'Mucho ruido y pocas nueces', Branagh y Shakespeare

Kenneth Branagh nunca ha tenido demasiada suerte como director. Dejando a un lado los éxitos de ‘Mucho ruido y pocas nueces’ o ‘Frankestein’ (y en este caso contagiado por el buen recibimiento del film de Coppola, ‘Drácula’, que ejerce de productor en ésta), los films de Branagh rara vez han hecho taquilla, el público generalmente le ha dado la espalda. Sólo en cierto sector cinéfilo, e incluso crítico, se le ha tenido muy en cuenta, valorándolo como lo que es: un genio incomprendido. ¿Exagerado? Tal vez. Pero para el que esto suscribe no lo es en absoluto; su obra habla por sí sola, y ‘Mucho ruido y pocas nueces’ es el exponente más claro. En ella su amor por el cine y el teatro (Shakespeare) queda plasmado como pocas veces un director moderno ha logrado.
No leer si no se ha visto la película.
Nunca un director se ha dedicado tanto durante su carrera a la obra de unos de los grandes de la literatura. En tiempos pasados, directores consagrados como Laurence Olivier, Orson Welles o Roman Polanski, por poner tres ejemplos, realizaron algunas de sus películas más controvertidas y polémicas basándose en alguna de las obras del escritor inglés. Eran versiones muy teatrales, casi literarias, algo a lo que Branagh no renuncia cuando adapta a Shakespeare. Pero el director de ‘Morir todavía’ consigue además una comunión perfecta entre el lenguaje cinematográfico y el escrito.




Aunque la noticia habla de teatro, la presencia de un actor cinematográfico como
Exactamente. Hamlet 2. El retorno. Venganza de Ultratumba. O algo así. En 
