Favoritos de 1202 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 1202 http://www.blogdecine.com <![CDATA[Sam Peckinpah: 'La cruz de hierro']]> http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-la-cruz-de-hierro http://www.blogdecine.com/cine-clasico/sam-peckinpah-la-cruz-de-hierro Tue, 20 Jul 2010 16:47:48 +0000 seleccionado por 1202 lacruzdehierro-f1.jpg

La segunda mitad de la década de los 70 y parte de los 80, hasta su temprana muerte, fue la etapa de decadencia de Sam Peckinpah, tanto a nivel personal como artísticamente hablando. Tras el calamitoso rodaje de ‘Los aristócratas del crimen’ que fue un relativo éxito, Peckinpah tuvo muchas ofertas, entre ellas las de dirigir ‘King Kong’ y ‘Supermán’, películas que acabaron en manos de John Guillermin y Richard Donner, ya que el director de ‘Pat Garrett y Billy the Kid’ se decantó por ‘La cruz de hierro’, la adaptación de un novela, cuyo primer guión fue escrito por Julius J. Epstein, prestigioso escritor de films como ‘Casablanca’ (id, 1942, Michael Curtiz), ‘Yanqui Dandy’ (‘Yanquee Doodle Dandy, 1942, Michael Curtiz) o ‘Arsénico por compasión’ (‘Arsenic and Old Lace’, 1946, Frank Capra). Curiosamente el primer borrador de Epstein no convenció nada a Peckinpah.

Fue entonces cuando se precisó la ayuda del propio director acompañado de James Hamilton y Walter Kelley para reescribir el guión, el cual vino de perlas a Peckinpah para hablar sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y por ende de cualquier guerra. Resulta curioso que en esta historia no exista uno de los elementos característicos de su autor: la amistad traicionada. Peckinpah debió pensar que el tratamiento que iba a dar de la guerra ya era suficiente para sus personajes. Y es que no estamos ante un film bélico al uso. Sus aterradoras imágenes provocan el absoluto rechazo ante uno de los inventos más estúpidos del ser humano, y Peckinpah lo logra sin discursos ideológicos de ningún tipo.

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‘La cruz de hierro’ se desarrolla en plena Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania luchaba contra Rusia en el frente este. Un pelotón alemán encabezado por el valiente sargento Steiner, asqueado de la guerra, deberán obedecer las órdenes del capitán Stransky, un oficial prusiano cuyo único interés es ser condecorado con la famosa cruz de hierro para regresar lleno de honores a su hogar y poder mirar de frente a su familia. Steiner y Stransky se odiarán desde el primer momento en el que se ven, algo inusual y atípico en el cine de su autor. Esta vez no tenemos a dos amigos del alma que se traicionan convirtiéndose dicha traición en uno de los puntos fuertes del relato. Esta vez es la propia guerra la que se revela como un feroz instrumento de traición del ser humano hacia sí mismo.

A pesar de que rara fue la vez que Peckinpah no se enfrentaba a los productores ya que quería imponer su criterio, con toda la razón del mundo pues para eso es el director, en el rodaje de ‘La cruz de hierro’ las penurias no vinieron porque el director perdiese el tiempo con el alcohol o las drogas. La película fue rodada en Yugoslavia y allí era difícil conseguir sustancias como la cocaína, así que el señor Peckinpah decidió ahogar sus penas y alegrías en su amiga del alma, su amante, la bebida. No obstante, esta vez no cometió los excesos de otras ocasiones, hubo algún pequeño accidente, eso sí, que obligó a Peckinpah a estar casi siempre sentado llevando consigo un ayudante que lo trasladaba de un lugar a otro del rodaje en camilla. Conocida la fama del director de intratable, el que se ocupó de dicho trabajo reconoció haberlo hecho por si en algún momento le surgía la oportunidad de tirar a Peckinpah al suelo. Pequeñeces comparado con el verdadero trauma en la filmación: la diferencia de idiomas entre los encargados del film y los actores contratados como extras, algo que supuso un verdadero martirio a la hora de filmar las cuantiosas escenas de soldados de los dos frentes luchando.

Este pequeño incidente hizo que muchos de los extras no se enterasen de nada cuando Peckinpah daba órdenes y andaban un poco perdidos, algo que puede apreciarse en el film, sobre todo en su parte final. Hay que sumar el hecho de que parte del vestuario estaba mal envejecido hasta que se llamó a un equipo americano que hizo lo que pudo con el material restante, y los tanques pedidos para las escenas en las que aparecen se quedaron en únicamente tres. Sí, en la película parecen más y es debido a la extraordinaria labor de montaje de Michael Ellis —trabajó posteriormente en ‘Superman’, uno de los proyectos rechazados por Peckinpah—, Murray Jordan —en el rodaje conoció a una montadora que le dijo estaba trabajando en ‘Star Wars’ de George Lucas a lo que Jordan contestó: “ah, una de esas tonterías de ciencia ficción, yo estoy en una película de Sam Peckinpah“—, Tony Lawson y Herbert Taschner que multiplicaron por diez los pocos elementos de los que disponían. El resultado es simple y llanamente extraordinario. Las secuencia bélicas están entre lo mejor del género, gracias a John Coquillon que consigue un realismo único.

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Uno de los grandes aciertos de Peckinpah es que éste logra que aborrezcamos la guerra sin necesidad de hacer ideologías de ningún tipo. Los protagonistas son soldados alemanes en las Segunda Guerra Mundial, se supone que son los malos y aún así nos interesamos por sus vidas y sus muertes. Alusiones a los aliados o Hitler no existen en el film, estamos en el frente ruso, el director no quiere hurgar en la herida del holocausto o cosas parecidas, él quiere hablar de la guerra, de demostrar que ésta es tan horrible para los “buenos” como para los “malos” si se me permite expresarlo así. En ‘La cruz de hierro’ no hay soldados, hay hombres que odian la guerra, algunos luchan por deber, otros por obligación, y otros para conseguir la gloria. Y en medio de todo eso, los bajos instintos del ser humano en un contexto de horror. Sirva como ejemplo el episodio de las mujeres, la felación y lo que viene después, o sin ir más lejos el recibimiento que sufren Steiner y sus hombres al regresar con prisioneros rusos, por no hablar del destino del niño ruso adoptado por el pelotón en un momento dado. La Guerra no hace diferencias.

Una vez más Peckinpah logró un reparto de altura para su película. James Coburn, que ya tenía experiencia con el director y no sería la última vez que trabajasen juntos, da vida a Steiner, un hombre totalmente asqueado del mundo, de la guerra y de los hombres que las provocan. Es sin duda, el personaje mejor trazado por encima del capitán Stransky, a cargo de Maximilian Schell, tal vez un poco exagerado. James Mason y David Warner son dos oficiales que representan el lado burocrático de la guerra, aquellos que intentan explicar con órdenes y leyes lo que sencillamente no tiene explicación.

‘La cruz de hierro’ no funcionó bien en la taquilla americana —aunque un cineasta como Orson Welles envió un telegrama a Peckinpah en el que le decía que era la mejor película antibélica que había visto nunca—, se supone que por la difícil identificación del público yanqui con un soldado alemán, pero en Europa fue un éxito estruendoso, tanto que provocó una continuación con Richard Burton en el papel de Steiner. Afortunadamente Peckinpah rechazó dirigirla prefiriendo meterse en un entretenimiento puro y duro sobre unos camioneros haciendo gala de esa exageración típica en el último tramo de su obra.

Especial Sam Peckinpah en Blogdecine:

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<![CDATA[Críticas a la carta | 'La cosa' de John Carpenter]]> http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-la-cosa-de-john-carpenter http://www.blogdecine.com/criticas/criticas-a-la-carta-la-cosa-de-john-carpenter Sun, 18 Jul 2010 20:10:15 +0000 seleccionado por 1202 thething-f1.jpg

En Francia soy un autor, en Alemania soy un director de cine, en Inglaterra soy un director de películas de terror y en Estados Unidos soy una puta mierda

Así se expresaba el propio John Carpenter hace ya unos cuantos años cuando se le preguntaba por la mala recepción crítica de sus películas en su país de origen, los Estados Unidos de América. Resulta curioso que con el paso del tiempo, que la mayoría de las veces suele poner las cosas en su sitio, Carpenter sea todavía rechazado por la mayoría de los cinéfilos e incluso críticos que no ven nada de especial en un director que ha sabido moverse con agilidad dentro de los cánones del cine comercial pero sin sucumbir a las típicas concesiones de este tipo de cine. En la sección Críticas a la carta estamos de enhorabuena, vosotros habéis demandado un texto sobre este genial director al que el éxito no le acompaña desde hace décadas y sobre la que muchos consideran su mejor película: ‘La cosa’ (‘The Thing’, 1982).

La película es la primera entrega de la llamada Trilogía del Apocalipsis, seguida en la magnífica ‘El príncipe de las tinieblas’ (‘Prince of Darkness’, 1987) —una de las películas más infravaloradas de su autor— y la interesante ‘En la boca del miedo’ (‘In the Mouth of Madness’, 1995. También se trata de una nueva adaptación del relato de John W. Campbell Jr. que ya había conocido una traslación al cine de la mano de Howard Hawks y Christian I. Niby en ‘El enigma de otro mundo’ (‘The Thing From Another World’, 1951) de la que ya os hablé en su momento, una película que había impresionado mucho a Carpenter —en ‘Halloween’ es el film proyectado en televisión en un momento dado—, pero que distaba mucho de ser una adaptación fiel de un relato con enormes posibilidades.

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El argumento no varía demasiado del film de 1951 al menos en lo que es su esqueleto: a una base científica del Polo —el Norte en el film del 51, el Sur en la de Carpenter— llega una forma de vida alienígena que pone en jaque a los residentes del lugar. En el relato de Campbell el alien no tiene una forma específica, es en realidad “una cosa”. Es evidente que en el film de Hawks por razones presupuestarias y que los efectos visuales estaban lejos de la perfección de hoy día, el extraterrestre tiene forma humanoide, es un enemigo con forma concreta y por lo tanto fácil de exterminar. Carpenter se centró con inusitada pericia precisamente en ese aspecto tan importante en la historia: la no forma del alien.

Y digo inusitada pericia porque lo que este hombre logró con el uso de los efectos visuales y de maquillaje —uno de los grandes trabajos de Rob Bottin— es algo que muy pocos han sabido hacer, quizá Spielberg y a ratos Cameron: la perfecta inserción de la técnica en la historia narrada de forma que ésta no queda supeditada a dicha técnica, y al mismo tiempo sea ésta la única herramienta posible para narrar con convicción lo que se quiere contar. Dicho de otro modo, la forma es el fondo, y ‘La cosa’ es probablemente el ejemplo más claro en el cine moderno. Al fin y al cabo de eso se trata ser director de cine, saber poner en escena, saber narrar. Y Carpenter es, pese a quien le pese, unos de los mejores narradores que ha dado el cine americano en los últimos 35 años.

Pero no hablamos únicamente de unos deslumbrantes efectos visuales, que son más mérito de Bottin evidentemente, hablamos de cómo Carpenter retrata el mismísimo horror a través de una historia en apariencia sencilla, de brillante suspense gracias a un ejemplar uso de las elipsis. Tras la súbita aparición del perro perseguido por los noruegos que quieren matarlo —primera irrupción en la rutinaria vida de los habitante de la base—, éste es filmado deambulando por la base en inquietante tranquilidad. Vemos al perro llegar a la habitación de uno de los hombres de la base, se para, Carpenter cambia a otra cosa pero ya nos ha metido el miedo en el cuerpo. Ennio Morricone le ayuda con una banda sonora muy acorde con las que compone habitualmente el propio director, que dicho sea de paso ofreció componer la música a Jerry Goldsmith que rechazó la oferta.

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Ese instante del perro nos prepara para la materialización posterior de nuestros temores en la set piece de las jaulas donde duermen los demás perros —segunda y traumática interrupción en la rutina de la base y auténtico punto de inflexión de la historia—, en la que el impacto es tal que Carpenter ha logrado la inmersión total del sorprendido y aterrorizado espectador. A partir de ahí es el horror, nunca sabremos quién es quién en realidad, mientras uno a uno van cayendo todos los personajes, y Carpenter utiliza los efectos para representar el terror en su esencia. ¿Quién no se queda completamente paralizado y fascinado con el instante de la primera fotografía? Ese pecho convertido en una gran boca que sesga los brazos del doctor, el fuego, la cabeza-araña… qué delirio. Es increíble que casi 30 años después el trabajo de Rob Bottin —excelente por atrevido e imaginativo— supere con creces trabajos posteriores.

A pesar de encontrarnos ante un film lleno de efectos visuales y claramente enmarcado en los límites del cine comercial, Carpenter es lo suficientemente inteligente como para sacarse la absurda etiqueta de lo comercial y no caer en ninguna concesión. Fue criticado por sus compañeros por la extrema dureza de sus imágenes, yo prefiero verlo como un llegar hasta las últimas consecuencias en la propuesta, que para deleite de los más exigentes concluye con un final totalmente ambiguo. MacReady —excelente y carismático, como siempre, Kurt Russell en una de sus colaboraciones con su amigo Carpenter— y Childs —Keith David— solos, vigilándose el uno al otro mientras su lenta y fría muerte salvará o condenará a la humanidad para siempre.

Magistral película que además se ha convertido en la primera que ponemos por las nubes en ésta vuestra sección, Críticas a la carta. En los comentarios además de hablar de las excelencias de Carpenter, sobre el que volveremos en su momento, tenéis espacio para dejar vuestra peticiones. Sed originales, por Dios.

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<![CDATA['La guerra de las galaxias: El imperio contraataca' (1)]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-el-imperio-contraataca-1 http://www.blogdecine.com/criticas/la-guerra-de-las-galaxias-el-imperio-contraataca-1 Mon, 10 May 2010 07:05:29 +0000 seleccionado por 1202 strikesback1.jpg

Con el fenómeno sin precedentes en la industria que había supuesto ‘Star Wars’, George Lucas se preparó para independizarse completamente de dicha industria con la inevitable secuela, para la que optó por no sentarse en la silla del director, mientras controlaba de manera férrea todo el aparato de producción desde la sombra. Como director, convenció a un antiguo profesor suyo de la escuela de cine y televisión USC, Irvin Kershner, mientras que para las labores de guión, que debía escribirse sobre la historia que él ya había elaborado, contrató nada menos que a Leigh Brackett, famosa por sus legendarios libretos para ‘El sueño eterno’ o ‘Río Bravo’, ambas de Howard Hawks.

Brackett murió de cáncer justo cuando acabó el primer borrador del guión, y Lucas llamó a un guionista en alza en Hollywood, que le había impresionado por su trabajo en ‘En busca del arca perdida’, y que pronto debutaría como director, el hoy olvidado Lawrence Kasdan. Entre los tres construirían un guión con la precisión de un diamante, primer logro mayor de lo que sería una de las más perfectas, emocionantes y hermosas películas de aventuras jamás realizadas, la cual tendría, además, el enorme mérito de superar, en cuanto a los aspectos más formales y técnicos, el asombro de la primera parte.

Lucas lo definiría como el paso de la juventud a la madurez, o de la libertad de la infancia a la oscuridad del mundo. Y está perfectamente definido. A menudo, en las trilogías, la segunda parte, que vendría a ser el nudo de la historia, suele ser el más prolijo y el más apasionante. Y esta no es una excepción. El tono vitalista de la primera parte, con esa conclusión tan jovial, se ve reemplazado por otro mucho más fatalista, en el que apenas hay resquicio para la esperanza, narrado por Kershner con una maestría inusual en este tipo de producciones tan magnificadas.

Sálvese quien pueda

No es casualidad que empecemos en Hoth, un planeta gélido y rocoso. Allí la resistencia rebelde se esconde como puede de un Imperio dispuesto a no concederles tregua, y de un Vader que lanza sondas por todo el espacio, obsesionado con encontrar al joven que destruyó la Estrella de la Muerte. Mark Hamill sufrió un accidente en el rostro que obligó a añadir el ataque del wampa al guión. La escena es seca y magnífica como toda la película, y les sirve a Kasdan, Lucas y Kershner para mostrar que Luke, aunque se ha iniciado en la fuerza, todavía tiene mucho que aprender, sobre todo cuando es casi incapaz de recuperar con la mente su sable de luz.

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La escena en la que Han Solo salva a Luke de morir congelado en medio de un desierto de hielo está directamente inspirada en aquella magistral de la inolvidable ‘Dersu Uzala’ (Kurosawa, 1975) en la que Dersu y el capitán luchan, desesperados, por construir un refugio para guarecerse durante la noche. Esta, por supuesto, es menos dramática y mucho más jocosa (de nuevo Solo tiene los mejores diálogos de la película). Como jocoso es el regreso de ambos, con Solo vacilando a Leia, y haciéndose el duro con ella. La escena es divertidísima, con Chewbacca ofreciendo un sinfin de registros sonoros para acompañar las fanfarronadas de Solo, silenciadas por el furtivo beso que Leia le da a un sorprendido Luke en la boca. Pero hay poco tiempo para las risas. Llega el Imperio, y no va a dejar otra solución que la huida desesperada.

La presentación de la flota imperial, con el ya mítico tema “The imperial march”, que puede oirse en el link de más arriba, es impresionante. Los caracteres dibujados en la primera película son ahora mucho más rotundos y definidos, como una tragedia mitológica. Vader, observando las estrellas en los amplísimos ventanales, parece capaz de atravesar toda la galaxia con su mirada. Y también parece que ha subido de rango, tres años después, pues ya no hay oficial que se atreva a chotearse de él. De hecho, los errores suelen pagarse caros entre sus generales. Pero Vader va a ser, además, un personaje mucho más siniestro, brutal y complejo en esta segunda parte.

Y más misterioso. Al contrario que en la tercera, Kershner tiene el buen gusto y la inteligencia de no mostrar su rostro, tan solo un poco de su cabeza, antes de colocarse de nuevo el casco. Luctuoso y de motivaciones ocultas, que pronto serán reveladas, Vader es, junto con Solo, la estrella de la función. En el ataque a la base rebelde, hay poca oposición, por cierto. Con los enormes AT-AT’s, da la impresión de que el imperio les pasa, literalmente, por encima. Las victorias pírricas de los pequeños speeders atando las patas de las enormes moles de metal apenas dan un respiro, y la resistencia ha de contentarse con un sálvese quien pueda. Por un azar del destino, además, Leia ha de huir con Han, quien junto con Chewie tiene serios problemas para lograr que el Halcón Milenario funcione correctamente. Se salvan ‘in extremis’.

De este modo, se establecen dos líneas narrativas paralelas, muy diferentes entre sí, que tienen la gran virtud de no molestarse mutuamente, sino que se alimentan mutuamente y ofrecen un crescendo imparable hasta el desolador, e impredecible, final. Por un lado el Halcón Milenario escapando como puede del acoso de la flota imperial, y por otro Luke buscando al maestro Jedi de Obi-Wan, un tal Yoda. No se le puede pedir más al cine de aventuras, sencillamente.

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Asteroides y barro

La dirección artística (recuerdo haber oído a Alberto Abuín alucinar al respecto cuando la vimos juntos) de Dagobah es toda una maravilla, obra de Norman Reynolds, quien no brillará tanto en ‘El retorno del jedi’. Rodado enteramente en estudio, da gusto observar una creación tan realista, en contraste con el regreso al mismo planeta en la sexta película (el episodio III), mucho menos denso y atmosférico que aquí. Y la presentación de Yoda es mucho mejor que la, un tanto torpe, presentación que tuvimos de Kenobi en la primera película. Yoda pasa de ser una simpática criatura con aspecto de rana a aparentar mucho más sabio y poderoso cuando por fin revela su identidad, y tan solo con una gestualidad limitada, y un tratamiento genial de la expresión de los ojos.

Pero ya el animatronic, o marioneta, creada para dar vida a este personaje fundamental, es una verdadera joya artesanal, con la portentosa voz de Frank Oz. Él y Mark Hamill (que está sensacional, el chaval) inician una aventura común, una especie de curso intensivo jedi de pocos días o semanas, que es una de las cosas más hermosas que le han pasado al cine de aventuras y fantasía. Mientras, Han y compañía se las ven y se las desean para eludir a los soldados del imperio, sobre todo porque la tan cacareada y genial velocidad de la luz no funciona en su nave, por mucho que intenten repararla, de modo que se ve obligado, como medida de emergencia, a introducirse en un campo de asteroides, lo que da lugar a una de las persecuciones más espectaculares de la saga.

Parece mentira que algunos de los asteroides sean patatas colgadas de alambres, porque la sensación de introducirnos en una nube de asteroides es casi superior a la de las escena homóloga de ‘El ataque de los clones‘, echa con muchos más medios y mucho más modernos. Esta secuencia supone un adelanto ostensible respecto a las secuencias de naves de la primera parte, así como todo el look de la película ha envejecido mucho mejor que la primera, a pesar de ser sólo tres años más moderna.

Gran parte del mérito de esto es de Irvin Kershner, que es mucho mejor director de actores que Lucas, y que en la planificación y el montaje no le anda a la zaga a su pupilo. Por otra parte, la magnífica dirección de fotografía de Peter Suschitzky, que tanto alabó David Cronenberg (no en vano ambos trabajarían juntos en numerosas películas) supera con mucho a la de la primera parte, con un magnífico uso del scope (qué bien se llenan los espacios en esta aventura) y una luz suave (mayormente blanca o azul) que le da al filme un aspecto inmejorable.

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Y para no hacer esta entrada demasiado larga, concluiremos el análisis en breves días.

Especial ‘La guerra de las galaxias’ en Blogdecine



Otras críticas en Blogdecine:

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<![CDATA['Gloria y hambre', de William A. Wellman]]> http://www.blogdecine.com/cine-clasico/gloria-y-hambre-de-william-a-wellman http://www.blogdecine.com/cine-clasico/gloria-y-hambre-de-william-a-wellman Tue, 26 May 2009 17:57:07 +0000 seleccionado por 1202 gloria-y-hambre-1.jpg

En el especial sobre Clint Eastwood que os estamos ofreciendo a lo largo de los últimos y venideros meses, nos paramos en una película muy influyente en la carrera del actor: ‘Incidente en Ox-Bow’, una de esas películas cuyo visionado no se olvida, porque es de los que dejan huella. El director de esa joya era William A. Wellman, nombre que a los que les gusta el cine no les dirá nada, pero a los cinéfilos sí. Wellman pertenece a una serie de realizadores ya perdidos, pero cuya huella ha quedado impresa con oro puro en la historia del cine.

Firmante de películas imprescindibles como ‘El enemigo público’ (en un excelente episodio de la tercera temporada de ‘Los Soprano’ rinden un sentido homenaje a este film), la mencionada ‘Incidente en Ox-Bow’ (cuya visión de la maldad del ser humano es insoportable), ‘Beau Geste’ (uno de los mejores relatos de aventuras jamás filmados, con un lirismo arrebatador) o ‘Fuego en la nieve’ (film antibélico, cumbre en el género), Wellman se caracterizó por una narración sencilla (que no simple), directa, y sus películas poseían un cierto regusto de denuncia que aún siguen vigentes. ‘Gloria y hambre’ es uno de sus trabajos menos conocidos, pero pueden apreciarse todas las cualidades de Wellman.

‘Gloria y hambre’, cuyo título original es ‘Heroes for sale’ (mucho más indicativo de por dónde van los tiros en la película) dura apenas una hora y cuarto, algo impensable hoy en día, sobre todo si se quisiera contar la misma historia que aquí. La capacidad de síntesis que Wellman (y otros realizadores coetáneos en aquella época) implanta en su relato, hace que no sea necesario utilizar más metraje del necesario. En tan sólo cinco minutos se presenta la siguiente situación: durante la Primera Guerra Mundial un grupo de soldados son enviados a una misión suicida en la que deberán apresar a un mando alemán para poder interrogarlo. El jefe del pelotón resulta ser un cobarde, siendo su mano derecha quien consiga al prisionero, entregándoselo a su jefe justo cuando cae herido y dado por muerto. Será el que se comportó como un cobarde el que vuelva a casa lleno de honores y gloria, mientras que el que ha sido dado por muerto es liberado al final de la Guerra, volviendo a casa sin ningún tipo de reconocimiento.

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A partir de ese momento Wellman no deja títere con cabeza en el retrato social, muy típico de la década de los 30, a través de la historia de un hombre que para lograr ser alguien en la vida tiene que ganárselo con el sudor de su frente, mientras que otros, cargados de falsos honores lo obtiene absolutamente todo. El mundo es de los falsos héroes, mientras que los hombres de verdad, el héroe anónimo, está a la merced de los tiburones de los negocios. Muchas serán las penurias que el personaje central del film tendrá que pasar hasta lograr ser alguien, mientras forma una familia y se gana el respeto y admiración de los suyos, gracías al tesón y trabajo duro.

Pero ‘Gloria y hambre’ no concede cesiones al espectador, que desea en todo momento ver triunfar al hombre normal y corriente, con el que se siente totalmente identificado. En su tramo final, Wellman centra las situaciones en el contexto histórico del crack de 1929, en el que el desastre es aún mayor. Todo el mundo, incluido aquel cobarde que se llenó de gloria a costa de su compañero y amigo, está al mismo nivel social que aquél. El orgullo se deja de lado, no hay escalas de poder, y el mal es un mal común a todos. Curiosamente Wellman comete, a mi juicio, un error de tono, cayendo en un innecesario subrayado. Cuando vemos que no hay solución posible a los problemas de uno (de todos) los personajes, y la esperanza si existe está bien lejos, se refuerza la figura central de la historia como un hombre que lo ha dado todo por los suyos, valeroso y comprensivo, y sobre todo, emprendedor. Esto ya queda muy claro en el resto de la película, por lo que esa repetición, en la que prácticamente se llega a insinuar cierto carácter mesiánico en el personaje central, agua un poco la extrema dureza del relato.

Richard Barthelmess y Loretta Young encabezan un excelente reparto en el que incluso podemos encontrarnos con James Murray (protagonista de una de las películas más pesimistas de toda la historia, ‘Y el mundo marcha’) dando vida a un soldado ciego. Un plantel perfecto para una película que no alcanza la grandeza de otros títulos de Wellman, pero deja ese excelente sabor que las obras de los grandes clásicos dejan, y más aún cuando 76 años después de la realización de ‘Gloria y hambre’, ésta tiene si cabe más vigencia en el momento actual.

Más cine de William A. Wellman en Blogdecine:

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<![CDATA[Cannes 2009: Michael Haneke presenta seria candidatura a la Palma de Oro]]> http://www.blogdecine.com/festivales-y-premios/cannes-2009-michael-haneke-presenta-seria-candidatura-a-la-palma-de-oro http://www.blogdecine.com/festivales-y-premios/cannes-2009-michael-haneke-presenta-seria-candidatura-a-la-palma-de-oro Fri, 22 May 2009 03:53:31 +0000 seleccionado por 1202

michael haneke en cannes

Según se aproxima la recta final de festival, cada vez quedan menos títulos con posibilidades de alzarse con la codiciada Palma de Oro. Ha llegado el mejor remueveconciencias de Michael Haneke y ha dado muestras de su mejor cara con una propuesta bastante seria a ganar en Cannes. Se titula ‘The white ribbon’ (‘Le ruban blanc’ o algo así en español como ‘La cinta blanca’), una película profunda, en blanco y negro, que versa sobre las rarezas acaecidas en los prolegómenos a la primera guerra mundial en una pequeña población alemana protestante, que desencadenan un extraño ritual de odios, crímenes, castigos y penitencias.

Le hacía falta al austríaco Haneke retomar el pulso de su cine duro, directo y sin concesiones que nos había demostrado con sus títulos más emblemáticos (‘La pianista’ ya ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes), y a la vez polémicos. Y todo hace indicar que con ‘The white ribbon’ retoma su inspiración visual y narrativa con una crónica densa y perturbadora, que produce más miedo sugerido que mostrado.

La película de Michael Haneke es contundente, dramática y hasta cruel, con interpretaciones ajustadas y convulsiona al espectador, generando inquietud y verdadero mal rollo. Tal ha sido la acogida que la han calificado algunos como verdadera obra maestra. Y en líneas generales ha impactado sobremanera a casi todos, por lo que parece Haneke está en las quinielas como uno de los más claros favoritos. Aquí un clip de avance de la película:

El otro título a competición ha quedado algo ensombrecido, aunque también ha dejado buen regusto entre la crítica. Se trata de la producción francesa ‘En el origen’ (‘A l’origine’) de Xavier Giannoli, una interesante observación de la actualidad sobre un un delincuente de medio pelo que tras salir de la cárcel intenta buscarse la vida y llega casualmente a la paralizada construcción de una autovía y es confundido por la gente del pueblo como el ángel salvador. Al pobre no le queda otra que asumir su nueva identidad. Está magníficamente interpretada por François Cluzet, que también se coloca como gran candidato a ganar como mejor actor.

Por último, mencionar que Sam Raimi presentó fuera de concurso su última y terrorífica obra ‘Drag Me to Hell’, una revisión al más puro estilo comercial del horror que ya mostrara con la mítica ‘Posesión infernal’, pero sin llegar a esas altas cotas de calidad.

Vía | Allocine

Cannes 2009 en Blogdecine:

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