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William Holden

'El puente sobre el río Kwai', el sabor de la aventura infinita

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Hay películas que trascienden con mucho el medio cinematográfico y se convierten en verdaderos iconos culturales. Algunas veces, aunque el tiempo se encarga de demostrar sus carencias, prevalecen como iconos muy injustamente. Otras, el tiempo demuestra hasta qué punto su validez es universal y atemporal. Creo que la película número doce de David Lean como director, ‘El puente sobre el río Kwai’ (‘The Bridge on the River Kwai’, 1957) pertenece al segundo grupo. Aunque se engloba, de manera tangencial, en el cine bélico, es una de las historias de aventuras, en general, más famosas de la entera historia del cine, y lo es, me parece, no solamente porque su trama es apasionante, sobre todo porque Lean impregnó cada fotograma de su pertinaz personalidad, convirtiendo un material de base quizás anodino en un imborrable relato sobre el patetismo humano.

Lean, que durante muchos lustros sería ninguneado por compañeros de profesión y por cinéfilos (y críticos…) como un cineasta del montón, vendido a grandes producciones comerciales, comienza con ‘El puente sobre el río Kwai’ su ciclo de éxitos y de ambiciosos proyectos, y lo hace con una apología encubierta al ejército británico, que también es una crítica encubierta a ciertos orgullosos y empecinados oficiales ingleses, por supuesto un juicio sobre lo absurdo de la guerra, y finalmente una arrolladora peripecia humana de superación y supervivencia, que pese a las lógicas limitaciones e imposiciones de su tiempo, se conserva hoy día tan plausible, tan imponente, como hace cincuenta y tres años. Una joya cinemática de la que algunos supuestos directores de aventuras deberían aprender un poco, aunque sólo fuera a usar la cámara de un modo más sensato y más cabal, entre otras cosas.

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Clint Eastwood: 'Primavera en otoño'

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Había olvidado lo que era hacer films de esta forma tan agradable. Volveré a trabajar con Clint siempre que me lo pida.

Esta es la frase que un contento William Holden soltó tras trabajar a las órdenes de Clint Eastwood en la que es la primera gran sorpresa en su carrera como director. El público ya estaba acostumbrado a una figura concreta dentro de las películas protagonizadas por Eastwood, quien los dejó a todos con la boca abierta en el momento de estrenar ‘Primavera en otoño’ (significativo título español de ‘Breezy’), una historia de amor en toda regla, y el primer film dirigido por el actor en el que él no aparecía interpretando a un personaje. Fue producida por la propia compañía del actor (la Malpaso) en asociación con la Universal, que se encargó de distribuirla, teniendo un coste ínfimo para la época (menos de un millón de dólares).

Vaya de antemano que el film fue un completo fracaso (probablemente el mayor en la carrera de Eastwood), y aún hoy permanece como una de sus películas menos conocidas. Resulta curioso, mirando los dos carteles, cómo se las ingeniaron para publicitar una película de Clint Eastwood sin él en pantalla. Durante muchos años, el actor declaró que ‘Primavera en otoño’ era su película favorita de las que había realizado, lo cual resulta lógico. Eastwood coge como estandarte de su cine el film en el que más arriesgó, y que injustamente fue ignorado.

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