecido con ‘The Fighter’.

La genialidad emotiva de ‘Warrior’

Si hay algo que hace que ‘Warrior esté por encima de ‘The Fighter’, eso es su capacidad para conectar con las emociones del espectador, y eso es fruto del gran trabajo de Gavin O’Connor tras las cámaras. ¿Cuáles son sus armas? La primera es la predominancia de los planos lo más cerrados posibles cuando hay una conversación intensa en lo dramático entre algunos de los protagonistas. El exquisito cóctel entre dureza, franqueza y naturalidad de los diálogos ayuda aún más a implicar a un espectador que corría el riesgo de acabar pensando que le estaban contando el mismo cliché que ha visto en infinidad de ocasiones. Además, O’Connor acierta al abrir más sus planos cuando se produce el primer encuentro entre los dos hermanos, una forma de evidenciar que no es el desprecio lo que domina su situación, sino que no saben realmente quién es el otro. Uno quiere ponerle fin y el otro no, por lo que los planos se van cerrando por acción de uno hasta que el otro pone pies en polvorosa.

No es ese el único recurso destacable de O’Connor, ya que también establece muy bien la diferencia entre las dos mitades de la película a través de un breve pero elocuente montaje en pantalla dividida para introducir el torneo de lucha libre en el que ambos hermanos van a participar. Aún hay restos del dramatismo más intimista de la última hora (la última discusión entre Brendan y su esposa sobre que el primero vuelva a pelear), pero todo es para terminar de perfilar una segunda mitad en la que gana peso el trabajo de guión para que el espectador desee que Brendan consiga cumplir su papel de vencedor improbable. O’Connor echa el resto en sus combates para conseguir una reacción emocional del espectador, quien reacciona instintivamente poniendo la piel de gallina. ¿Hay manipulación a través de los recursos sonoros? Sin duda, pero hecho con tanta clase que nunca debería verse como algo negativo.

El torneo también sirve para que las heridas emocionales de padre e hijos alcancen un punto álgido que permite a la película que el interés nunca decaiga cuando la acción de aleja del ring. Basta con mencionar la desgarradora escena con Nick Nolte escuchando un audiolibro en su walkman. Eso sí, O’Connor también pone mucho empeño en el cambio de mentalidad de su esposa según avanzan los combates, convirtiendo en algo innecesarios los planos de apoyo de su superior en el instituto en el que daba clases, mientras que Tommy es recibido como un patriota improbable que consigue el calor del público pese a su discutible estilo. Vamos, que ‘Warrior’ avanza en todos los frentes hasta alcanzar un clímax difícilmente mejorable que ata todo bien atado sin transmitir en ningún momento sensación alguna de haberlo forzado. Bravo.

El gran trabajo de los actores

No me perdonaría el cerrar este comentario sobre ‘Warrior’ sin pararme un momento a hablar del prodigioso trabajo del trío protagonista en unos personajes que demandaban cosas muy diferentes. Suele destacarse mucho a Tom Hardy por su descarnada interpretación del brutal Tommy Conlon, seguramente por las heridas que acaba mostrando dentro de esa fortaleza y desdén con las que reacciona durante la mayor parte del reparto. Su impresionante trabajo físico, el cual mantuvo para dar vida a Bane en ‘El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace‘ (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, 2012), es otro punto a su favor, pero lo cierto es que Joel Edgerton está prácticamente a su altura en un personaje menos agradecido que ha de saber sobrellevar los tópicos habituales de las historias de los underdogs, pero sale airoso el envite. Y cuando tiene enfrente a Hardy demuestra que no debería haber diferencias a la hora de destacar a uno u a otro.

Sin embargo, fue Nick Nolte el único que obtuvo una mención en los últimos Oscar por su trabajo aquí, algo comprensible no ya sólo por su brillante actuación de un ex-alcohólico que quiere rehacer su vida pero no sabe qué hacer para que su tormentoso pasado lo impida. Es curioso como esto es algo que uno podría asociar con la vida real del propio Nolte, el cual fue protagonista de varios escándalos, siendo ‘Warrior’ la confirmación definitiva de que podía volverse a confiar en él. Vamos, el típico resurgir que tanto gusta en Hollywood. Por lo demás, Jennifer Morrison no desentona como la esposa de Brendan y me gustaría destacar decisiones tan acertadas como la contratación de Kurt Angle, medallista olímpico y aún luchador profesional, para potenciar el innegable verismo que impregna todo el relato.

En definitiva, ‘Warrior’ es una película que todo amante al cine debería ver en algún momento de su vida, ya que sabe sobreponerse a los aparentes tópicos de su propuesta para ofrecernos una historia muy humana desarrollada con gran acierto y coronada por las memorables interpretaciones de su trío protagonista. Hay pequeños errores aquí y allá, pero ‘Warrior’ se sobrepone a todos ellos para dejar en evidencia la pésima decisión de que jamás haya llegado a estrenarse en los cines españoles y que tampoco haya salido aún a la venta en dvd o blu-ray en nuestro país. Ellos mismos nos han obligado a verla por otros medios.

Es una desgracia, pero no son pocas las veces que hay películas que jamás llegan a estrenarse en cines en España. Hay ocasiones en las que son editadas directamente en el mercado doméstico, otras veces se estrenan directamente en televisión o, en el peor escenario posible, puede que permanezcan invisibles más allá de tener que echar mano de las descargas alegales. El caso de ‘Warrior‘ (Gavin O’ Connor, 2011) entra dentro de la segunda categoría, la menos habitual de todas. Seguro que había...

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