Favoritos de 2309 en Blogdecine http://www.blogdecine.com/usuario/ seleccionado por 2309 http://www.blogdecine.com <![CDATA['Moon', la odisea de un fantástico Sam Rockwell]]> http://www.blogdecine.com/criticas/moon-la-odisea-de-un-fantastico-sam-rockwell http://www.blogdecine.com/criticas/moon-la-odisea-de-un-fantastico-sam-rockwell Thu, 15 Oct 2009 11:36:35 +0000 seleccionado por 2309 moon

No estamos programados, Gerty. Somos personas.

La gran triunfadora de Sitges 09, ‘Moon’, se estrenó en los cines españoles el pasado viernes 9 de octubre, un par de días antes recibir los premios a la mejor película, actor, guión y diseño de producción en el Festival catalán. Duncan Jones, que hasta ahora sólo era el hijo de David Bowie, debuta en el cine con una inteligente, reflexiva y claustrofóbica historia, llena de homenajes, sobre un astronauta que debe trabajar durante tres años en la Luna, hasta que llegue su relevo y pueda por fin volver a la Tierra, a casa, con su mujer y su hija.

Al igual que otras populares películas recientes, como ‘Náufrago’ o ‘Soy leyenda’, ‘Moon’ se basa prácticamente en la labor de un único actor, Sam Rockwell, que debe soportar el peso de la película, atraer al público y mantenerlo interesado, entretenido, durante una hora y media. Una película, una historia, un actor. Para que funcione es imprescindible contar con un excelente intérprete. Y Rockwell lo es. Lo vuelve a demostrar aquí, por si alguien todavía tenía dudas. Contar con este actor es uno de los grandes aciertos de Jones, y lo más sobresaliente de la película, una de las mejores del año.

No recomiendo seguir leyendo este texto si no se ha visto la película. Es algo que no suelo hacer, revelar aspectos importantes de la trama en mis críticas, pero en este caso me parece necesario romper la norma. En realidad, no creo que puedan considerarse “spoilers“, puesto que el propio Duncan Jones no quiso sorprender a nadie con el giro más relevante de la trama (lo dijo en la rueda de prensa en Sitges, que prefería desarrollar la “sorpresa” a dejarla para el final), de hecho, está en el tráiler de la película y me consta que se ha revelado en la prensa, pero bueno, no es menos cierto que yo lo desconocía cuando vi la película y creo que así la disfruté aún más, sabiendo lo menos posible. Repito, no leáis más si no habéis visto el film.

Como dije, la película se centra en la vida de Sam Bell en la Luna. La primera escena es muy interesante, bastante reveladora de su existencia y su trabajo allí. Vemos al hombre en una de esas cintas mecánicas para correr. ¿Qué otra imagen os viene a la cabeza? Yo pensé automáticamente en una rata de laboratorio, que se mete en una de esas ruedas para hacer ejercicio, frenéticamente, pareciendo desde fuera que intenta escapar de la jaula, sin posibilidad alguna, repitiendo siempre el mismo recorrido, siempre entre rejas. Sam Bell está viviendo algo parecido, sólo que aún no lo sabe.

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He leído por ahí que, con ‘Moon’, gira en torno a la clonación. En realidad esto no es cierto, aunque como el propio director llegó a decir, la película está abierta a todo tipo de interpretaciones; una fórmula muy facilona y al mismo tiempo muy inteligente, porque así no sólo no te ves forzado a explicar tus intenciones, sino que permites que cualquier espectador se quede satisfecho con su propia visión de la historia. En cualquier caso, Sam Bell es un clon. Y esto plantea interesantes reflexiones. Pero lo más importante, y lo esencial de la película, es que Sam debe enfrentarse a dos dilemas: por un lado, todo lo que creía, todo lo que le habían dicho, es una gran mentira; y por otro lado, es un ser artificial que va a ser eliminado, una vez que acabe su misión.

Por eso, más que una película sobre la clonación, ‘Moon’ es una película sobre un ser humano que se plantea el sentido de su existencia, el sentido de la vida, la diferencia de lo orgánico y lo artificial. Hay claros homenajes a ‘2001’ o ‘Naves misteriosas’ (‘Silent Running’), pero en este sentido hay que acordarse de ‘Blade Runner’, esa mágica obra de Ridley Scott. Sam Bell (cualquiera de los Sam Bell a los que da vida un impresionante Sam Rockwell) tiene tres años de vida y en caso de sufrir un accidente o estar en peligro el trabajo que realizan en la Luna, será sustituido por otro clon, que hará exactamente lo mismo que él. En realidad, la idea de la clonación permite a Jones experimentar con otra posibilidad, que era la que más le fascinaba, y era que un hombre “viejo” pudiera interactuar con una versión “joven” de sí mismo.

De este modo, en ‘Moon’ tenemos a un Sam Bell desgastado y cansado, pero experimentado, que conoce a un Sam Bell fresco y enérgico, pero torpe. Y entre los dos intentan saber qué demonios pasa en la Luna, por qué están allí y cuál debe ser el camino que deben recorrer juntos, pero al mismo tiempo, y esto es sumamente interesante, son dos personas diferentes, dos egos distintos con sus propias ideas y sentimientos, y les cuesta llevarse bien al principio, enfrentándose sin remedio, porque su forma de ser es así, tienen ese carácter difícil; en el fondo, están mejor solos que en compañía. Si un Sam Bell ya tiene problemas para relacionarse, dos puede resultar un completo desastre. ¿Qué pasaría si tuvieras que interactuar contigo mismo, podrías soportarte?

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He mencionado ‘2001’. La referencia a la mítica película de Stanley Kubrick es obligada, no sólo por momentos que parecen calcados (el viaje estelar, con el rostro de Rockwell iluminado por múltiples colores) sino por la presencia de un robot, una inteligencia artificial, que es, durante mucho tiempo, la única compañía del protagonista. Al igual que HAL, GERTY tiene información confidencial que no puede revelar y una voz extraña, amigable, que hace sospechar de sus verdaderas intenciones, al relacionarse con Sam Bell. Kevin Spacey da voz a este robot y lo hace estupendamente, porque da ese toque inquietante que necesita el personaje.

Si a lo largo de este texto he hablado sólo de las virtudes y los aspectos más fascinantes de la película, es porque Duncan Jones consigue su propósito de entretener, inquietar y hacer pensar. Es ciencia ficción de la de antes, con una estética muy poderosa y una historia que mantiene el interés todo el tiempo, incluso aunque ya sepamos cómo va a acabar. Se te queda en la cabeza y conforme la vas pensando, más te gusta, más te quedas con los aciertos y menos importancia le das a los errores o los elementos menos logrados.

El principal error que le veo a ‘Moon’, además de que no me convence del todo la reacción de Sam Bell al ver a su clon, es que Jones bebe demasiado de otras películas, y no aporta gran cosa, no te da nada que no hayas visto antes, exceptuando claro, a Sam Rockwell multiplicado. Con eso nos quedaremos probablemente, en el futuro, con la soberbia interpretación de Rockwell. Pero lo mejor es que siempre podremos volver a ‘Moon’ para encontrar una historia entretenida, muy bien realizada (ojo, costó unos miserables 5 millones), hecha con cariño y buen gusto, a lo que hay que añadir que cuenta con una banda sonora de Clint Mansell, por lo que ya sobran razones para defenderla. Lo dicho, una de las mejores películas de 2009.

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Indiana Jones y la última cruzada', la humanidad del héroe]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-indiana-jones-y-la-ultima-cruzada-la-humanidad-del-heroe http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-indiana-jones-y-la-ultima-cruzada-la-humanidad-del-heroe Mon, 12 Oct 2009 12:24:10 +0000 seleccionado por 2309 lc8.JPG

La búsqueda del Grial no es arqueología. Es una carrera contra el mal. Si el Grial es capturado por los nazis, los ejércitos de la oscuridad marcharán sobre la faz de la Tierra, ¿me comprendes?

-Henry Jones Sr.

Estaba bastante claro que íbamos a conocer una tercera parte de las aventuras de Indiana Jones (lo que no estaba tan claro es que algún día llegase la cuarta…), por lo que la aparición, a finales de la década, de esta película fue algo poco sorprendente para todos. Lo que sí sorprendió fue que, al menos para el que esto firma, se trató de la mejor de todas ellas de lejos, pues no sólo es la más emocionante, y en la que Spielberg dirige con una mayor perfección, si no que es difícil encontrar una película de aventuras de esta calidad en la historia del cine. Así de sencillo.

Si con anterioridad el ‘mcguffin’ había tomado cuerpo en la presencia del Arca de la Alianza, o en las piedras sagradas de la cultura hindú, ahora, como todos sabemos, se trata de la copa de Cristo, más conocida como Santo Grial, un objeto codiciado por no pocos historiadores y que es utilizado, al mismo tiempo, como excusa argumental y como catalizador final de la apasionante relación que se establece entre Indiana y su padre, encarnados por dos genios de la interpretación: el instintivo y generoso Ford, y el entrañable viejo zorro Connery.

El exigente y distante padre, el vitalista y solitario hijo

De nuevo todo comienza con un prólogo en el que Indiana persigue un objeto inicial que nada tiene que ver con el principal. Ahora bien, dos características nuevas se añaden a los prólogos anteriores: que el objeto lo ha buscado Indy desde la infancia (con lo que se erige en una búsqueda personal que se pone en paralelo a la búsqueda personal del padre de encontrar el Grial), y que al conocer al distante progenitor del adolescente Indy, se introduce un componente emocional prácticamente desconocido en la trilogía.

Poquísima importancia reviste, por tanto, que nos expliquen, en una secuencia de acción absolutamente magnífica por cierto (con un comienzo que es un homenaje al western, y más concretamente a John Ford), de dónde viene el sombrero, la cicatriz, el látigo, o la fobia a las serpientes del protagonista. Esos chistes privados comienzan a perfilar este relato como un homenaje a la saga, corporeizados en la figura del malogrado River Phoenix, en un registro de comedia loca desconocido en él. De forma coherente, por cierto, Spielberg de momento no muestra el rostro del padre, tan solo sus manos, en una presentación idéntica a la de su hijo, del que en primer lugar siempre vemos sus manos. Muchos años más tarde, Indiana logra recuperar la Cruz de Coronado, convirtiéndose en la primera reliquia que vemos recuperar a Indy, pues siempre se contentaba con salvar la vida en sus aventuras previas.

Lo interesante, en verdad, es que este prólogo siembra la semilla de lo que va a ser la película, que no es otra cosa que la relación de Indiana con Henry Jones, un padre que al dejarle toda libertad se distanció de su hijo irremediablemente. Este es el corazón del relato, con un guión soberbio (sin duda el más redondo de todos los de la saga, el que más y mejor juega con situaciones y personajes, el que mejores diálogos posee, el de mayor progresión, escrito por el profesional Jeffrey Boam), muy del gusto de Spielberg, que filmó sin mucha gana ‘El templo maldito’, aventura que en gran parte le desagradó por su oscuridad, pero que aquí se siente muy cerca de la historia por contar algo que le interesa, y es que el maestro había aprendido que lo que importa en la aventura son los sentimientos e intereses vitales de los personajes.

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Regresamos, por tanto, al tono de folletín de los años treinta de la primera película, a algunos de los personajes de la misma (Sallah, Brody), y se inicia un desarrollo de la humanidad de Indiana Jones, que en la segunda había mostrado, por así decirlo, su lado oscuro. Los escenarios del relato son aquí más numerosos que en las otras dos juntas, con Venecia, Austria, Berlín, Hatay e incluso Utah entre ellas. Pero, sobre todo, se introduce un tono de misticismo y de mitología ya perfilado en la primera aventura, pero que aquí va a influir de manera conmovedora en las peripecias de los personajes.

Un reparto formidable

En el momento de filmar este proyecto, Harrison Ford contaba cuarenta y seis años, y no podemos dejar de admirar su presencia, su esfuerzo en la acción y su inigualable instinto interpretativo. Cierto que es un personaje que interpretaba por tercera vez, pero aquí es capaz de restarle cinismo y añadirle compasión con toda naturalidad, mientras despliega el habitual estoicismo físico. Pero, además, en cuanto aparece Connery, pierde el control y la voluntad férreas de las otras entregas, aunque sin perder nada de interés ni coherencia. Siempre he pensado que Harrison Ford es un actor soberbio, que controla de manera ejemplar su ficisidad, a la vez que muy creíble y muy carismático. Este podría ser su mejor papel, o uno de los mejores.

A su lado Sean Connery es una presencia extraordinaria. Si Spielberg hizo Indiana Jones como respuesta a la frustración de no poder hacer James Bond, el padre del personaje debía ser el mismo James Bond. Por suerte para el cine, el actor aceptó el papel y ofreció una dimensión impagable a la película. Sólo doce años mayor que Ford, a sabiendas de que por entonces era ya una leyenda del cine, es imposible no enamorarse de este personaje, y Connery logra una insuperable fusión entre torpeza y habilidad, entre inteligencia y testarudez. Ambos, Ford y Connery, forman un dúo que es de lo mejor que Spielberg ha tenido jamás en sus manos.

El resto del reparto se muestra igualmente a la altura, en una cohesión que muy pocos han sabido, o querido, apreciar. Tanto Julian Glover (el astuto y fascinante Walter Donovan), como Alison Doody (Elsa, una estupenda femme fatale) como Michael Byrne (el cruel aleman de turno, llamado Vogel) o Kevork Malikyan (dando vida al equívoco Kazim) forman un grupo de actores en estado de gracia, dirigidos por Spielberg con mano maestra, elaborando con ellos traición, pasiones, maldades, sorpresas y frágiles alianzas.

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Rasgos estilísticos

Si en la primera parte había propuesto una revisión de los viejos seriales de aventuras, logrando un delicado equilibrio, y en la segunda parte había tirado por la borda ese equilibrio en favor del frenesí y el caos, en esta tercera parte Spielberg se muestra más sólido que nunca, olvidando la mixtura genérica, y entregándose con vehemencia a la mitología del personaje, consciente de que ya no necesita mirarse en otros espejos más que en el que él, y Lucas, crearon.

De tal forma que, por supuesto, tenemos acción, pero tenemos el que quizá es el más afortunado tono humorístico de toda su carrera. Así, Indiana y su padre forman un dúo en la mejor tradición de la “screwball comedy” norteamericana. Es mérito de Spielberg alcanzar a mezclar ese tono con en el de un relato sobre la fe religiosa, sin la menor fisura en su desarrollo. Las aventuras con Jones padre pueden llegar a ser desternillantes, pero también de gran ingenio y dinamismo. Ejemplos hay muchos, y sólo el genio de Connery como intérprete asegura su eficacia: intentando quemar sus ligaduras, provoca un incendio; encontrando una salida secreta, provoca que su hijo caiga aparatosamente por las escaleras.

Por otra parte, decir que Spielberg narra portentosamente la acción, a estas alturas resulta un eufemismo. Hay varias persecuciones (en lancha, en moto, en avión) que pueden ser, fácilmente, de lo mejor del género. Pero mención especial merece la del dirigible, con el graciosisimo chiste de “más peligroso imposible” pronunciado por Connery, justo cuando una bomba les cae casi encima y destruye su automóvil. Hay una alegría y un amor de Spielberg por sus personajes en el momento de la playa que resulta difícil de describir. Desde el mismo principio, padre e hijo se han mostrado dolorosamente divergentes, comenzando por la brillante broma del jarrón, y con el clímax de la conversación en el dirigible. Pero la demostración de audacia con el avión que está a punto de rematarles, provoca un respeto y una admiración que podemos palpar en esta hermosa secuencia.

Spielberg volvió a contar con tres colaboradores cuya aportación resulta inestimable: el montador Michael Kahn, el músico John Williams y el operador Douglas Slocombe. El primero dotó a la película de un equilibrio rítmico difícilísimo de obtener. El segundo pudo colocar su granito de arena (granazo…) a la hora de mezclar tonos, y el tercero volvió a demostrar su gran profesionalidad con una fotografía que seguía en cierta medida los pasos de las antecesoras, pero mucho más rica y mucho más elegante. De hecho, la palabra elegante le cuadra a esta película como a pocas. Si Spielberg se merece el rango de maestro, sobre todo es por cómo compone sus secuencias, al estilo de sinfonías, con unos movimientos de cámara y una planificación visual al alcance de muy pocos, que aquí se puede describir como majestuosa.

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Conclusiones

‘La última cruzada’ puede ser, fácilmente, la mejor película de Steven Spielberg desde ‘Tiburón’. Con ella culmina un estilo de hacer aventuras que parece que luego Spielberg no podría igualar con la serie de ‘Parque Jurásico’, ni en intención ni en ejecución. Posee, además de las mejores secuencias de acción de todas ellas, una solidez inusitada.

Pero no sería la última película de Spielberg en esa década. La cerraría con un extraño remake que adelantaría la irregularidad de los años noventa.

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<![CDATA['Spanish Movie': tráiler definitivo, cartel e imágenes]]> http://www.blogdecine.com/default/spanish-movie-trailer-definitivo-cartel-e-imagenes http://www.blogdecine.com/default/spanish-movie-trailer-definitivo-cartel-e-imagenes Sun, 11 Oct 2009 07:07:37 +0000 seleccionado por 2309

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‘Spanish Movie’. Con este título tan anglófilo se inaugura en España el género de las spoof movies. Esas películas que se dedican únicamente a parodiar a otras películas, normalmente grandes éxitos de taquilla. Con esta película, se intenta trasladar el esquema de títulos tan populares como ‘Scary Movie’ (cuyo éxito ha dado para una saga), ‘Epic Movie’, ‘Casi 300’, o también las anteriores ‘Hot shots’, ‘La loca historia de las galaxias’, o la archiconocida ‘Aterriza como puedas’, quizás el clásico más representativo.

Precisamente de ‘Aterriza como puedas’ se recupera a una figura emblemática como Leslie Nielsen, que tiene un papel en esta española ‘Spanish Movie’. Dirigida por el debutante Javier Ruiz Caldera, cuenta con guión de Paco Cabezas y Eneko Lizarraga. Aunque quizás, su principal atractivo sea un reparto bastante acertado para llevar a la gran pantalla una historia tan alocada como esta. Trabajan Alexandra Jiménez, Silvia Abril (más conocidas por televisión), Eduardo Gómez, Michelle Jenner y los más paródicos Carlos Areces y el gran Joaquín Reyes (de Muchachada Nui). Además de la mencionada participación especial de Leslie Nielsen.

Aún en fase de postproducción, ‘Spanish Movie’ verá su estreno el próximo día 4 de diciembre y seguro que conseguirá dos cosas: ser objeto de críticas (desde múltiples esferas, dada su carácter de parodia y por tratarse de una spoof movie a la española), y un éxito casi asegurado de taquilla. Y es que por mucho que se pueda repudiar este tipo de cine, no se puede negar su enorme gancho y que finalmente logra acumular sonadas carcajadas en su exhibición con un buen número de gags (como ya se aprecia en el tráiler definitivo y se intuía en el primero).

La sinopsis de la cinta es bien simple. Se trata de parodiar destacados títulos de nuestro cine más reciente, desde ‘El Orfanato’ a ‘Los otros’, ‘Volver’ o ‘El laberinto del fauno’. A pesar del tono paródico, esconde un homenaje a películas que han dado mucho renombre al cine española y que bien necesitaba su particular parodia.

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Vía | spanishmovie.es

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<![CDATA[Mis villanos favoritos: Hannibal Lecter ('El silencio de los corderos')]]> http://www.blogdecine.com/default/mis-villanos-favoritos-hannibal-lecter-el-silencio-de-los-corderos http://www.blogdecine.com/default/mis-villanos-favoritos-hannibal-lecter-el-silencio-de-los-corderos Fri, 23 Oct 2009 07:52:57 +0000 seleccionado por 2309 hannibal lecter in the silence of the lambs
Lo tengo en mi olimpo de los villanos. Un psicópata sin escrúpulos pero educado, brutal pero culto, caníbal pero inteligente. Quizás estas sean algunas de las principales características de uno de los mejores personajes que el cine nos ha dejado. Un malvado que causó pánico, terror pero también fascinación, e incluso admiración.

Hablamos de 1991 y ‘El silencio de los corderos’. Un Anthony Hopkins inconmensurable que se puso en la piel del doctor Lecter, un personaje que creó el novelista Thomas Harris, y que perdurará inolvidable gracias al trabajo del actor británico.

El acierto de este thriller fue retratar a un villano de una forma cruda, dándole más protagonismo y atrapando al espectador con su fascinante personalidad, gracias a una acertada realización y al trabajo soberbio de Hopkins. Un personaje confinado en una celda de máxima seguridad pero que se las ingenia para generar verdaderas pesadillas sin apenas pestañear o moverse. Capaz de introducirse en el alma de Clarice, la agente del FBI interpretada por Jodie Foster, y removerle su conciencia.

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Su ritmo pausado, su mirada profunda, sus gestos inquietantes, son sus principales armas y hacen de Hannibal Lecter un psicópata que causa verdadero pánico. También resulta especialmente llamativo los contrastes de su personalidad, como definía al comienzo. Un tipo que es un eminente psiquiatra, a la vez que un genio y amante del arte (y también de la gastronomía “exquisita”), pero capaz de acometer las atrocidades humanas más horribles. Comerse a sus víctimas. Un canibalismo despreciable que él convierte en una desviación humana justificada. Cínico y manipulador, el doctor Lecter no aparenta ser un malvado a primera vista. Su carácter de villano se encuentra escondido en lo más profundo de su interior, aunque cuando necesita urdir su fuga, no duda en sacar a luz toda su brutalidad y despiadado comportamiento.

Su erudición no justifica su sociopatía, y Lecter se convierte en uno de los asesinos mejor retratados en la historia del cine (si obviamos el resto de títulos de la saga que no llegan a la altura de ‘El silencio de los corderos’).

Resulta fascinante cómo consigue desentrañar a otro asesino, motivo por el que Clarice Starling se entrevista con él, y con la facilidad con la que lo hace. Una nueva muestra de su doble vertiente: gran psicólogo pero con un lado asesino especialmente desarrollado (como se aprecia en la gran escena del primer encuentro entre Clarice y Lecter).

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Un villano de culto al que dio vida Anthony Hopkins y que, a pesar de tratarse de un personaje repulsivo, la mirada del realizador encierra una clara atracción que se transmite en esos cuidados primeros planos del actor. Esa misma atracción que nace en Clarice, y que se transmite al espectador. Es por eso que el retrato de Lecter resulta tan inquietante. Un gran trabajo que supuso un giro a la hora de mostrar a un asesino en serie en el cine y que se ha convertido en un clásico, con un malvado inolvidable.

Otros de mis villanos favoritos:

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'La lista de Schindler', Spielberg recupera su gran talento]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-la-lista-de-schindler-spielberg-recupera-su-gran-talento http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-la-lista-de-schindler-spielberg-recupera-su-gran-talento Sat, 24 Oct 2009 08:43:39 +0000 seleccionado por 2309 3-schindlers_list_red_dress.jpg

Eso es muy cruel, Oskar. Les estás dando esperanza. No deberías hacerlo. Eso es muy cruel.

- Among Goeth

Después de ese tríptico terrible conformado por ‘Always’, ‘Hook’ y ‘Parque Jurásico’ (la primera muy cuestionable, la segunda lamentable, y la tercera flojísima), que tanto ha contribuido, en mi opinión, a rebajar la altura artística de la carrera de Steven Spielberg, llega un título clave en su filmografía, que él no tiene reparo en afirmar que es la más importante de todas las que ha hecho, mientras que por ejemplo considera ‘E.T.’ como la más personal.

Yo no estoy por la labor de llevarle la contraria. Quizá sea la más importante que ha hecho, aunque puede que también por razones que a lo mejor él no considera, como redimirle de varios años muy poco interesantes. No creo que ‘La lista de Schindler’ sea, ni mucho menos, esa obra grandiosa que muchos han proclamado, aunque está claro que es una película formidable a la que algunos defectos absurdos (y que además, convierten la práctica de la crítica cinematográfica en un ejercicio arduo de llevar a cabo) impiden una perfección absoluta que se insinúa en muchos momentos.

Un proyecto complicado

Y lo cierto es que es un proyecto que pasó por bastantes manos antes de llegar definitivamente a las suyas. Cineastas del calibre de Roman Polanski, Martin Scorsese o Billy Wilder, nada menos, pudieron haberla dirigido antes que él. El primero lo rechazó por motivos personales, el segundo intercambió proyecto con Spielberg (que iba a dirigir el remake de ‘El cabo del miedo’...), y el tercero intentó hacerse con los derechos, pero en el último momento los perdió en favor de Spielberg, cuando podría haberse convertido en el testamento del maestro austríaco, cuya madre fue asesinada en Auschwitz.

En cualquier caso, resulta apasionante la identificación que Spielberg experimenta por su protagonista, Schindler, y por el interpretado por Ben Kingsley, el contable Itzhak Stern. La notoria y en cierto modo célebre (aunque no fue la única de estas características, por supuesto, y hubo otros casos en los que se salvaron a un mayor número de judíos) historia del controvertido hombre de negocios Oskar Schindler, fue descrita de manera admirable en la novela homónima de Thomas Keneally, que Steven Zaillian, un consumado guionista, convirtió en un libreto también admirable, quizá el mejor que ha tenido Spielberg en muchos años.

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El cineasta tomó la decisión, incontrovertible, de filmar en blanco y negro (exceptuando su prólogo y su epílogo), decisión que como se puede apreciar por su imagen, es acertadísima, aunque muchos temían que se pudiera acusar al director de pretencioso por ello. Pero es inimaginable esta película filmada en color, aunque se le hubiese aplicado algún tipo de decolorado, o hubieran decidido emplear una luz fría y siniestra. El blanco y negro era obligado, y en su primera colaboración con su ahora operador habitual Janusz Kaminsky (que aquí firma, de lejos, el mejor trabajo de su vida), consigue una fusión creativa total, para una imagen en verdad sublime.

Para el papel de Schindler, Spielberg contrató a Liam Neeson, y podemos afirmar que la decisión fue acertadísima. Neeson encarna al moralmente equívoco Schindler con una fuerza y una verosimilitud en verdad impresionantes y conmovedoras. Pero todo el reparto está a la misma altura. Fiennes interpreta al despiadado Amon Goeth con similar perfección. Kingsley, uno de los actores más completos de su generación, borda a su contable judío sin apenas mover una ceja. Y así todos y cada uno de los muchos intérpretes, protagonistas o episódicos. Cuando se supo que Spielberg había comenzado a filmar la película, muchas fueron las voces que demostraron su escepticismo. Supongo que muchas de ellas se acallaron cuando, al ver finalmente la película, observaron solamente el esfuerzo de Spielberg en la dirección de actores. Pero claro, hay muchos detalles más que señalar.

Complejo y contradictorio antihéroe

El tema de este relato, con el trasfondo del genocidio nazi, es por supuesto el viaje de Schindler desde el cinismo ilimitado de un hombre de negocios implacable y astuto, hasta la compasión absoluta experimentada como catarsis y transformación final. Y este largo viaje es entendido por Spielberg como una peripecia de redención a través de un dolor brutal, sin apenas esperanza. El horror visto muchas veces de frente, con la mirada limpia de un niño asombrado por la capacidad de destrucción y crueldad del ser humano. ¿Y como presenta a este anti-héroe? Es interesante observar que primero vemos sus manos, como hiciera con Indiana Jones, para después armar una magnífica secuencia en la que nos percatamos del poder de persuasión de este arribista sin escrúpulos.

En esta larga secuencia, filmada con maestría, se describe con qué habilidad Oskar se hace amigo de los principales mandos nazis para conseguir lo que se propone: salir de la ruina y forrarse con la guerra. Los azules ojos de Neeson son la viva imagen de la ambición, y en su relación con los hombres de negocios judíos (comiunidad a la que Spielberg no se resiste a criticar por su ánimo de lucro y la cobardía de algunos de ellos) comienza a gestarse su futuro destino.

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Pero lo que va a vertebrar este relato son dos relaciones apasionantes, las que unen a Oskar con Itzhak Stern y Amon Goeth, respectivamente la luz y la oscuridad, que curiosamente van a extraer de Oskar lo opuesto a lo que representan. Oskar actúa como un espejo invertido ante ellos: la natural bondad del contable provoca mezquindad y displicencia en Schindler, mientras que la suprema abyección de Goeth (posiblemente uno de los personajes más repulsivos y repugnantes de la entera historia del cine) termina por sacar el lado más compasivo de este hombre tan fascinante y dual.

Schindler, poco a poco, va comprendiendo el momento histórico en el que vive, y la capacidad de ayudar de los judíos de la que goza por su privilegiada posición. Será capaz, por tanto, de pactar con el diablo (porque Goeth es el Mal Supremo), infinidad de veces, sacando partido de él, aprovechándose de su amistad, y aprendiendo a la vez a respetar el estoicismo y la serenidad de Stern.

Rasgos estilísticos

Después de tres películas de las que extraer rasgos estilísticos supone un dolor de cabeza, quizá porque no existían, ‘La lista de Schindler’ ofrece material abundante sobre el que escribir. Sin extendernos demasiado, para no hacer este capítulo demasiado largo, primero: decir que es evidente la gran autoexigencia que Spielberg demuestra durante toda la película. Y segundo: que esta historia es, incontestablemente, un verdadero “jardín”. Es decir, que el director se la juega, y de qué forma, llevando a cabo este proyecto.

Ahora bien, y después de dejar claro lo que opino de estos puntos, ‘La lista de Schindler’ queda, bajo mi punto de vista, por debajo de maravillas como ‘Shoah’ o ‘El pianista’. Por la sencilla razón de que el camino que se traza a sí mismo, Spielberg no es capaz de seguirlo durante toda la película. Me explico. Influenciado o inspirado de manera directa por las imágenes de la época y por películas como ‘Alemania, año cero’ (Roberto Rossellini, 1948), muy superior también a ésta, el director navega tanto por las aguas del melodrama histórico como por las del drama realista, y en ocasiones su barco zozobra, aunque nunca llegue a naufragar.

Visualmente alterna de manera brillante una narración cercana al documental de época (reforzado por un empleo soberbio de la cámara en mano), con una puesta en escena más clásica, aunque igualmente fluida, con un gran sentido de la atmósfera y un ritmo que no decae jamás. Y no le tiembla el pulso, narrando con una convicción inusitada esta progresión de atrocidades. Sin embargo, a medida que avanza el relato, estilísticamente sufre incoherencias y su mirada se resiente de ello. Para entendernos: esta historia nos acerca a las vidas de Schindler y sus empleados judíos, salpicada por momentos de horror, pero no siempre Spielberg está a la altura moral y estética de lo que narra.

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Un ejemplo: un judío manco de avanzada edad es ejecutado por los nazis, y poco después de ello, Spielberg regresa al cadáver, aún con los ojos abiertos, y su cámara se aleja junto con la sangre. Es innecesario, tendencioso, y manipulador en extremo, tomando esa decisión. Sin embargo, muy poco después, Goeth manda ejecutar a la capataz judía que avisa de los malos cimientos de un futuro edificio. Ahí Spielberg es frío y despiadado, no hay un plano contemplativo o especulativo, sino la pura verdad, un balazo despiadado que nos pone la carne de gallina.

Más ejemplos: en la larga y escalofriante matanza del gueto, Spielberg alterna lo sublime (el plano de la anciana caminando por calle, adelantada por un grupo de furiosos nazis; el rosselliniano momento de la ingesta de objetos de valor) con lo vulgar y facilón (el nazi pianista tocando, mientras suenan los disparos y se ilumina el edificio con intermitencia). Y en cuanto al famoso y polémico momento de la niña vestida de rojo, creo que es una figura burda con la que Spielberg quería construir una metáfora entrañable del genocidio (el rojo quizá simbolizando la sangre derramada, como si fuera necesario simbolizar nada, el rostro espantado de una niña por cierto preciosa simbolizando la pérdida total de humanidad de los nazis) pero que resulta ñoño y tosco, y que rebaja la altura de esta escena.

Dos secuencias, eso sí, en las que Spielberg enseña el horror sin falsas componendas: la cremación de los cadáveres exhumados, y el paseo de las mujeres por el infierno en la tierra que fue Auschwitz. Ambos pueden ser los dos mejores y más escalofriantes momentos filmados jamás por Spielberg. Es conmocionador observar al nazi disparando a la pira de cadáveres (uno de los planos más desoladores que recuerdo haber visto en un cine), y es terrorífica la recreación del más famoso y siniestro lugar del siglo XX. Pero no siempre Spielberg mira al horror con semejante aplomo. Y el epílogo me parece, de nuevo innecesario, así como la caída en el sentimentalismo de ver llorar a Schindler en su despedida a sus empleados.

Conclusión

Una gran película, que roza con los dedos muchas veces la maestría, pero que no la atrapa a manos llenas. Spielberg recupera el talento perdido, o aguado, de sus realizaciones previas, y filma, junto con ‘Tiburón’, ‘E.T.’, y ‘La última cruzada’, una de sus películas más completas y conmovedoras. Se echa en falta, eso sí, una mayor cohesión estilística. Spielberg no es Rossellini, Polanski o Lanzmann, pero vuelve a ser Spielberg. La colección de barbaridades nazis en ocasiones es manipuladora, pero también en otras respira una verdad incontrovertible.

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<![CDATA['La semilla del diablo', el horror no tiene forma]]> http://www.blogdecine.com/criticas/la-semilla-del-diablo-el-horror-no-tiene-forma http://www.blogdecine.com/criticas/la-semilla-del-diablo-el-horror-no-tiene-forma Sun, 04 Oct 2009 14:09:43 +0000 seleccionado por 2309 rb4.JPG

¡Esto no es un sueño! ¡Esto está pasando de verdad!

- Rosemary

Roman Polanski dirigió sólo dos películas enteramente norteamericanas, tanto por financiación como por estilo de producción y por lo que significaron dentro de los dos géneros que practicó, el negro y el suspense. Ambos filmes, ‘Chinatown’ y ‘Rosemary’s Baby’ (traducida aquí con el estúpido título de ‘La semilla del diablo’, que como todos sabemos destripa por completo la historia) son sendas obras maestras del cine, y se inscriben con letras de oro en sus respectivos géneros, aunque en realidad los trascienden y no se quedan en una mera muestra de lo mejor de ellos, sino que llegan mucho más lejos de lo que casi todos los cineastas previos o posteriores han logrado.

Pese a que la experiencia de Polanski en los Estados Unidos, con la magistral ‘El baile de los vampiros’, no había sido lo que se dice satisfactoria (el productor americano de la película la mutiló para su distribución sin el consentimiento del director, lo que motivó su fracaso comercial en ese país), el cineasta de 34 años había sido capaz de firmar un excelente contrato con la Paramount que le garantizaba el corte final de su nuevo proyecto, la adaptación de la exitosa novela de Ira Levin ‘El bebé de Rosemary’, que él mismo escribiría en el único crédito en solitario como guionista de su carrera.

El triunfo de la ambigüedad

Dijo Polanski: “yo no quiero que el espectador piense ‘esto’ o ‘aquello’, quiero simplemente que no esté seguro de nada. Esto es lo más interesante: la incertidumbre”. Y en efecto practica tal dogma estético hasta sus últimas consecuencias en una película que, cuarenta años después, conserva intacta su capacidad de sugerencia, su ambiguedad y su tremendo poder de convicción. Polanski sabía que el horror es mejor que lo añada la mente del espectador, y que sus posibilidades más oscuras nacen de lo cotidiano, no de lo extraordinario. ¿Acaso no es más terrorífico imaginar que el diablo camina entre nosotros, en nuestros quehaceres diarios, que en una fantasía heróica o post-apocalíptica?

La música del genial, y tristemente fallecido poco antes de los 38 años, Krzysztof Komeda acompaña unos títulos de crédito en los que se impone la ironía y la doble lectura. A finales de los sesenta, las comedias románticas tipo Rock Hudson/Doris Day habían alcanzado su declive, pero su memoria seguía viva. Los créditos color rosa y de estilo cursi aparece en ‘La semilla del diablo’, deformados, claro está, por esa nana siniestra y hermosa, que no preludia nada bueno. Un chico bien moreno y una tímida chica rubia hacen acto de aparición. Están buscando una casa. Polanski hace trizas ese subgénero y propone una senda que nadie, nunca antes que él, había trazado.

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La pareja tiene la mala suerte de acabar en el edificio Bramford (en realidad, el edificio Dakota, donde también han ocurrido todo tipo de desgracias, algunas inexplicables), y allí alquilarán el apartamento anexo (y con una puerta secreta que los comunica…) al de los Castevet, una pareja de edad bastante avanzada que, desde un principio, resulta cualquier cosa menos tranquilizadora, pero con los que inaugurarán una relación de consecuencias imprevisibles. Los grandes aciertos del filme son los siguientes:

1. Oponer la idea de una Satánica Concepción a la idea tradicional de Inmaculada Concepción, con lo que esto significa de perturbador para cualquier espectador que, aún no siendo católico practicante, esté educado en una cultura primordialmente católica.

2. Mantener, hasta la misma secuencia final, una logradísima ambigüedad basada en la paranoia y el sentido de aislamiento característicos de una mujer embarazada, de tal forma que, aunque en el fondo nos tememos lo peor, siempre podemos pensar en la opción de que todo esté en la mente de Rosemary.

3. Llevar a cabo una progresión lineal en la que al deterioro físico de Rosemary debido al embarazo (un deterioro escalofriante que nos provoca, literalmente, un malestar físico indescriptible) le sigue una mayor amenaza y soledad de Rosemary, una de las Mujeres-Polanski, abandonada a su suerte y utilizada por los hombres para sus fines.

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En cuanto al estilo de Polanski, Richard Sylbert o el propio William A. Fraker, respectivamente diseñador de producción y operador jefe del filme, lo definieron muy bien: el realismo extremo y estilizado al mismo tiempo. Así, por ejemplo, cuando un personaje observa lo que hace otro en la habitación contigua, el punto de vista es respetado al máximo. Una de las imágenes más recordadas en ese sentido, es el crucial momento en que Roman Castevet le propone algo terrible a Guy, observado desde la cocina por Rosemary, que sólo observa un significativo humo de pipa asomarse al quicio de la puerta.

Sin embargo, en los interiores Polanski se muestra sereno y contenido, mientras que en el exterior y en los sueños, el barroquismo y la intensidad hacen su aparición. Fascinante en extremo, por cierto, el sueño de Rosemary en el que tiene lugar la cuestionada relación sexual, repleta de connotaciones católicas, freudianas y ocultistas, y en el que por un segundo vemos el rostro del Diablo, al contrario de lo que sucede al final, donde nunca vemos el rostro del bebé. ¿Para qué? No hace falta, ya lo configura nuestra perversa imaginación, en la que Polanski confía sobre todas las cosas.

Todos los actores están en estado de gracia, con la cámara de Polanski siempre encima de sus rostros. Pero hay que poner, obligatoriamente, en un escalón a parte a Ruth Gordon, que logró el Oscar con su impresionante interpretación de la abyecta y repugnante Minnie, posiblemente el personaje más repulsivo de todos los que ha creado Polanski en su vida.

Epílogo Indignado

En el momento en que se escriben y (probablemente) se leen estas líneas por primera vez, Roman Polanski permanece encerrado en una desconocida cárcel suiza, a la espera de ser quizá extraditado a Estados Unidos por un crimen cometido hace más de treinta años. Mientras suenan las voces que piden su condena y otras que exigen su liberación, sólo nos queda soñar lo que hubiera sido de su carrera si no se hubiera visto obligado a abandonar EEUU en dos ocasiones. La primera por el asesinato de su mujer y su hijo nonato, y la segunda por haber mantenido relaciones con una menor.

Antes de la primera huída, filmó esta película. Regresó e hizo la sublime ‘Chinatown’. Cuando volvió a emigrar, perdió la oportunidad de una carrera posiblemente impresionante en la industria más importante del mundo, además de gran parte de sus posesiones, después de 42 días en la cárcel. Huyó a Londres y se estableció, sin un duro, en París. En Europa ha llevado una vida errante y una carrera errática. ¿No ha pagado ya suficiente este hombre genial y septuagenario?

Ya en Europa, al menos ha podido seguir trabajando, después de épocas durísimas, y ha podido filmar dos obras maestras a la altura de las dos norteamericanas: ‘Tess’ y ‘El pianista’. Habrá que esperar para saber si puede seguir haciendo cine como un hombre libre (e imperfecto), o pasa el resto de su vida en la cárcel.

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En Blogdecine

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<![CDATA[Steven Spielberg: 'Indiana Jones y el templo maldito', fortuna y gloria]]> http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-indiana-jones-y-el-templo-maldito-fortuna-y-gloria http://www.blogdecine.com/criticas/steven-spielberg-indiana-jones-y-el-templo-maldito-fortuna-y-gloria Sat, 12 Sep 2009 16:11:53 +0000 seleccionado por 2309 vlcsnap-3727108png.jpg

¡Kali Ma nos protege! ¡Somos sus hijos! Le ofrecemos nuestra devoción y un sacrificio de sangre… ¡y carne!

-Indiana Jones

La secuela de ‘Raiders’ tenía que llegar, era inevitable. Ya se había hecho un preacuerdo entre Lucas, Spielberg y Ford, y después del asombroso éxito de ‘E.T.’ (que sería, hasta la llegada de ‘Parque Jurásico’, la película más taquillera de todos los tiempos) Spielberg tuvo que agachar la cabeza y regresar a una saga a la que no le apetecía volver en aquel momento de feliz creatividad, después de una película tan personal. Sin embargo, y a pesar de que ‘El templo maldito’ no añade nada a su filmografía (como sí lo hará ‘La última cruzada’), fue una jugada inteligente seguir esforzándose en la construcción de este icono de aventuras.

Si la primera rendía tributo a Michael Curtiz, esta se acerca más a un Hawks o un Sturges desatados e hiperbólicos. Auténtico cómic supervitaminado, ‘Indiana Jones y el templo maldito’ es la más frenética e intensa de todas las películas de Indy, la de las secuencias más repulsivas, y la del tono más siniestro. Nuevos personajes y nuevos escenarios para una historia muy del gusto de Lucas, que nos lleva a la India para pasar miedo, asco, para reirnos y para soltar adrenalina a chorros. No es el mejor Spielberg, pero es un Spielberg que cumple con nota el encargo de dirigir una secuela loca.

Lucas tuvo no una, sino varias ideas

Como suele suceder con Lucas, no era cierto que tuviera tres historias en la cabeza cuando se pusieron con el primer Indy (como no fue cierto que tuviera seis películas de ‘Star Wars’ preparadas…), pero no se puede negar que cuando se pone a ello, su fertilidad imaginativa es notable. Muchísimas ideas que tuvo fueron descartadas por un Spielberg bastante renuente a realizar la segunda película, aún a sabiendas de que debía hacerlo. Esta vez, el asombroso equilibrio de la primera parte se vería reemplazado por una historia mucho más exagerada.

Si el trasfondo de la primera aventura era la religión cristiana, aquí es la religión hindú y sus numerosos dioses. A los rasgos áridos y africanos de Túnez se superponen ahora las coordenadas frondosas y asiáticas de Sri-Lanka (no pudieron rodar en el norte de India porque el gobierno encontró, lógicamente, ideas racistas en la trama). Si antes el objeto a recuperar era el Arca de la Alianza de los hebreos, ahora es la piedra sagrada de un pueblo en las montañas más pobres de India. No repite Marion Ravenwood, sino que tenemos nueva “chica Indy” con Kate Capshaw (por la que Spielberg dejaría a su mujer, y que es su esposa desde entonces) cuya Willie (así se llamaba el perro de Spielberg, para seguir la tradición de Lucas…) es el contrapunto cómico a tanta sangre y tanta oscuridad.

Lo que algunos no saben es que, en teoría, esta película es una historia previa a la primera película. Así lo aseguraron sus responsables. La razón es que no querían meter nazis en las tres películas. Pero salvo ese pequeño, e intrascendente detalle, nadie la percibe como previa. Y esta saga carece del carácter temporal y progresivo de ‘Star Wars’, por lo que tal carácter previo carece de importancia. Por otro lado, con la India de fondo, ¿alguien se pregunta dónde están los nazis?.

Muchos miembros del equipo volvieron a caer enfermos durante el rodaje (casi una tradición en esta saga) y la filmación fue, de nuevo, dura y complicada, pero Spielberg terminó en el tiempo y el presupuesto previstos. La película iba a ser un nuevo éxito, como nadie dudaba que fuera.

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El lado oscuro del arqueólogo

Realmente, si te aburres…es que estás muerto.

La montaña de la Paramount vuelve a convertirse en un objeto real, esta vez en el bajo relieve de un gong ritual, que da paso a una escena musical sobre la canción ‘Anything Goes’, de Cole Porter, versionada algo excesivamente por John Williams y cantada en mandarín por Capshaw. Ya desde que aparece esta actriz advertimos el tono jocoso, el sano cachondeo y la hilaridad que van a presidir gran parte de la trama. Estamos en el terreno del cine de los años treinta, bajo la mirada de un Spielberg feliz y algo atolondrado.

Este es un bloque de preámbulo, a la manera de la primera película, que nada tiene que ver con la historia principal. Y cuando decimos que vamos a ver el lado oscuro del arqueólogo, no nos referimos sólo al momento final en el que Indiana se transforma por beber sangre demoníaca, sino a que este es un Indiana más violento y amoral que el anterior. No sólo amenaza con matar a Willie con un cuchillo si no le dan el diamante prometido, sino que una vez envenenado, ensarta a un enemigo con un hierro ardiendo, y para despejarse golpea sin rubor a una camarera que pasaba por allí...

La suerte es que por muchos actos tremendos que pueda hacer, Harrison Ford es capaz de dotar de credibilidad y carisma a un personaje que podría haber resultado abyecto, o directamente absurdo. Siempre he creído que es un gran actor, instintivo y verosímil, y nunca forzado. Cuando decide ayudar al pueblo de India, parece más movido por la codicia que por otra cosa (“fortuna y gloria”...), confirmada por el brillo de los ojos al coger no sólo esa piedra, sino también las otras dos. Por eso es tan aterrador verle poseído y encandenando a Willie en el templo, porque nos lo creemos después de todo lo visto. Eso sí, todo terminará con un emotivo intercambio de sombreros entre él y Tapón (señor tapón).

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Rasgos estilísticos

Más que rasgos estilísticos, observamos una serie de secuencias de gran complejidad técnica que intentan ofrecer un “más difícil todavía” meritorio, mezclado con un tono de humor grueso que no siempre funciona igual de bien. Podemos comentar un poco cada bloque:

1. La llegada a India comienza con un plano alucinante en el que el trío protagonista se lanza de una avioneta subidos a una lancha que se va hinchando a medida que cae, momento recogido por Spielberg…¡en un solo plano sin cortes, desde el avión hasta la superficie nevada de la montaña! Luego caerán por un precicipio hasta un río, pero aquí habrá tres cortes. La bajada por los rápidos es un claro homejane a ‘La reina de África’ (Huston, 1951). El encuentro con los hindúes respira un aliento místico indescriptible, gracias también a la opresiva música de Williams y a la magnífica fotografía de Slocombe.

2. La historia de los niños secuestrados tiene ciertos ecos de holocausto judío, prefigurando futuros intereses del director de tratar ese tema. Y su clímax tiene lugar en pleno proceso de redención de Indiana, que abandona toda pretensión de fortuna y gloria, y después de haber visto tanto horror (como Oskar Schindler), no se va de Pankot sin sacar de allí a todos los niños.

3. El viaje en elefante aúna, por primera vez, lo tenebroso con lo hilarante, sobre todo gracias a una Willie (rubia y tonta y torpe) que da pie a todo tipo de momentos graciosos que se irán repitiendo, con más o menos brillantez, a lo largo de la película, sobre todo en su aversión a bichos de toda clase. Y bichos vamos a ver hasta hartarnos, con dos secuencias cumbre en este sentido: la de la cena y la de la celda-trampa, siendo muchísimo mejor, en ritmo e ingenio, la segunda, que termina destrozándonos los nervios, con un montaje perfecto.

4. Las dos secuencias de sacrificio son de lo más oscuro que ha filmado Spielberg jamás, siendo la segunda mucho más larga y terrible, aunque, cosa curiosa, la segunda vez Mola-Ram (un alucinante Amrish Puri) no le arranca el corazón a Willie… En este escenario es vital la lava y el fuego, que ofrecen resplandores rojos infernales, así como mucho humo. Parece un lugar gigantesco, pero no lo era tanto, sino que la cámara de Spielberg sabía hacerla mucho más grande.

5. El bloque final es un muy meritorio compendio de escenarios, a cada cual recorrido de forma más frenética. En las minas liberan a los niños, después Indiana se enfrenta a un nuevo gigante, seguido de la brutal (y poco creíble) persecución por las vías, y culminado todo por la famosa secuencia del puente suspendido sobre un río infestado de cocodrilos. Más difícil imposible.

Es mérito de Spielberg sostener un relato que, sobre el papel, era insostenible, con un ritmazo que jamás decae, salvo en un par de fisuras. Son muchas las ideas increíbles, que hay que creerse con un esfuerzo de voluntad, como la cantidad ingente de agua que sale de un pozo y que anega completamente varios kilómetros de vías para intentar ahogarles. A esas alturas, a uno le da igual que le metan eso doblado.

Esta película no añade nada nuevo a la trayectoria ascendente de Spielberg, pero pocas veces una locura tan desparramada había gozado de tan impecable narración.

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<![CDATA['¿Quién engañó a Roger Rabbit?', maravilloso homenaje al cine negro]]> http://www.blogdecine.com/criticas/quien-engano-a-roger-rabbit-maravilloso-homenaje-al-cine-negro http://www.blogdecine.com/criticas/quien-engano-a-roger-rabbit-maravilloso-homenaje-al-cine-negro Sun, 06 Sep 2009 07:37:56 +0000 seleccionado por 2309

¿Tienes un conejo en tu bolsillo o es que te alegras de verme?

-Dolores

Hay películas que son mucho más de lo que aparentan a simple vista. Hay también supuestas obras de arte que lo son más por grandilocuencia que por verdadera poesía. Todo depende de quién mire.

Actualmente Robert Zemeckis es un director sin rumbo, que efectuó una pirueta similar a la de su mentor Steven Spielberg cuando intentó dejar atrás su más fecunda etapa para convertirse en eso que se suele llamar “director de prestigio”, quizá sin saber que lo que le dio verdadero prestigio fue la trilogía ‘Regreso al futuro’ y algunas películas de aquella época, en las que su alegría por filmar, su amor por el cine y su imaginación (apadrinado por Spielberg, por supuesto, pues el viejo zorro sabía que el pupilo tenía talento) eran arrolladoras.

Porque amor por el cine, grandioso e ilimitado, tiene esta joya titulada ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’, precisamente lo que no tienen otras de las suyas, como la ultraconservadora, ridícula ‘Contact’, de la que hablamos hace unos meses, o la también ultraconservadora y superficial ‘Forrest Gump’. Zemeckis es un director de un ingenio desbordante, capaz de deleitarnos con aventuras muy por encima de la media. Y esto se percibe desde el mismo comienzo de esta maravilla.

Un guión modélico

En España no existe esa tradición, pero en Estados Unidos, algunas distribuidoras ofrecen, de cuando en cuando, un mini-episodio de ‘The Simpsons’ o alguna otra serie de animación como extra al visionado del largometraje por el que se ha pagado la entrada. Y eso es lo que parece la introducción de esta película, en la que Roger Rabbit, un cruce entre la torpeza extrema de Goofy y el estoicismo del pato Lucas, sufre lo indecible para ejercer de canguro del bebé Herman, una adorable criatura que, en busca de galletas, mete en serios apuros al conejo.

Pero nada es lo que parece. No es un sketch previo al pase, sino un breve episodio a la manera de las series de animación de los años 40 (eso sí, hiperbolizada, como mandan los tiempos). Pero no es una animación, sino imagen real, pues los dibus son actores filmados a cámara. Y el bebé Herman no es adorable, sino un viejo verde. Nada es lo que parece. Descubrimos la pequeñez del set, que parecía enorme viendo la secuencia (uno de los cientos de falseos de la película), y el director de la misma (encarnado por el famoso productor Joel Silver), la corta porque, a pesar de la perfección técnica de la misma, no le parece adecuado cambiar el guión cuando a Roger le salen pajaritos de la cabeza en vez de estrellitas.

De modo que no estamos en una muestra de “cine dentro del cine”, sino en un “cine dentro de un cine que homenajea y reinterpreta a dicho cine”, por llamarlo de alguna manera. Eddie Valiant (fenomenal Bob Hoskins, un actorazo de los pocos que hay), un detective en horas bajas que en lugar de pistola lleva una petaca en su funda, es contratado por el magnate de los estudios de animación para un trabajo sucio (sacarle unas fotos a la mujer del conejo, para animarle la vista…) y absurdo, pero él, desesperado, lo acepta, sin saber dónde se mete.

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Basada muy libremente en la novela de Gary K. Wolf, la historia acoge todos los lugares comunes del cine negro clásico de los años treinta, cuarenta y primeros cincuenta, para deconstruirlos y reírse de ellos, pero al mismo tiempo les rinde pleitesía y efectúa la pirueta con cariño y pasión extremos. Así, en la larga secuencia del tugurio llamado ‘La tinta y la pintura’ el gorila es un gorila de animación, al igual que el barman es un pulpo con docenas de brazos, los camareros son pingüinos, y la mujer de Roger Rabbit no es una coneja, sino una hembra impresionante mezcla de Lauren Bacall, Greta Garbo y todas las femmes fatale del género que imaginar quepan, y como tal va a ejercer en esta trama.

Insuperable mixtura de géneros

Quizá el ejemplo perfecto de esa mixtura (sumada al referido amor por el cine) sea la “traición” de Jessica Rabbit a Roger Rabbit, las “palmitas” que lleva a cabo con Marvin Acme… que en efecto ¡son palmas, palmitas! Eso sí, Roger se siente igualmente dolido. Así se mezcla de manera genial la turbiedad del cine negro con el cachondeo desatado de la comedia animada. Pero hay muchos más ejemplos en un conjunto narrado de manera inspiradísima por un Zemeckis en estado de gracia, que imprime (nunca mejor dicho) una nostalgia sincera a la película.

Fenomenal es el plano en el que la cámara se pasea por las pertenencias polvorientas del hermano fallecido de Eddie, que termina precisamente en el propio Eddie a la mañana siguiente, durmiendo la mona. Como fenomenales son todas sus decisiones de puesta en escena, empezando por los actores, pues Hoskins es la antítesis del clásico detective del género, aunque nos lo creemos sin ningún problema. La habilidad de Zemeckis es tal que puede mezclarle en la misma escena con el tenebroso juez Doom (otra caricaturesca y sublime creación del sinpar Christopher Lloyd), un personaje salido de cómic, y que ambos estilos no se anulen el uno al otro, sino que se enriquezcan.

Es decir, lo que quizás en manos de otro cineasta hubiera resultado un collage amorfo, en las de este artista del entretenimiento se convierte en un divertimento insuperable, desprejuiciado y referencial.

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Post Data Inevitable: No es una película infantil

Con cada nuevo visionado, me sorprende la violencia de una película que algunos tomaron en su tiempo, equivocadamente, como una muestra de cine para niños, como si hubieran tomado el modelo de cine de detectives y le hubieran rebajado la edad por el mero hecho de incluir dibujos animados (por cierto, en este aspecto, técnicamente no ha sido superada todavía), cuando en verdad se trata de un relato en ocasiones muy oscuro, que provoca la risa pero que también tiene momentos e ideas turbadores.

Turbador es el “baño”, caldo creado por el juez Doom que derrite a los dibus y que parece ser la única forma de matarles (aunque luego iremos viendo unas cuantas maneras más de hacerlo). Inquietantes son los agentes del juez, que no podían ser representados sino como hienas comadrejas (estas pueden morir de un ataque de risa). Dibulywood (en realidad ToonTown) es una especie de Barrio Chino, en el que la ley apenas puede controlar el crimen. El duelo de piano entre el pato Lucas y el pato Donald (la Warner contra la Disney) concluye con este último empleando un cañón, y con los cuernos del diablo, para dejar fuera de combate a su oponente.

Finalmente el juez Doom es el psicópata responsable de la muerte del hermano de Eddie, y su caracterización pone los pelos de punta: una suerte de mutante de dibujos capaz de cualquier crueldad, incluida la destrucción total de ToonTown o del asesinato del mítico Marvin Acme, tirándole una caja fuerte a la cabeza. De hecho, más que enturbiar la comedia de dibujos, parece que la comedia aligera un poco un relato tan sórdido como cualquier otro clásico importante de la gran estirpe del film noir.

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<![CDATA['Gordos', un paso atrás para Sánchez Arévalo ]]> http://www.blogdecine.com/default/gordos-un-paso-atras-para-sanchez-arevalo http://www.blogdecine.com/default/gordos-un-paso-atras-para-sanchez-arevalo Tue, 08 Sep 2009 10:51:58 +0000 seleccionado por 2309 Gordos

Después de ‘AzulOscuroCasiNegro’, Daniel Sánchez Arévalo nos sorprende con ‘Gordos’, un film muy diferente en tono e intenciones a su opera prima. Esta película, que se estrena el 11 de septiembre, está interpretada por Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, Roberto Enriquez, Teté Delgado, Adam Jezierski y Verónica Sánchez, entre otros.

‘Gordos’ nos acerca varias historias de diferentes personas unidas por un grupo de terapia: los pacientes, el terapeuta, la mujer de éste y una alumna de la mujer, que a la vez es hija de uno de los pacientes. Está estructurada en torno a un anuncio de teletienda que indica cuáles son los cuatro pasos para perder peso.

Si bien en los momentos humorísticos de esta película son buenos, el error es haberla hecho en tono de comedia. Al quitarle toda la gracia se eliminaría lo mejor, pero sería la única manera de que lo dramático, que es la mayor parte del metraje, funcionase. La única, no, claro: lo ideal sería que Sánchez Arévalo hubiese logrado un tono intermedio entre la risa y el drama, es decir, el de comedia dramática o de tragicomedia, pero eso se encuentra muy pocas veces y ésta no es una de ellas. Los actores están con el chip exagerado e histriónico de la comedia e interpretan con él estos momentos en los que tendríamos que interesarnos por los sufrimientos de los protagonistas. Así, lo que ocurre es que no llegamos a entrar en sus historias.

Gordas

Además de eso, narrativamente, esta película tiene el problema de que, para que parezca reivindicativa, los personajes deben evolucionar y luego volver atrás, al inicio de sus estados psicológicos. Por ello, lo que se nos ha contado nos importa poco, ya que finalmente no ha dado ningún resultado. La catarsis que podría suponer que la terapia les cambiase las vidas o que se sintiesen mejor al adelgazar, se pierde en una parte central de la película muy baja de intensidad y se deshace cuando llegamos al supuesto clímax.

Y, ya que estamos, hablemos también de esa supuesta reivindicación. Sánchez Arévalo decía que quería hacer un “bello retrato de la gordura”, pero si así fuese no nos presentaría a sus gordos como sufridores en casa que necesitan ir a terapia, adelgazar y que, por supuesto, tienen una razón psicológica o existencial para pesar lo que pesan. Si estuviese a favor de la gordura y la viese como algo normal y bonito, nos contaría cualquier otra película y pondría como protagonista a una persona gorda. Pero eso, de momento, no hay valor para hacerlo. Si alguien está gordo en una serie o película será porque su exceso de peso es el tema central.

Gordos

El arranque de ‘Gordos’ es potente y las presentaciones de los personajes en el grupo de terapia sorprenden. Sin embargo, a partir de que todo ya está encarrilado, la película se desfonda y lo que vemos, durante al menos una hora, se parece a esas partes bajas que, en un momento dado, tienen casi todas las películas; con la salvedad de que éstas suelen estar pensadas para dar un respiro y de que duran sólo dos o tres minutos. Cuando se acerca el final, ya llegamos cansados y hemos perdido la curiosidad por ver cómo acaban las tramas, por lo que este momento tampoco causa la emoción que sería deseable.

Los actores podrían ser la parte más agradecida de este film, pero no están dirigidos con acierto. El que más presencia tiene, Antonio de la Torre, que en general es un excelente actor, aquí hace demasiado el payaso y sobreactúa la faceta gay de su personaje. A otros les ocurre lo contrario y están desaprovechados con respecto a lo que podrían aportar, como es el caso de Teté Delgado. El descubrimiento de la película se llama Leticia Herrero (en la foto siguiente), una de las pacientes de la terapia a la que apodan “la monja feliz” y cuya historia es casi la única que despierta la empatía. Adam Jezierski goza de en un papel igual que el de Gorka en ‘Física o química’ y es de lo mejorcito del elenco.

Leticia Herrero

Los efectos de montaje y sobreimpresiones, aunque tienen una intención positiva, pues tratan de aportar originalidad, resultan poco estéticos. Lo que sucede al final con la pareja de Raúl Arévalo es poco afortunado ya que, en plan cómico, se podría haber aceptado, pero está introducido en un momento muy dramático. El aspecto general de la película, incluso cuando no hace estos experimentos, mantiene, como las interpretaciones de los actores, un tono muy cómico y artificial que no es adecuado para los momentos serios.

La premisa y el tráiler nos hacían esperar más. Quizá ha sido precisamente la ambición de Sánchez Arévalo por crear algo no sólo cómico, sino también profundo y novedoso estructuralmente, lo que le ha impedido conseguir siquiera una comedieta como todas, que funcionase dentro de lo que es sin mayores aspiraciones. No hay que dejar de intentarlo, aunque se falle, la próxima película de este director seguro que volverá a estar a la altura de ‘AzulOscuroCasiNegro’.

A pesar de tantos peros que aparecen en los párrafos anteriores –no es mala baba, sino ganas de analizar por qué no resulta tan buena como podría—, no se puede decir que nos encontremos ante un mal film. ‘Gordos’ se ve con agrado, cuenta con momentos apreciables y hace pasar un rato entretenido.

Más información en Blogdecine sobre ‘Gordos’.

Mi puntuación:

2

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<![CDATA['The Green Hornet', primeras imágenes del rodaje]]> http://www.blogdecine.com/default/the-green-hornet-primeras-imagenes-del-rodaje http://www.blogdecine.com/default/the-green-hornet-primeras-imagenes-del-rodaje Mon, 07 Sep 2009 22:42:29 +0000 seleccionado por 2309 kato

Ya comenzó el rodaje de la nueva apuesta de Columbia Pictures por el cine de superhéroes, ‘The Green Hornet’, y aquí os traigo las primeras imágenes del set, situado en Los Angeles. En las fotos podemos ver a tres de los protagonistas, Seth Rogen, Cameron Diaz y Jay Chou, pero es su doble quien lleva el antifaz, posiblemente porque vayan a darle un buen hostión al coche. Las imágenes de Kato (personaje interpretado por Bruce Lee en la popular serie de televisión de los años 60) son las más interesantes, porque son las primeras que muestran el atuendo que llevará en la película el compañero de Green Hornet. Falta ver cómo queda Rogen con su respectivo disfraz, ahora que que el cómico se ha preparado para bajar de peso y lucir un cuerpo más adecuado para interpretar a un héroe de acción.

‘The Green Hornet’ gira en torno a las aventuras de Britt Reid, un adinerado editor durante el día y un justiciero cuando cae la noche; Reid recibe la ayuda de Kato, su guardaespaldas y asistente personal, experto en artes marciales. Cabe destacar que en la película también intervienen los actores Edward James Olmos, Tom Wilkinson, David Harbour y vuestro amado Nicolas Cage, que parece que interpretará al villano de turno, Mr. X. No es un mal reparto, y con Michel Gondry dirigiendo el cotarro, la cosa puede pintar muy bien. La fecha del estreno de ‘The Green Hornet’ estaba fijada para el 9 de julio de 2010, pero recientemente se retrasó hasta el 17 de diciembre.

Galería de fotos

(Haz click en una imagen para ampliarla)
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PD: Ese cambio de fecha hace que la película se vaya a estrenar el mismo fin de semana que ‘Tron: Legacy’.

Vía | SuperHeroHype

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