En un intento de recuperar el hábito de aconsejaros sobre cine asiático, aquí os dejo una crítica que me ha costado bastante sacar adelante, pero creo que este título merece la pena ser comentado. La dificultad de la tarea radica en que, a grandes rasgos, la película me parece pobre y aburrida. Pero, sorprendemente, tiene algunos momentos magníficos, que me dejaron un tanto descolocado. ¿Cómo es que la película es tan desigual? No sé si alguien va a “tragarse” una película entera sólo para comprobar la brillantez de esos destellos, pero me he propuesto intentarlo. Y si no os parece suficiente, al menos os habré ahorrado el mal rato de alquilar o comprar algo que os resultaría, cuando menos, muy decepcionante. No os cuento nada nuevo si os digo que este tipo de ediciones, de cine asiático, suelen ser muy peligrosas para el espectador desinformado. Y es que te venden algo que no es. Por muchas razones, pero sobre todo porque ni siquiera habrán visto la película en cuestión. Si me equivoco, que me lo digan los que han distribuido ‘Sorum’ (2001), la ópera primera (un dato a tener muy en cuenta) del coreano Yun Jong-Chan. Vendida como otra cinta más de fantasmas, en realidad no tiene nada que ver.
‘Sorum’ se centra en Yong-Hyun, un taxista que roza la treintena y se traslada a su nuevo hogar: la habitación 504 de los apartamentos Migum, en las afueras de Seúl. Poco después de la mudanza, comienza a intuir una extraña presencia y recibe la noticia de que el anterior inquilino murió en un incendio en esa misma habitación. Por si fuera poco, el extraño edificio se encuentra a un paso de ser declarado en ruinas, y sólo cuatro personas permanecen en él: Mr. Lee, un escritor fracasado, Eun-Soo, novia del fallecido, y Sun Yeong, una camarera maltratada por su marido con la que el recién llegado inicia una relación sentimental.

